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Realismo mágico en salud

por Doctor David Villena Pedrero, magister en Salud Pública 27 julio, 2015

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Señor Director:

A raíz de las declaraciones de la Presidenta de la República de aterrizar las expectativas y esperanzas del pueblo a una nueva etapa denominada “realismo sin renuncia”, la Salud que no fue prioridad del programa de la candidata de la Nueva Mayoría, se encuentra en una situación de crisis de realismo creciente.

Para nadie es desconocido que Chile posee indicadores tradicionales de salud, tales como Mortalidad Infantil, Mortalidad General, Esperanza de Vida al Nacer, Mortalidad Materna de país desarrollado, a pesar de gastar solamente  un 7% del PIB en Salud, del cual solo un 1.7% es aporte fiscal, el resto es gasto de bolsillo (40%) y cotizaciones (35%). ¿Entonces cómo fue posible conseguir estos resultados? ¿Magia? ¿Participación del mundo privado? (clínicas, isapres)  o inercia del antiguo modelo y sistema integrado de salud chileno, donde el Estado jugaba un rol primordial.

Sin embargo, estos excelentes indicadores promedios  esconden valores negativos para las comunas pobres del país, pobres que hoy se ven aún más tensionados, con largas listas de espera en el sector público,  en enfermedades crónicas degenerativas, enfermedades cardiovasculares, el cáncer, la obesidad, la adicción al alcohol, drogas y tabaco,  violencia intrafamiliar, enfermedades mentales y  laborales.

Luego este país que intenta caminar hacia el desarrollo, en medio de este realismo sin renuncia, pero con recursos restringidos y con tremendas contradicciones en su clase dirigencial, podrá superar estas necesidades  de salud que agobian a la gran mayoría de la población pobre y de clase media?

Si nos comparamos con los países de la OCDE, Chile da pena ¿o indignación?    En gasto en salud nos ubicamos en el lugar 31 (de 35) y en el número de médicos por 1.000 habitantes en el penúltimo lugar, solo antes de Turquía con 1.7 médicos por 1.000 habitantes, siendo el promedio para la OCDE de 3.2.

Cualquiera con un poco de sentido común diría que en las actuales condiciones del país real no es posible, particularmente la elite político-empresarial, sin embargo, muchos otros hemos planteado, que a pesar de los “malos indicadores económicos”, es posible dar un salto en salud.

Pero para ello se requiere  primero de un diagnóstico riguroso de la situación de salud y del porque estos nuevas enfermedades que  afectan mayoritariamente a los más pobres, pueden irse superando desde una perspectiva racional y solidaria.

Desde el punto de vista económico la explicación es muy sencilla, el 40% o menos del gasto total en salud se destina al 80 % de la población, es decir, en salud al igual que en otras áreas, se repite la tremenda desigualdad en la distribución de la riqueza.

Luego ¿cuál sería la solución? ¿Cómo revertimos una más de las inequidades de esta sociedad? Muy sencillo, cambiando el actual modelo neoliberal en salud.  Primero con un financiamiento solidario de ella y eso se consigue con un Fondo Único de Salud, conformado por el 7 % de las cotizaciones de todos  los chilenos, el aporte fiscal que debe subir al menos a un 3.5 del PIB, con aporte de los empleadores (2%) del PBI, con dineros de las mutuales para llegar a un gasto total de un 10 % del PIB. Segundo reestructurar el actual Sistema de Atención Público de Salud, fragmentado y segregado, terminando con los actuales Servicios de Salud, los Hospitales Autogestionados y la Municipalización de la APS, volver a lo que plantea la OMS, sistemas de salud públicos integrados. Tercero reformar las isapres y dejarla como seguros privados adicionales de salud, para todos aquellos chilenos que libremente deseen contratarlos, por último y tal vez lo más importante, se requiere de voluntad política, convicción y coherencia, para llevar adelante estos cambios estructurales.

Cualquier otra solución no pasa de ser un maquillaje del modelo económico y social que rige el país, ahí tenemos como ejemplo el AUGE, presentado como la gran reforma de salud de Lagos, que vino a cambiar el paradigma del derecho a la salud por uno de garantías a una canasta de prestaciones en su mayoría curativas, de manera que su aplicación dejo en evidencia la tremenda inequidad y falta de ética de un modelo que segrega por enfermedades, con largas listas de espera en atenciones médicas en un sistema salud público que por no estar preparado ¿intencionalmemente? no ha sido capaz de responder oportunamente a las demandas  y que para colmo(como era obvio) ha terminado entregando miles de millones de dólares a los grandes administradores privados de salud, empobreciendo aún más al sector público.

Dr. David Villena Pedrero

Magister en Salud Pública

Especialista en Cirugía General

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