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Respuesta a declaraciones del Rector Zolezzi sobre el Instituto Nacional

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Por: Marcel Thezá Manríquez, Profesor-Investigador, Universidad Pública


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Sr. Director

Juan Manuel Zolezzi, rector de la Universidad de Santiago y vicepresidente ejecutivo del Consejo de Rectores, ha enviado un saludo socarrón al Instituto Nacional, felicitándole por sus resultados académicos en la PSU, pero inmediatamente criticándolo por constituir, a sus ojos, el símbolo de un sistema competitivo que educa para el resultado. Termina sus declaraciones con gran teatralidad, señalando que él “jamás” habría estudiado en este establecimiento.

Las declaraciones de Juan Manuel Zolezzi no son una sorpresa; ellas constituyen un estilo de este rector. Autoridad que, por un lado, reprocha la arbitrariedad y la falta de consideración de la cual han sido objetivamente víctimas las instituciones educativas del Estado, y, por otro lado, ejecuta –como buen actor– el mismo libreto. Verbi gratia, frente a las dudas sobre los efectos concretos de la modalidad ranking de notas, respondió dando a entender que la medida no se explicaba, sino que se simplemente se aplicaba.

Sin embargo, no siendo sus declaraciones una sorpresa, no dejan de ser injustas.

Las declaraciones son injustas porque desconocen una tradición formativa del Instituto Nacional, que es por más de doscientos años, mucho más que la preparación para una prueba de selección universitaria; prueba cuya existencia –en cualquiera de sus formatos– es cuatro veces menor a la existencia del propio Instituto Nacional.

¿Sabrá el rector que los rostros que aparecen en la campaña del Gobierno llamando a fortalecer la educación pública son, en los casos más reconocibles, ex alumnos del Instituto Nacional?

Las declaraciones son igualmente injustas porque son parciales, ya que nuevamente el rector Zolezzi se omite de denunciar a los establecimientos privados que aplican y practican modalidades de selección claramente endogámicas y discriminatorias. Estos establecimientos forman para la PSU y además forman para un tipo de sociedad homogénea y fragmentada.

El Instituto Nacional, aun con sus deficiencias, sigue formando –muy por el contrario– para un tipo de sociedad donde un niño de La Pintana y Vitacura pueden ser compañeros de sala y pueden ser además amigos.

El Instituto Nacional selecciona meritocráticamente porque debe resolver un problema de números: postulantes versus capacidad del colegio. La pregunta es: ¿seleccionar a través de una tómbola va a producir menos frustración que a través de un test?

Si el tema es tan sencillo, ya hemos encontrado el mejor método para el ingreso de los jóvenes a la Universidad: la tómbola.

Las declaraciones son doblemente injustas porque omiten el no menos importante antecedente de que si el rector hoy puede participar de una negociación más favorable por un nuevo trato del Estado hacia sus instituciones, es gracias a que colegios como el Instituto Nacional han participado activamente en la creación de condiciones políticas y sociales que lo permiten.

El rector no se pregunta por qué un colegio expuesto a profundas restricciones materiales, a incertidumbres institucionales (tres rectores en el último tiempo), a una evidente despreocupación de su sostenedor (el Municipio), donde los alumnos han perdido, por su actitud de movilización (en la cual el rector Zolezzi se sostiene), el equivalente a un año académico, sigue obteniendo buenos resultados (en la PSU, por cierto, pero también en las actividades deportivas, en las olimpiadas temáticas, etc.). La respuesta simplista del rector Zolezzi es “la selección”. Es de esperar, por el bien de nuestra sociedad, que este razonamiento tan rústico no lo aplique a sus reflexiones científicas. Es posible que la díada mérito y esfuerzo le diga poco a este rector.

Las declaraciones del rector son finalmente injustas porque no ponen en valor que los logros de establecimientos públicos como el Instituto Nacional permiten plantearse la reconstrucción de la educación pública desde pilares dañados, pero existentes. De no ser así, el desafío político sería aún más complejo.

Es de esperar que estas declaraciones no comprometan ni al Consejo de Rectores, ni menos aún al Consorcio de Universidades del Estado.

Marcel Thezá Manríquez
Profesor-Investigador
Universidad Pública

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