La decadencia de la noción de Justicia
Señor Director:
En 1925, en la Revista Atenea, Alberto Edwards escribió: “En épocas como la nuestra, la civilización y la vida misma carecen para todos de sentido exacto”, y aunque Edwards pensaba más bien desde el aspecto historiográfico y político, debemos también pensar en la profunda pérdida del sentido de la justicia que sentimos la gran mayoría de los que habitamos este país. ¿Cómo confiar en un sistema que absuelve a un sujeto y que contradictoriamente condena a sus acompañantes en un crimen y que deja a una madre, una familia y a la sociedad completa extrañadas e indignadas ante una decisión judicial?
En su Teoría de la Justicia, John Rawls estableció que todos los sujetos deben tener un acceso a la justicia y que cuando la justicia no funciona de igual manera para todos los ciudadanos, estos tienen el derecho a sentirse tratados injustamente, justificando su queja profunda y su desconfianza en el sistema, porque la justicia es una virtud de las instituciones sociales, y si esta justicia no es capaz de satisfacer a la sociedad debe ser reformada o abolida. La forma en que los jueces chilenos aplican su concepto de justicia es claramente una ofensa al sentido común y a la ciudadanía en general, puesto que emiten fallos que chocan con el sentido de justicia que se posee. El caso de Martín Larraín es un claro ejemplo de ello. El Tribunal de Cauquenes ha errado en su misión de impartir justicia (tanto en la visión aristotélica de dar a cada uno lo que se merece o en la visión romana de Ulpiano de dar a cada uno su derecho) y quebranta profundamente la armonía social. ¿Es una pérdida de la condición jurídica de la misma sociedad o es que los jueces actúan en un plano completamente diferente del sentido común? Y si bien el sistema judicial chileno se basa en normas y principios, es finalmente el criterio de los jueces el que pesa subjetivamente a la hora de impartir justicia. En este caso, de negarle justicia a la familia Canales y con ello a gran parte de la sociedad.
La contingencia de los actos humanos y de su inefable libertad son negados en la aplicación de la justicia a los más pobres y sin recursos para acceder a costosos bufetes de abogados que manipulan y tergiversan hechos. Hannah Arendt en Sobre la Revolución plantea, sobre la idea de la libertad, que debemos ser libres del miedo y de la pobreza, y claramente en el caso de la madre de Hernán Canales ese miedo es perpetuo y a la vez social: los pobres no tenemos derecho a la justicia, se nos niega el derecho a recibir una compensación, se nos criminaliza, se nos castiga, se nos reprime, se nos oculta, se nos margina y, en último caso, se nos hace desaparecer para nunca recibir justicia completa y solo en la medida de lo posible.
La decadencia del concepto y de la idea de justicia actual esta dado principalmente por la insensibilidad del sistema judicial frente a la tragedia ajena. La así mal llamada idea de justicia objetiva y distanciadora, en el concepto de Arendt, no se encuentra ligada a la idea de la comprensión. La justicia no tiene piedad ni compasión con los pobres. Sólo la tiene con algunos sujetos pertenecientes a élites (económicas, políticas, religiosas). Es innegable que la administración de justicia en Chile es clasista. Es necesario replantearse desde la sociedad (no desde el Congreso que ya ha demostrado autorrepresentarse y gestionar sus privilegios, incluidas sus vacaciones, ni tampoco desde la clase política) la forma en que los jueces administran la justicia y el mismo concepto de justicia, que con el fallo del Tribunal de Cauquenes, ha recibido una estocada más en su ya destruida credibilidad y dignidad.
Alejandro Ancalao Romero
Historiador