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El legado del fundador de la UDI en la educación:

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Guzmán, réquiem para el demiurgo

por 15 octubre, 2013

Guzmán, réquiem para el demiurgo
Mañana se presentará el libro “Nos siguen pegando abajo” de Jaime Retamal Salazar, académico del Departamento de Educación de la Universidad de Santiago. Se trata de una reflexión crítica en torno a las ideas del creador de la Constitución y de cómo sus ideas influyeron en el modelo educacional de la dictadura. Es también un análisis crítico de la Concertación y de cómo perfeccionó y administró esta herencia. “Chile debe decidir si transformará el dolor de lo acontecido en ceguera o si, por el contrario, abrirá bien los ojos para de la mano de la política construir una educación que salga de las frías y desoladas estepas a las que Guzmán nos condujo”, dice parte del prológo –escrito por el sociólogo Alberto Mayol– que puede leer a continuación.
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Mañana se presentará el libro “Nos siguen pegando abajo” de Jaime Retamal Salazar, académico del Departamento de Educación de la Universidad de Santiago. Se trata de una reflexión crítica en torno a las ideas del creador de la Constitución y de cómo sus ideas influyeron en el modelo educacional de la dictadura. Es también un análisis crítico de la Concertación y de cómo perfeccionó y administró esta herencia. “Chile debe decidir si transformará el dolor de lo acontecido en ceguera o si, por el contrario, abrirá bien los ojos para de la mano de la política construir una educación que salga de las frías y desoladas estepas a las que Guzmán nos condujo”, dice parte del prológo –escrito por el sociólogo Alberto Mayol– que puede leer a continuación:

La sola pregunta por la visión de la educación de Jaime Guzmán estremece. Al enunciar la interrogante, sabemos incluso antes de tener una respuesta, que hemos ido a parar a un punto esencial de la crisis educativa que hoy atravesamos. Pero la respuesta es más estremecedora todavía que la propia pregunta. La respuesta de Retamal, sus descripciones, traducen la inquietud en horror. Resulta que la enorme fractura que el 2011 reveló sobre las concepciones de educación en Chile tuvo antecedentes desde el origen. Guzmán tuvo tenaz resistencia al interior de la misma dictadura. Por supuesto, todos estaban de acuerdo en correr el cerco hacia la libertad de enseñanza, pero la radicalidad de Guzmán se hizo intolerable para muchos. Dejar el rol del Estado en educación “menoscabado” (lo dice Ovalle en el proceso de discusión interna en la dictadura) es visto, no sólo por él, como un despropósito. Veinte años después, el triunfo de Guzmán es evidente: toda la derecha defiende una perspectiva que otrora fue fanática y extrema incluso para quienes estaban dentro de la dictadura. Ya en democracia (o en postdictadura), la visión educativa de Guzmán se ha convertido en un sentido común que sólo se cuestionará el 2011 cuando el movimiento estudiantil pone en jaque el principio de subsidiariedad. Pero la derecha ha adquirido para entonces todos los principios guzmanianos. La defensa de la aberración opera en bloque por el flanco derecho de la sociedad chilena e incluso parte de la Concertación defiende las ideas de Guzmán, adornadas por cierto de un tono republicano y de alguna que otra reivindicación izquierdista suficientemente inocua y simbólica a la vez.

La Junta de Gobierno y Pinochet fueron el golpe, pero aunque la política tiene su origen en la violencia, no tiene en ella su continuidad. Todo golpe exitoso es pura eficacia, pero carece de forma. El creador demiúrgico fue Guzmán, que le dio forma a una obra deliberadamente injusta a la que, sin embargo, habríamos de acostumbrarnos, por la razón, por la fuerza o por la displicencia. O por las tres fuentes.

La pregunta por la educación de Guzmán es la pregunta por una aberración exitosa. La minuciosa descripción de Retamal deja en evidencia el carácter monstruoso de la propuesta, el espanto que rodea a Guzmán, pero también la magnitud de su victoria. Su extravagancia triunfó radicalmente, primero entre cuatro paredes, conduciendo a la dictadura a instalar el proyecto de educación de mercado más intenso que conozca la historia de la humanidad. Pero luego su triunfo fue masivo, su locura se hizo sentido común, sus desvaríos fueron certezas. La derecha se plegó al espíritu de Guzmán, atrás quedaron los Sergio Diez y los Jorge Ovalle. Pero no sólo ellos. Atrás quedó la sorpresa, el espanto. Normalizamos ver a los socialistas defendiendo las ideas de Guzmán, celebramos que la izquierda y la derecha unidas llegaran a pactos por la educación donde las diferencias filosóficas se borraran con simples concesiones mutuas: la derecha estaría dispuesta a gastar un poco más del presupuesto en educación, la Concertación estaría dispuesta a todo lo demás.

El libro de Retamal nos devuelve la sorpresa. Y nos vuelve, como tantas veces, a revelar la fuerza de la historia. Pues allí donde antes hubo una fisura, con los años habrá una fractura. Lo que al principio de los tiempos parecía una rugosidad, al final puede aparecer como un cataclismo. Y es así como el debate Guzmán/Ovalle/Diez, por poner sólo un ejemplo, un debate dialéctico, argumentativo, que políticamente se resolverá por el poder ‘constituyente’ que Guzmán había adquirido en dictadura; se transformará tres décadas después en un debate social y político, en una nueva dimensión de conflicto de la sociedad toda. El movimiento estudiantil estuvo en la mesa de la dictadura, cada palabra de Ovalle y Diez contra el Estado subsidiario radical de Guzmán fue un anticipo, una irrupción del espíritu de la educación como un derecho, como constructora de polis.

Afiche Jaime Retamal ok1

Se trata de una reflexión crítica en torno a las ideas del creador de la Constitución y de cómo sus ideas influyeron en el modelo educacional de la dictadura; y, también un análisis crítico de la Concertación y de cómo perfeccionó y administró esta herencia.

Retamal dará un siguiente salto. ¿Cómo entender que una visión dirigista, dictatorial, como la de Guzmán, tolere una educación donde los proveedores carecen de control? He aquí la gran comprensión de las formas de ser autoritario que Guzmán enseña, he aquí cuando el abogado constitucionalista revela su perversa inteligencia. Una educación liberada a las fuerzas del mercado, con un Estado menoscabado y prescindente, será ante todo banal. He aquí la brillantez de Guzmán para construir este orden miserable y la brillantez de Retamal para desnudar la operación fundacional de la educación chilena: la mejor forma de controlar autoritariamente la educación es dejarla fuera de control hasta que ella se construya desde la banalidad. He aquí el presidio, la condena. La labor de la ciencia es iluminar los hechos con la luz de una comprensión nueva. Retamal ha hecho una labor notable desde esta perspectiva. Pero no sólo esto. La labor de todo acto de resistencia es, al menos en parte, desnudar las trampas del poderoso enemigo, desnudar sus aporías, sus arbitrariedades. Retamal lo ha hecho también. Ha hallado el momento crítico donde nace el arbitrio (la discusión de Guzmán con Ovalle y Diez) y ha desnudado la operación intelectual y espiritual que hace posible lo improbable (que la libertad de educación parezca una propuesta en favor de la autonomía humana, mientras es un constructo del autoritarismo más radical).

La exploración que este libro ofrece permite comprender la historia en su sentido más amplio. Permite afrontar los hechos, permite sorprenderse ante el curso de los acontecimientos y facilita comprender el espíritu de época que impregna a la educación chilena hasta el día de hoy. Nos damos cuenta así que el milagro no es la rebelión de 2011, sino la pasividad y complacencia de todo el tiempo anterior frente a una obra que nació como una monstruosidad.

Toda tragedia se caracteriza por haber estado siempre frente a los ojos del héroe trágico. Toda tragedia se caracteriza porque el héroe ha sido incapaz de ver lo que estaba frente a él y porque ha avanzado hasta impregnarse completamente del contaminante mal que le acechaba. Este libro revela que desde siempre hubo voces que señalaron el carácter trágico de la educación que se comenzaba a construir en dictadura. El 2011 Chile pudo reconocer el destino que le ha acompañado en todo este tiempo. Edipo ante el descubrimiento de su tragedia se sacó los ojos. Chile debe decidir si transformará el dolor de lo acontecido en ceguera o si, por el contrario, abrirá bien los ojos para de la mano de la política construir una educación que salga de las frías y desoladas estepas a las que Guzmán nos condujo.

En las herejías medievales muchas veces se argumentó que era imposible que Dios hubiese creado el mundo, ya que era evidente que el mal se multiplicaba, que la verdad y la vida no se parecían a la promesa de Cristo y que, en definitiva, la humanidad parecía repetir la frase de Cristo sobre la cruz: “Padre, por qué me has abandonado”. Una de las soluciones era comprender que no había sido Dios el creador del mundo, sino un ser menos poderoso, menos hábil, menos sabio: un demiurgo. Algunos dijeron que incluso era el mismo demonio el creador (que eso sí hacía sentido). El debate fue largo y violento, porque la Iglesia de Dios siempre quiso el monopolio más que la imagen de marca, por lo que le importaba más tener al creador en sus filas que excusarlo de tanto desastre. Pero lo cierto es que muchas herejías cristianas pusieron al demiurgo como el protagonista de la creación. No es absurdo pensar en la misma figura para la dictadura de 1973 a 1990. La Junta de Gobierno y Pinochet fueron el golpe, pero aunque la política tiene su origen en la violencia, no tiene en ella su continuidad. Todo golpe exitoso es pura eficacia, pero carece de forma. El creador demiúrgico fue Guzmán, que le dio forma a una obra deliberadamente injusta a la que, sin embargo, habríamos de acostumbrarnos, por la razón, por la fuerza o por la displicencia. O por las tres fuentes. He aquí el último horror que nos prepara Retamal: es cierto, nos dirá, que la Concertación profundizó el modelo educativo de la dictadura, la educación de Guzmán. Pero esta adaptación no se produjo en la postdictadura, sino antes. Ya la década de los ochenta fue preparando, con la crisis intelectual de la izquierda, con la organización del eje Reagan/Thatcher/Juan Pablo II (no en vano Retamal va por Bukowski), una escena donde los intelectuales y expertos en educación de la izquierda fueron migrando en visiones y convicciones, hasta llegar a eso que se llamó la democracia de los acuerdos y que se ha revelado como un mero consenso neoliberal de postdictadura.

El triunfo de Guzmán fue evidente: una educación despolitizada, un Estado menoscabado, la libertad de educación entendida como libertad comercial, el derecho a la educación debilitado, una sociedad superflua en su operación y autoritaria en sus efectos, una izquierda confundida y finalmente fundida en la derecha. El Ministerio de Educación puede ser visitado, desde ahora hacia atrás, como el lugar del crimen. El éxito de Guzmán en la construcción de Chile es proporcional a su éxito en la configuración educativa. No en vano el triunfo contrahegemónico del movimiento estudiantil de 2011 supone el cuestionamiento no sólo de la educación de Guzmán, sino del modelo económico, político y constitucional. La obra se resquebraja porque precisamente se ha resentido el lugar del triunfo más difícil e impensado por parte de Guzmán: la educación, el punto donde confluyen todos los puntos. La obra guzmaniana muere porque toda la arquitectura se basaba en la concentración de poder post-mortem en Jaime Guzmán, sus emanaciones espirituales y encarnaciones. Pero el 2011 supone la muerte de Guzmán como época, mientras su asesinato casi terminó en su perpetuación.

La obra que usted tiene en sus manos es ante todo un acierto. Nace de una pregunta muy pertinente, se desarrolla con una investigación asertiva y termina con un repertorio breve de respuestas capaces de iluminar la mirada sobre esta realidad que nos está exigiendo, hace mucho rato y ahora de modo urgente, una gran transformación. La obra demiúrgica de Guzmán se pudre frente a nosotros y el hecho de saber por qué funcionó en su momento es parte de ese mismo réquiem.

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