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El ranking de Notas, los Liceos de Excelencia y las políticas educativas inclusivas

por 18 octubre, 2013

Algunos críticos han indicado que la poca anticipación de la medida, no habría permitido a los estudiantes y sus padres tomar acciones para aplacar el peso del ranking. ¿Qué significa esto? Que la poca anticipación de la medida no habría permitido a los peores alumnos de cada curso tener un comportamiento estratégico destinado a “huir” de sus colegios para instalarse en otros peores. Esto no parece, sin embargo, una acción ni razonable ni equitativa.
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La decisión adoptada por el Consejo de Rectores de Universidades de Chile (CRUCH) de aumentar la ponderación del ranking de notas en el proceso de selección universitaria ha reavivado el debate en el ámbito educativo durante las últimas semanas.  Aunque no es extraño (pero si penoso), las reacciones más duras contra esta medida han provenido desde agentes instalados en el corazón de la educación pública: Directores de colegios municipales y autoridades ministeriales.

Con distintos énfasis y a través de distintas estrategias (jurídicas, evasivas y dilatorias) los críticos de esta medida han centrado su atención en dos puntos. Por una parte, en indicar que la decisión es una medida apresurada y no anunciada con la suficiente anticipación, y por otro lado, indicando que esta medida tendría un efecto “discriminador”, particularmente en los estudiantes que se encuentran en los Liceos de Excelencia (ya sean en los Liceos Públicos de Excelencia como en los Liceos Bicentenario de Excelencia). ¿Cómo entender estas reacciones? ¿Cuál es la motivación que hay detrás de este rechazo?

El ranking de notas y la inclusión universitaria en Chile

Desde la instalación de la Prueba de Aptitud Académica y de la posterior Prueba de Selección Universitaria (PSU), la discusión respecto del poder discriminatorio de las pruebas estandarizadas ha sido constante. Si bien no existe un consenso definitivo respecto de si la prueba aumenta o  disminuye el peso socioeconómico del estudiante, si hay cierta unanimidad en reconocer que esta prueba no es lo suficientemente exacta como para reconocer las habilidades que los estudiantes necesitan para completar exitosamente estudios superiores. Considerando esto, desde hace por lo menos 10 años diversas universidades comienzan a desarrollar estrategias que tienen por objetivo aumentar la inclusión educativa y disminuir el peso de las variables socioeconómicas, entre los que destacan la generación de programas propedéuticos, la bonificación ponderada y el ranking de notas, realizando además estudios que avalúan la eficacia de otras medidas complementarias.

Ahora bien, el ranking de notas es una medida aplicada en la USACH desde hace varios años e instalada en varias universidades públicas y privadas desde el 2011, y se basa en robusta evidencia internacional que relaciona el éxito universitario con el esfuerzo más que con los conocimientos previos, los que están mediados directamente por el tipo de establecimiento educativo desde donde proviene. De esta manera, la filosofía detrás del ranking de notas está en incorporar a los estudiantes que, dentro de un mismo espacio social, hayan sido destacados por sus capacidades.

Considerando esto, no parece válida la crítica “temporal” a la medida realizada profusamente por algunos investigadores, directivos y estudiantes. La incorporación del ranking de notas no es una medida nueva o apresurada, ya que se viene aplicando hace años, ni tampoco una medida desprolija, ya que diversos estudios han mostrado su eficacia en el concierto nacional (Gil, Paredes, Sánchez, 2013; Gil, 2013).

Adicionalmente, algunos críticos han indicado que la poca anticipación de la medida, no habría permitido a los estudiantes y sus padres tomar acciones para aplacar el peso del ranking. ¿Qué significa esto? Que la poca anticipación de la medida no habría permitido a los peores alumnos de cada curso tener un comportamiento estratégico destinado a “huir” de sus colegios para instalarse en otros peores. Esto no parece, sin embargo, una acción ni razonable ni equitativa.

No parece una acción razonable, ya que la investigación educativa ha sido clara en demostrar que la movilidad es un factor relacionado con el bajo rendimiento académico y no con la excelencia académica, la que es mucho más estable a través del ciclo escolar. Asimismo, estudios nacionales (Román y Perticará, 2012) han mostrado que la movilidad no se da con sentido estratégico, sino que respondiendo a factores culturales y sociales, como la distancia u opinión de los padres respecto de los colegios. Adicionalmente estudios recientes como los de Worlmald et. al. (2013) han mostrado cómo el nivel socioeconómico es un factor relevante para la movilidad y elección de colegios, dejando poco espacio para una estrategia movida por variables netamente académicas.

Adicionalmente, no parece una acción equitativa ya que permitiría que, alumnos que comparativamente tienen peores rendimientos que sus pares, se cambiaran a colegios de menor rendimiento para mejorar su ranking perjudicando a los mejores estudiantes de ese colegio. Si bien se podría argumentar que este cambio podría aumentar la inclusión por la vía indirecta del efecto par (estudiantes de bajo rendimiento compartirían con estudiantes de un colegio de mejor rendimiento), lo más probable es que una “inclusión forzada” como ésta no sea potenciadora de la capacidad de todos los estudiantes, sino todo lo contrario, segregadora al interior de estos establecimientos.

Los Liceos Bicentenario y los Liceos de Excelencia y el ranking de notas

Una segunda crítica, más radical y más de fondo, ha sido esbozada por estudiantes y directivos de Liceos de Excelencia y probablemente será también asumida por diversos actores de los Liceos Bicentenarios. Como hemos indicado en columnas anteriores, la construcción de estos liceos se basa en la lógica segregadora de salvar a los adelantados para abandonar a los desaventajados, concentrando a estudiantes de excelencia académica a través de procesos de selección rigurosos y extendidos. Por ello, y aun cuando no constituyen una fuerza relevante numéricamente (no representan más del 5% de la matrícula de educación media), no es de extrañar que este grupo se sienta perjudicado por esta medida.

Sin embargo, para entender el problema en su completitud es necesario dar cuenta de tres elementos. En primer lugar, no es claro ni cierto que la introducción del ranking de notas perjudique al conjunto de los estudiantes que estudian en los Liceos de Excelencia o Bicentenarios, sino que, como a todos los otros colegios, este cambió ayudará a los estudiantes más destacados de la generación y perjudicará a los estudiantes desventajados, sin hacer una consideración especial (ni positiva ni negativamente) por los estudiantes de estos Liceos.

En segundo lugar, es importante mencionar que el ranking mejorará sustancialmente los niveles de equidad educativa del sistema terciario, ya que permitirá un aumento significativo de estudiantes de la educación pública. Considerando que esta medida se aplicará preferentemente en las universidades del CRUCH y asociadas, es de esperar que la desigual distribución socioeconómica de estudiantes comience a cambiar, lo que a todas luces es una buena medida.

En tercer lugar, esta medida aumentará la eficiencia del sistema, ya que permitirá disminuir el “peso muerto” de factores socioeconómicos que distorsionan el proceso de selección universitaria, promoviendo mayores niveles de éxito y calidad académica, y a la vez, aumentando el peso de las capacidades anteriores como predictor de la selección (Contreras, Gallegos, Meneses, 2009).

Todo esto implica que la aplicación del ranking de notas aumentará la calidad y equidad neta del sistema, ya que, más allá de que pueda perjudicar a algún estudiante específico, en su conjunto será un gran aporte para la generación de universidades más inclusivas y democráticas.

(*) Texto publicado en Red Seca.cl

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