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Votaré por Michelle, no por Bachelet Opinión

Votaré por Michelle, no por Bachelet

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Edison Ortiz González
Por : Edison Ortiz González Doctor en Historia. Profesor colaborador MGPP, Universidad de Santiago.
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Ese lado B de la presidenciable PS-PPD, se ha vuelto a hacer evidente durante esta campaña al momento de anunciar cambios en educación y luego retroceder, cuando parte de la reforma tributaria propuesta tiene aspectos regresivos y parece más bien pensada para la mayoría de los integrantes de su comando que, con buen historial de sueldos, metidos en el mundo del lobby y de las nuevas empresas, podrán ahora, además, rebajar impuestos.


Ominami relata en su libro-testamento dos cosas inéditas sobre Michelle. La primera es la reunión en el departamento de Jaime Gazmuri a la que asisten todos los barones del PS, oportunidad donde debía definirse el candidato presidencial para el 2005, entre el entonces ministro del Interior y la ascendente ministra de Defensa de Lagos. La cita fue muy tensa y una vez que Insulza hubo bajado su opción, habló la ahora presidenciable. Entonces, los asistentes conocieron a una mujer muy distinta de la que los chilenos veían en los medios.

Fue muy dura con los hombres allí presentes y sus palabras, en particular, incomodaron al entonces presidente del PS, Gonzalo Martner, quien luego de aquella sesión presentó su renuncia, trámite que fue rechazado y que significó las disculpas aclaratorias de la entonces secretaria de Estado. La segunda ocurre en la primavera de 2009 y el senador asiste a La Moneda en representación de la candidatura de ME-O y en medio de un virtual empate con Frei, para pedir a la Presidenta que el gobierno tuviese una conducta neutral en la apretada disputa.

[cita]El sábado pasado, estando en un programa en Radio Rancagua, puse en mi Facebook que votaré por ella. Inmediatamente el anuncio se llenó de comentarios, en particular de gente joven, y este fue el más recurrente: “¿Por qué va a hacer ahora lo que no hizo antes?”. Por cierto, esa gente probablemente no vote el 30 y a ella le bastará con lo que tiene. Sin embargo, para noviembre, el voto dubitativo como el mío o el de miles de jóvenes que la siguen mirando con incredulidad, resultarán clave. Michelle, tiene a partir del lunes la palabra.[/cita]

En la oportunidad, Carlos abandonó el viejo edificio neoclásico con la sensación de haber obtenido un sí de la mandataria, y así se lo hizo saber al estrecho círculo de Marco. Mayor fue su sorpresa cuando a los pocos días no se evidenció la neutralidad sugerida sino que, además, desembarcaron en la campaña oficialista, no solo las ministras de Bachelet sino que su propio hijo y su madre. La Concertación había decidido perder con Frei antes que triunfar con Marco. La escasa apuesta del comando por fortalecer el trabajo territorial de su campaña, el propio individualismo del candidato y la visión militarista de la política de Marambio hicieron el resto.

Es el 31 día de enero de 2005 y Gonzalo Martner va rumbo a Chiloé de vacaciones. En el trayecto recibe la llamada de la abanderada presidencial ofreciéndole su dolor y desacuerdo por lo que le ha ocurrido. Al amanecer de ese día y luego de haber estrechado la mano de Escalona, el entonces presidente del PS pierde apretadamente —cinco votos hacen la diferencia— la prórroga de su mandato pedida al pleno del Congreso Socialista para no entorpecer con una elección interna la campaña de Bachelet. En el golpe de estado, acompañan a Camilo, los de siempre: la dupla de los Ricardos, Núñez y Solari, a los que se han sumado los diputados que aspiran a ser senadores: Alejandro Navarro, Juan Pablo Letelier e Isabel Allende. Gonzalo, al igual que Arturo Barrios, nunca dieron crédito a las constantes advertencias que se les hicieron sobre cómo en las sedes parlamentarias se estaba preparando su caída. Como un buen racionalista francés, confió en que no estaban las condiciones para quebrantar la institucionalidad, por el daño que ello podía significar a la candidata. Martner se enfurecería más tarde al enterarse, a través del libro de Andrea Insunza y Javier Ortega, que las reuniones para sacarlo se hacían en el departamento de Ángela Jeria y con Bachelet presente.

Ese lado B de la presidenciable PS-PPD, se ha vuelto a hacer evidente durante esta campaña al momento de anunciar cambios en educación y luego retroceder, cuando parte de la reforma tributaria propuesta tiene aspectos regresivos y parece más bien pensada para la mayoría de los integrantes de su comando que, con buen historial de sueldos, metidos en el mundo del lobby y de las nuevas empresas, podrán ahora, además, rebajar impuestos. Se nota, también, según relatan todos, en la ausencia de naturalidad en sus exposiciones públicas, y en los gestos que ha dado: ni Escalona es su vocero, ni Andrade es su amigo. La soledad del poder y la cultura política chilena de inspiración sadomasoquista —“la política es cruel”, “esto es sin llorar”—, que alcanza niveles inigualables en el PS, la han puesto más triste. Esa Bachelet, definitivamente no me gusta. Esa es la candidata que va a ganar el 30: girando a cuenta de su pasado y de los éxitos de su gobierno.

No obstante, yo este domingo votaré por Michelle: la que se destacó en ONU mujeres y brilló con luces propias, que descubrió en la burocracia internacional mejores formas y personas para hacer políticas públicas; que incorporó en su comando a regionalistas, como Teo Valenzuela; que ha dicho que va a elegir intendentes; que construirá universidades públicas en regiones donde no existen y que luchará por levantar los cimientos de un país más variopinto y con más cohesión territorial; que se atrevió a volver sabiendo que Chile está intranquilo y que los políticos desde hace rato están bailando con la fea. Mi voto es para la Michelle que ha dicho que en su fuero más íntimo “algo cambió”.

El sábado pasado, estando en un programa en Radio Rancagua, puse en mi Facebook que votaré por ella. Inmediatamente el anuncio se llenó de comentarios, en particular de gente joven, y este fue el más recurrente: “¿Por qué va a hacer ahora lo que no hizo antes?”. Por cierto, esa gente probablemente no vote el 30 y a ella le bastará con lo que tiene.

Sin embargo, para noviembre, el voto dubitativo como el mío o el de miles de jóvenes que la siguen mirando con incredulidad, resultarán clave. Michelle, tiene a partir del lunes la palabra.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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