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Columpiarse sin renuncia

por 28 julio, 2015

Columpiarse sin renuncia
El columpio, esta vez, se está moviendo hacia donde Velasco quiere, hacia la restauración del viejo orden que a él tanto le acomoda. En el viejo orden, él podía moverse entre la derecha y la izquierda sin mayores vaivenes, sustentado siempre en sus conocimientos tecnocráticos, que en realidad son nociones sobre finanzas públicas y corporativas a las cuales él ha sabido sacarle gran provecho.
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Pocos líderes de opinión han sido tan ácidos con este Gobierno como lo ha sido Andrés Velasco. Sin ir más lejos, hace algunas semanas publicó una columna en A2 de El Mercurio, donde calificaba a la administración Bachelet como “un columpio”. Una verdadera manada de fieros adjetivos, un cardumen de pirañas retóricas. Según Velasco, la Nueva Mayoría había cedido ante las presiones de grupos de interés y se había transformado en una fuerza cuasipopulista. Su acidez corrosiva alcanzó, en pocos párrafos, para dejar claro que el sujeto no quería tener nada que ver con este Gobierno. Luego de participar de la primaria de la coalición gobernante, Velasco parecía haber descubierto que en realidad se equivocó, pues se ha constituido en uno de los principales opositores a la agenda de reformas que enfrenta el país. Su columna fue más que una crítica, fue una balacera efectuada con el objetivo de debilitar, aún más, a la administración de la Presidenta.

Hasta ahí, se puede entender que Velasco se encuentra arrepentido de haberse involucrado en un proceso electoral que claramente tendría como ganadora a Michelle Bachelet y cuyo programa ya comenzaba a vislumbrarse en junio de 2013. Nada más humano que el error y la contradicción. Sin embargo, el personaje ha efectuado un nuevo giro. Si hace cinco semanas decía que el Gobierno era un columpio, resulta que ahora acude raudo a columpiarse a La Moneda. El economista calculó la trigonometría del movimiento y concluyó que, esta vez sí, el vaivén del columpio le servía. Además, no hay mejor excusa que la unidad nacional para asistir al palacio de Toesca a fotografiarse con abrigo y traje de diseñador.

Adiós a las buenas prácticas

Las buenas prácticas, entendidas como las formas probas y correctas de comportarse en la política, fueron el estandarte de Velasco durante la campaña presidencial. El eslogan penetró fuerte y se volvió parte del vocabulario nacional. Hizo uso y abuso del concepto hasta que le dio arcadas, lo repitió en cada foro, en cada presentación, quizás en cada almuerzo. No obstante este mantra, construido con criterio publicitario antes que político, Velasco debió tragarse sus palabras y justificar conductas propias y ajenas que la opinión pública ha cuestionado seriamente.

Primero, en julio de 2014, se conoció la noticia referente a una licitación efectuada por el Injuv en beneficio de la empresa Paréntesis, donde son socios y directores Sebastián Sichel Ramírez y Carlos Portales Echeverría, ambos miembros de la directiva de Fuerza Pública. El objetivo de la licitación era la promoción de programas sociales del Injuv, lo que se traducía en poco más que repartir folletos de publicidad y chapitas. El presupuesto de $ 95 millones atrajo a varias empresas a concursar en 2013, cuando se abrió el proceso. Desde ahí, los detalles de la licitación se vuelven insólitos, incluyendo varios actos administrativos para resetear el proceso y volver a comenzar, además de un cambio de bases que estipuló una condición inusual para las características del proyecto. Las nuevas bases establecieron claras ventajas en favor de los postulantes que tuvieran grados académicos de Doctor o Magíster, que, coincidentemente, son los grados que tienen Portales Echeverría (PhD, Duke) y Sichel Ramírez (Magíster, PUC).

 Estamos ante un político sui generis. Un liberal, supuestamente, que no duda en aliarse con los más conservadores. Un demócrata, supuestamente, que en dos años no ha realizado ni una sola elección en su “movimiento”. Un ácido crítico del Gobierno que no duda en tragarse sus palabras para salir en la foto en La Moneda. Un promotor de las buenas prácticas, que justifica licitaciones a dedo y almuerzos millonarios. Un enemigo de las malas prácticas, que convive con ellas como una esposa ojerosa y resignada. Las críticas le resbalan, pues, en su fuero íntimo, él sospecha que todos conspiran contra su vanidad.

Una licitación para repartir chapitas donde se premian los grados académicos parece algo extraño. El asunto se entiende mucho mejor cuando se observa que el director del Injuv, Nicolás Preuss Herrera (*), fue el jefe de campaña de Sichel Ramírez cuando se presentó como candidato a diputado por el distrito 23 en noviembre de 2013. Esto quiere decir que, menos de seis meses después de ser jefe de campaña de Sichel, Preuss Herrera otorgó una licitación millonaria a su candidato y sus socios. A mayor abundamiento, Sichel y Preuss militaban entonces en la DC, y también en Fuerza Pública, como confesó el mismo Preuss en un tuit que luego borró aunque los medios digitales ya lo habían rastreado.

Es decir, un “militante” de Fuerza Pública le entregó una licitación por $95 millones a dos directivos del mismo “movimiento”, mediante un cambio insólito en las bases y ocultando el hecho ante la opinión pública por largos meses. Cabe decir que este dinero no fue a parar a campañas políticas, sino directamente al bolsillo de los socios de Paréntesis. Solamente el trabajo de periodistas del medio Chile B pudo colocar toda la información en la mesa y fue evidente que había una contradicción entre las buenas prácticas que pregonaba Velasco con la conducta de dos de sus hombres más cercanos.

La reacción de los allegados al ex profesor de Harvard fue “bajarle el perfil” al asunto, en búsqueda de que los antecedentes se perdieran en la contingencia y la rutina. No lo lograron. La noticia se expandió en las redes sociales, la elite política entera se enteró, los medios tradicionales no pudieron esquivar el bulto. Luego, se dedicaron a hablar de un supuesto “complot” de Chile B. Velasco, en cambio, se mantuvo impertérrito. Solamente abordó el tema cuando el periodista Felipe Bianchi lo interpeló en 'Tolerancia Cero', el tercer domingo de agosto de 2014. Entonces balbuceó una respuesta incomprensible que decía algo así como “en el Gobierno de Piñera esto era mucho peor”. Ni asomo de críticas hacia Sichel Ramírez ni Portales Echeverría. Era el comienzo del fin de las buenas prácticas. Al enterarse Bachelet, tampoco tomó medidas, como remover a Preuss, que parecía lo razonable. El senador Alfonso De Urresti (PS) hizo una presentación ante la Contraloría, de la cual todavía no se conocen resultados.

Semanas después de este affaire, explotó el caso Penta. Entonces la estrategia de Velasco fue, nuevamente, “bajarle el perfil” al asunto y estirar su estadía en Estados Unidos a fin de que bajara la presión pública. No le resultó. La mediática visita de fiscales y policías a su hogar detonó una crisis mayor que Velasco nunca fue capaz de manejar. Desde ese día, sus explicaciones y estrategias se basan en presentarse él como la víctima de una “operación política” supuestamente dirigida desde La Moneda. Incluso el polifacético abogado Juan Ignacio Correa calificó las actitudes de los ex ministros Arenas y Peñailillo como “mariconería política”. Ahora que fue a La Moneda a sacarse fotos, ¿habrá aprovechado para aclarar con Bachelet este supuesto complot ideado por sus ex ministros?

A partir de esos hechos, el entorno de Velasco ha debido deshacerse en retóricas y cantinfleos a fin de explicar un almuerzo que costó $20 millones donde supuestamente realizó una “asesoría verbal” a los mandamases de Penta, todo esto en presencia del jefe de campaña de Velasco, Juan José Santa Cruz. Este sujeto, ex militante de la DC y dedicado laboralmente al rubro de los seguros, es también socio en la Universidad Miguel de Cervantes, vinculada a Gutenberg Martínez. Santa Cruz se transformó rápidamente en la voz de las explicaciones de Velasco. Parte de esta estrategia ha sido centrar la atención en el almuerzo, obviando con ello una arista importante que es que Penta pagó en enero de 2013 una deuda que Velasco mantenía con Jorge Olave Marilef, el profesional que había realizado la iniciación de actividades de una de las sociedades del ex ministro de Hacienda. Al ser consultado por esta situación, Santa Cruz se ha limitado a responder que “fue una tontera”.

Fuerza Fáctica

Fuera de los sucesivos escándalos en que se ha visto involucrado, desde las primarias de junio de 2013 Velasco ha dado un giro claro y evidente. Su táctica se ha basado en alinearse con los poderes fácticos, empresarios particularmente, hacia los cuales tiene naturales puentes, y más aún a través de Santa Cruz, cuyo hermano, Andrés, es el Presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC). No es de extrañarse, entonces, que el vocabulario y el fraseo de la CPC coincida ampliamente con el vocabulario y el fraseo de Velasco, incluso a ratos pareciera que han sido ideados por la misma persona o están leyendo el mismo guión.

Esta vocación por la facticidad, se confirma luego con la manera en que Velasco articuló su “movimiento” Fuerza Pública. Sin elecciones, le entregó la conducción a Sichel Ramírez; sin votaciones ni mayores discusiones colectivas, formó comisiones de expertos para torpedear toda propuesta del Gobierno. Así, por ejemplo, el supuesto candidato liberal terminó auspiciando las posiciones de Mariana Aylwin, vinculada al Arzobispado y reconocida voz conservadora en el exoplaneta de los expertos en educación. Ella es el único liderazgo femenino que Velasco ha promovido, y fue ella una de las voces principales del coro de la Fronda que salió en defensa del ex ministro de Hacienda, junto al economista-novelista Sebastián Edwards y los abogados Ricardo Escobar, Jorge Bofill y Julián López, que hoy son los defensores de los máximos ejecutivos de Penta.

Llama la atención el profundo recelo que tiene Velasco hacia las elecciones y las votaciones internas, cuestión que impidió darle carne a su discurso supuestamente democrático y participativo. Ni siquiera el nombre de su movimiento les fue consultado a los miembros, mejor encargárselo a un publicista, pensó el ex ministro. Más aún, constituyó en su entorno a un grupo de sujetos multifuncionales que son, a la vez, financistas, operadores y voceros. Así, la estructura fáctica de Fuerza Pública es la de un grupo de accionistas que financiaron un proyecto y mantienen el férreo control del mismo. Ante la disolución del eslogan de las buenas prácticas, el publicista Velasco debió entonces levantar un nuevo producto comercial para venderles a los medios.

Así, Velasco descubrió una nueva entelequia: el Centro. Si hay algo que caracteriza el vocabulario de Velasco es que opta por dar por “superadas” las categorías que no le sirven para sus fines publicitarios. Así, según él, se debe abandonar la noción de “modelo”, porque este vocablo no tendría una referencia real. Eso argumentó en la presentación del último libro del sociólogo Alberto Mayol y el estudiante de Cambridge, José Miguel Ahumada. También debemos superar, argumenta el economista, las nociones de izquierda y derecha. Así, Velasco es el político más posmoderno que haya conocido Chile, invitando siempre a renunciar a las categorías que creemos que explican el mundo, para asumir un nuevo lenguaje más actual, más concreto, más real según él.  La estrategia lingüística, sin embargo, es pobre y obvia y cualquier lector de la filosofía del lenguaje lo puede notar. En la supuesta superación de conceptos no hay más que un intento fallido por esquivar el bulto de la ideología neoliberal y la fortaleza metodológica de los economistas.

Así, el “centro” sería un lugar matemáticamente equidistante de la derecha y la Nueva Mayoría, un espacio donde, supuestamente, la ideología no entra y la economía reina en tanto técnica incolora e inodora. Nada nuevo bajo el sol, el supuesto centro de Velasco es el último reducto que le ha quedado por ocupar, completamente vaciado de convicciones reales, siempre dispuesto a levantar un eslogan nuevo que permita seguir generando pautas de prensa, todo sea por los puntos de conocimiento, todo vale para aparecer en los diarios.

Tras su penosa victimización, Velasco reapareció con una ofensiva contra el Gobierno, para luego asistir a La Moneda a hacer vida social con los mismos que él antes criticaba por hacer lo propio. El columpio, esta vez, se está moviendo hacia donde Velasco quiere, hacia la restauración del viejo orden que a él tanto le acomoda. En el viejo orden, él podía moverse entre la derecha y la izquierda sin mayores vaivenes, sustentado siempre en sus conocimientos tecnocráticos, que en realidad son nociones sobre finanzas públicas y corporativas a las cuales él ha sabido sacarle gran provecho.

Se presenta como un gran economista, aunque no ha escrito ningún tratado ni libro serio que sea citado en las universidades respetables; se presenta como un moderado, cuando en realidad es el más ideologizado de todos; se presenta como un promotor de liderazgos femeninos y todavía no se le conoce una mujer a quien le haya dado responsabilidades de conducción real. Se presenta como un socialdemócrata, aunque en realidad es un neoliberal con culpa. Baste recordar que, hasta hace no mucho, Velasco proponía privatizar todas las empresas del Estado, cuestión de la cual reculó, no porque haya cambiado de convicciones, sino porque es impopular decirlo.

De esta forma, estamos ante un político sui generis. Un liberal, supuestamente, que no duda en aliarse con los más conservadores. Un demócrata, supuestamente, que en dos años no ha realizado ni una sola elección en su “movimiento”. Un ácido crítico del Gobierno que no duda en tragarse sus palabras para salir en la foto en La Moneda. Un promotor de las buenas prácticas, que justifica licitaciones a dedo y almuerzos millonarios. Un enemigo de las malas prácticas, que convive con ellas como una esposa ojerosa y resignada. Las críticas le resbalan, pues, en su fuero íntimo, él sospecha que todos conspiran contra su vanidad.

La verdad es que Velasco no está levantando un movimiento político democrático, no es ese su real interés. Él está en otra cosa, está asesorando a George Soros para intervenir Ucrania, está acomodando la verdad a su antojo, está apadrinando las mismas malas prácticas que decía combatir y, por qué no, fotografiándose con Lady Gaga. Velasco no se comporta como un líder serio, sino todo lo contrario. Él no está preocupado de la economía, ni de la República y sus virtudes. Él está en otra cosa, se está columpiando.

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(*) Nota de la Redacción: Con posterioridad a la publicación de esta columna, se hizo llegar el informe de Contraloría aludido, que fue pedido por el senador De Urresti (PS). Dicho informe de Contraloría fue publicado el 27 de enero de 2015 y concluye que: “en lo concerniente a las eventuales faltas al principio de probidad administrativa del Director Nacional del INJUV, no se advierten antecedentes que permitan sostener que el señor Preuss Herrera haya incurrido en alguna de las causales de incompatibilidad previstas en la normativa vigente, respecto de la sociedad Comunicaciones Paréntesis S.A., como tampoco consta su vinculación con el movimiento Fuerza Pública (numeral 2.2)”.
Respecto de la participación de Nicolás Preuss en Fuerza Pública el único antecedente que hay es un pantallazo de un tuit publicado por este el 7 de octubre de 2013: “@NicoPreuss Ya matriculado en @FuerzaPublicacl súmate #FuerzaPública”. Finalmente, Nicolás Preuss participó en la campaña a diputado por el distrito 23 de Sebastián Sichel el 2013, según reportaron varios medios, pero no como el jefe de ésta.

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