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Fiestas de Fin de Año

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Por: César Sánchez, Profesor de Física


El Mostrador Fuente Preferida

 

Señor Director:

23 de diciembre y el centro de Concepción con 22ºC y una atmósfera cargada de humedad.

Calle Castellón… Gentío; hormigas inmóviles. Los automóviles tardan 9 minutos en recorrer una cuadra; bocinazos.

Mujeres hermosas con gafas para el sol conducen sus jeeps modernos con las ventanas cerradas. La tecnología resolvió el problema del calor con aire acondicionado. El vestido sobre la rodilla. La tecnología resuelve todo agregando más tecnología. El resto soporta el calor insultando al resto.

Calle Maipú. Mujer gorda manifiesta su descontento a conductor de autobús con una enorme jirafa envuelta en plástico y tres bolsas: «abre la puerta trasera…». Otra mujer se queja de que la gente no avanza. Otro niño que llora por un helado. Abre la boca y traga una bocanada de humo del escape. La joven que atiende en el centro comercial ladra «¡Ya no nos queda papel de envolver regalos!» Con el rostro encendido… “Aló, buenas tardes, lo llamo desde el banco de Chile para comunicarle que tiene aprobado un crédito de consumo que podemos traspasar directamente a su tarjeta de crédito…”

Porque de tal manera amó Dios al mundo que envió a su único hijo Jesús para que cada 23 y 24 de diciembre se desatara la bestia sobre las ciudades. Pero esto no es culpa de Dios. Tampoco es culpa de la tecnología ni de la modernidad. «Es el ser humano el que lo desvirtúa todo».

Lo hicieron a propósito… lo hicieron pensando que el 24 todo el mundo lo habría olvidado. Fue una jugada bien pensada. Me refiero a la justicia; me refiero al caso de Martín Larraín. Nos inyectaron la dosis de rabia del día. Esto es un ritual, un gol en el estadio, cantar en una iglesia, volcar el torrente de odio sobre Martín Larraín, la dosis de euforia del día. Saben que el burgués informado permanecerá inmóvil. Lo saben. Escribirá un par de líneas en las redes sociales; hará esquemas y dibujos que expresen su descontento. Nada más. Lo saben; lo tienen calculado científicamente. Al proletariado no le interesa Larraín. Quizás lo confundan con la «kenita» y los amigos culpados por obstrucción a la justicia. La justicia no es una ciencia exacta. Súmale a eso Pentagate, curas pedófilos, caso Cascada, Soquimich, derrame en Quinteros. Esta es una nueva generación de aristócratas. Una élite que perdió la vergüenza, se desnuda sin pudores.

Después de la resaca de las fiestas presionarán los botones de marzo. Útiles escolares, uniformes, matrículas, permisos de circulación, días R de Ripley, cupido atravesando la cartelera de un flechazo, créditos de consumo, etc.

César Sánchez
Profesor de Física

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