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Diálogos en educación con acuerdos

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Por: Dr. Sebastián Guzmán


El ministro de Educación ha dicho que busca llegar a acuerdos, pero que no sean “vinculantes”, como han pedido estudiantes y profesores. Pero que un acuerdo sea vinculante significa que todas las partes firmantes deben respetarlas; no significa, como dice el secretario de Estado, que los estudiantes “son los que envían los proyectos de ley”.

En democracia, dicen algunos, el Ejecutivo y el Parlamento deben poder tomar las decisiones sin presión de movimientos o sindicatos. Sin embargo, esta postura tiene, al menos, tres problemas:

Primero, Ejecutivo y Parlamento no representan realmente el interés de la ciudadanía, menos hoy en tiempos de crisis de legitimidad. La idea de que los políticos prioricen el interés general por sobre el de los grupos de interés es una falacia tecnocrática que ya casi nadie cree. Tampoco se considera a los movimientos si sus dirigentes se alían con el gobierno o sus exdirigentes entran al ministerio. Lo más democrático, en cambio, reconocen los politólogos, es dar derecho a discusión y decisión a todos quienes se consideren interesados en la decisión.

Segundo, una democracia más participativa, que otorgue capacidad de decisión vinculante a la ciudadanía, no sólo es más deseable, sino que es lo que los chilenos quieren hoy y es posible. Existen diferentes mecanismos implementados en otros países para que las decisiones caigan en la ciudadanía. Los más conocidos son los presupuestos participativos y los referéndums. Pero el que los actores colectivos tengan discusiones en asambleas de base respecto de las reformas, como hacen estudiantes y profesores, también da legitimidad a las decisiones.

Tercero, la experiencia nacional e internacional dicen que llegando a acuerdos que consideren la voluntad de movimientos sociales y sindicatos se reduce el conflicto. Un estudio de Kirsten Hamann y colegas (2014) muestra que incluir a sindicatos en las reformas disminuye la probabilidad de huelga general. El mismo ministro Eyzaguirre cuando era ministro de Hacienda se sentaba a negociar acuerdos respecto de la Ley de Presupuestos con gremios del sector público para evitar o reducir sus paros. Reformas laborales, modernización del Estado y de privatización de los puertos, entre otros, requirieron también de acuerdos con actores sindicales. La propia palabra “concertación” viene de concertar acuerdos entre trabajadores, empresarios y gobiernos.

Hasta el fin de semana pasado, al menos, el Mineduc buscaba repetir la fórmula de 2006 de una mesa de diálogo que sólo sirve para legitimar al gobierno como “abierto al diálogo” y a una ley que en nada representa a los actores invitados. Pero los estudiantes y profesores no parecen dispuestos a prestarse para eso, y con razón. Si el gobierno quiere destrabar el conflicto en educación y quiere recuperar credibilidad con su discurso de participación ciudadana, debe estar dispuesto a sentarse con todos los actores involucrados en una sola mesa para llegar a acuerdos vinculantes con todos. La búsqueda de acuerdos esta semana es un primer paso; esperemos que las mesas se amplíen para incluir a más actores. Sin diálogos multipartitos y vinculantes se repetirán las protestas de 2011 y el gobierno arriesga terminar con una imagen y desaprobación similar a la de Piñera.

Dr. Sebastián Guzmán

Profesor Investigador

Núcleo de Investigación en Educación

Universidad Andrés Bello

 

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