Financiamiento a la Política y nuevo Sistema Electoral
Señor Director:
Los últimos días han sido de dulce y de agraz para la clase política chilena. Por un lado, se destapó una de las más grandes polémicas –si no la más grande– respecto al financiamiento a las campañas políticas y, por otro lado, se puso fin a un sistema electoral –ideado en Dictadura– que mantuvo un statu quo dentro de las cámaras por casi 25 años y que traía consigo injusticias enormes a la hora de las elecciones legislativas en el país.
Cuando está tan cuestionado el financiamiento a la política por el Caso Penta y por los supuestos aportes irregulares en el extranjero a la campaña de Michelle Bachelet, es que la reforma al sistema electoral debiese ser vista como una oportunidad de regular dichos mecanismos de financiamiento y como una forma de frenar las vergonzosas prácticas de ciertos actores de nuestra clase política.
El nuevo sistema electoral hace descender de 60 a 28 distritos en el caso de los diputados y junta 2 y hasta 3 distritos de los antiguos en uno solo. En el caso de los senadores, se baja de 19 a 15 circunscripciones y ahora la lógica es una región, una circunscripción. Además, en algunos casos se escogerán hasta 8 diputados en un distrito y hasta 5 senadores en una circunscripción. Por ejemplo, los actuales distritos 43, 44 y 45 pertenecientes a la zona del Biobío quedaron fusionados en un solo distrito –el 20– que ahora escogerá a 8 diputados –actualmente son escogidos 6–. De acuerdo a los datos entregados por el Servel y basado en un promedio sacado entre lo declarado por los seis diputados electos, en los distritos 43, 44 y 45 se gastaron aproximadamente $66.000.000 por candidato electo. Entonces, si estos 6 diputados quisiesen ir a la reelección en 2017 y siguiendo la lógica electoral de a mayor gasto, mayor éxito electoral y basándonos en el nuevo sistema electoral, tendrían que gastar el doble si no el triple –en algunos casos– de lo gastado en la elección de 2013, esto porque sus distritos se vieron aumentados en 3 veces.
De acuerdo a las nuevas reglas del juego, los incumbentes y, sobre todo, los desafiantes, deberán salir a buscar financiamiento aún más grandes para sus campañas y es en estas instancias en donde se puede caer en la aceptación de financiamientos no regulados, tal cual nos ha mostrado el Caso Penta.
Que el término del binominal nos sirva de aprendizaje, en lo electoral y sobre todo en lo que respecta a financiamiento. Que la coyuntura actual nos dé el pie de iniciar un nuevo debate sobre el financiamiento a las campañas políticas y que la implementación de este nuevo sistema electoral venga acompañado de una ley clara de financiamiento a la política, para que nunca más volvamos a tener un nuevo caso Penta.
Fernando Gyi Toloza
Politólogo Universidad Diego Portales