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Las bolsas (y una crisis) con características chinas

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Por: Álvaro Etchegaray, nvestigador asociado CELC – UNAB


Señor Director:

Tras una débil recuperación, esta semana el mercado bursátil chino volvió a generar incertidumbre mundial con una caída de 8,5% –el lunes recién pasado– del índice de la bolsa de Shanghai, ya debilitada por una fuerte caída el pasado 8 de julio. El potencial efecto en Chile ha generado inquietud, ya que China es nuestro principal socio comercial y comprador de cobre.

Pero ¿qué ocurre en China? ¿Existen razones estructurales detrás de estos vaivenes financieros? La respuesta oficial apunta a un efecto de la nueva política económica, o “Nueva Normalidad”, que busca desacelerar las tasas de crecimiento económico que catapultaron al gigante asiático al estatus de segunda economía mundial, enfocada ahora en consumo interno, manufactura de mayor valor agregado y apertura financiera.

El problema de fondo radica en cómo una estructura de gobierno –hoy mucho más sofisticada que la burocracia de los 80– debe, sin embargo, conciliar el sistema administrativo centralizado y estatista dirigido por el Partido Comunista, con la adopción de sistemas financieros y bancarios en que las fuerzas del mercado tienen mayor preponderancia en la asignación de recursos. A pesar de las declaraciones del gobierno, dicha “transición de poder” no se ha producido sin inconvenientes. Si antes los líderes chinos podían implementar cambios en políticas económicas sin escuchar a otros actores, hoy la ecuación es más compleja.

Las reacciones de una demandante clase media, de millones de profesionales graduados al año en busca de empleo y 650 millones de personas conectadas a internet móvil, hoy son consideradas por el gobierno al implementar cambios. A esto se suma un mercado financiero más sofisticado que, aunque poco expuesto a inversionistas extranjeros, cuenta con inversionistas institucionales e individuales que reaccionan a informaciones o rumores sin considerar las directrices del gobierno.

Todo esto se convirtió en un dilema para la administración de Xi Jinping y Li Keqiang, que a pesar de anunciar que daría más espacio a las fuerzas del mercado para operar, no podía dejar que ello derribará las bolsas de comercio del país, la confianza de inversionistas institucionales, pero especialmente los ahorros invertidos de inexpertos inversionistas minoritarios.

Aunque es de esperar que las poco convencionales medidas de rescate a la bolsa -como prohibición de transar y vender numerosas acciones- no se repitan con la misma intensidad, es probable que el gobierno chino busque garantizar la estabilidad de la economía por sobre cualquier promesa de reformas. Su credibilidad ante los ciudadanos y el temor ante un descontento masivo siempre tendrán prioridad por sobre las expectativas de inversionistas externos o internos.

¿Qué lecciones puede sacar Chile? Nuestra dependencia del consumo chino de nuestro cobre, más las crecientes exportaciones agrícolas y forestales, deja a Chile especialmente susceptibles a estos vaivenes de la economía asiática. Y, aunque ya no vuelvan los altos precios del super ciclo de commodities que disfrutamos hasta hace poco, la fuerte inversión en urbanización que vivirá China, con al menos 250 millones de personas moviéndose a las ciudades, y su creciente demanda por productos agrícolas, seguirá dando respiro a la economía chilena. En tanto, Chile debe buscar con mayor agresividad diversificar su economía e invertir en investigación aplicada, porque el apetito chino no siempre estará ahí para demandar nuestros recursos.

Álvaro Etchegaray
Investigador asociado
Centro de Estudios Latinoamericanos sobre China (CELC)
Universidad Andrés Bello (UNAB)

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