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Opinión

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El CEP, de puente a trinchera

por 18 agosto, 2014

El CEP, de puente a trinchera
En una columna publicada este lunes en La Segunda, el analista Camilo Feres escribe sobre la situación en la que quedó el Centro de Estudios Públicos después de su último Estudio de Opinión Pública y las críticas a cómo éste abordó el tema de la Reforma Educacional.
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*Muchas cosas han pasado para convertir a la que otrora fuera tildada de oráculo de la política local en una encuesta cuyas preguntas y hasta sus motivaciones estén puestas en duda en ciertos círculos. Desde la primera entrega de la encuesta del CEP, hace ya 27 años, mucha agua ha pasado por el Mapocho y dicha fluvialidad ha salpicado en más de una dirección al reputado think thank criollo.

La modernización del país y su consecuente incremento en la profundidad del mercado no han sido ajenos al negocio de las encuestas, y hoy son varias las mediciones de “temas públicos” que disputan su espacio en la construcción de sentido común, piedra angular en la configuración de la tan preciada opinión pública.

Pero hasta ahora la medición del CEP se las ha arreglado para hacer valer sus credenciales de seriedad como contrapeso del vértigo de otras mediciones. De hecho, se ha posado en ese ecosistema como árbitro ante la previsible disparidad de resultados que arroja el frenesí “encuestológico” local. Sin embargo, algo del halo de infalibilidad del CEP ha perdido su vigor.

Lo primero que habría que consignar a este respecto es que las tres patas que sostienen el poder e influencia del CEP han vivido procesos de cambio. Empresarios, academia y política han pasado por el callejón oscuro de la desconfianza en que se ha convertido la opinión pública, tras el fin de la transición y la irrupción de las “redes sociales”, y ninguno de los tres estamentos pesa hoy lo que pesaba antaño.

Pero también al CEP le han pegado frontalmente los dos catalizadores del derrumbe definitivo del paradigma de la transición: el movimiento estudiantil y el gobierno de Sebastián Piñera. La crisis de sentido y sus consecuencias en la élite nacional, derivadas de estos fenómenos, se hicieron sentir en la casona de Monseñor Sótero Sanz con tanta o más fuerza que en el resto de las sobremesas de las cinco manzanas.

El debate educacional llevó al CEP a dejar su histórica posición de puente para convertirse en trinchera. Y curiosamente no se vio forzado a hacerlo en ninguno de los gobiernos de la Concertación, sino que en el primero de una coalición de centroderecha –democráticamente electa– que le tocó presenciar.

En una crisis que detonó la salida de su histórico director ejecutivo y lo obligó a mantener un cierto recato público, el CEP comprometió parte de su prestancia institucional. En ese trance, la contienda presidencial tomó al oráculo desprevenido cuando Evelyn Matthei y Joaquín Lavín lo apuntaron con el dedo por exponer resultados de intención de voto cuando aún estaba fresca la sangre que corrió tras la noche de los cuchillos largos en la derecha.

Así las cosas, que hoy salgan bien parados en la encuesta el copago, Allamand, Velasco, el aborto y la sindicalización voluntaria son, a la vez, un dato de debate y una razón de sospecha. En suma, en la “postransición”, el CEP mantiene su poder de voto, pero ha perdido poder de veto.

*Publicado en La Segunda.