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La discriminación del siglo XXI

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Por: Andrés Herrada H., PhD, Department of Immunology, St Jude Children’s Research Hospital, Memphis


 

Señor Director:

En una fría mañana de diciembre de 1955, Rosa Parks tomó un bus semivacío en el estado de Alabama. Se sentó en la parte trasera,  tras un signo que en que se leía “solo para personas de color”. El bus se fue llenando hasta que toda la parte delantera, solo de blancos, estaba repleta. Un hombre blanco no encontró asiento en esa sección, por lo que el conductor ordenó a Rosa ceder su asiento, tal y como aplicaba el reglamento del bus. Ella se negó, y fue detenida. Y este acontecimiento encendería la llama de la búsqueda de igualdad de derechos en Estados Unidos. Pues hace solo un poco mas de 50 años los negros en un bus no podían sentarse en el mismo asiento que un blanco, debían atenderse en restaurantes solo para ellos, y las escuelas eran segregadas, es decir, escuelas separadas para blancos y negros.  La infraestructura de estas últimas era malísima, y sobrevivía principalmente por el esfuerzo de profesores, principalmente negros, que querían que su gente surgiera y tuviese los mismos derechos que su contraparte blanca. Por fortuna, después de varios años  de lucha y sufrimiento que costaron innumerables vidas, con Martin Luther King como la más famosa, se logró una reforma que terminó con la segregación y determinó que todas las escuelas, hospitales y otros recintos, deben atender a la gente sin importar el color de la piel, raza o religión. Hace solo cincuenta años.

Por un momento respiro aliviado de que en mi país no exista esa diferencia de razas, sino que fuésemos todos más o menos iguales, una mezcla mestiza de español e indígena. Pero no por eso no existe discriminación. Si bien acá no existe una barrera visible que separe a los grupos en autobuses, y no hay un cartel en la puerta de escuelas o universidades prohibiendo la entrada, la discriminación está presente, disfrazada astutamente y de diversas formas. La discriminación se disfraza de “cuota de incorporación” en escuelas y colegios, de “matrículas y mensualidades” en universidades o de “cheque en garantía” en clínicas y hospitales. En un país donde los sueldos son extremadamente bajos, hay que reconocer la astucia de los poderosos de permitir el paso a todos, siempre y cuando tenga el dinero para pagarlo. De esta manera, la elite engendra elite, y los pobres engendran pobres. Pero estoy seguro que cuando se acabe esta segregación, estos grupos se darán cuenta que no son tan diferentes como pensaban o como les enseñaron, que el hecho de tener dinero no te hace una mejor persona (si no vea las noticias de todos esos empresarios fraudulentos), y no por el hecho de no tenerlo eres un flaite (este término debiese emplearse mas a personas con baja educación independiente del dinero que tengan, pues  ¿quién no conoce un flaite con plata?). En esta sociedad, donde solo se destaca lo material y pareciera que nuestra vida solo tuviese “fines de lucro”, pregúntese qué valores queremos enseñarles a nuestros hijos, qué sociedad queremos heredarles.

Que no nos pase lo que le sucedió a la sociedad estadounidense (nótese que le digo así y no americana, pues todos los nacidos en América lo somos), en donde con la perspectiva de 50 años les parece absurdo esta segregación en buses y escuelas. ¿Serán absurdas la segregación por el dinero que nos afecta actualmente, para nuestros hijos y nietos en 50 años? Por el bien de la sociedad espero que sí.

Andrés Herrada H., PhD
Department of Immunology
St Jude Children’s Research Hospital
Memphis

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