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Macri, en la senda de Frondizi y Alfonsín

por 23 noviembre, 2015

"El peronismo sumó un nuevo tropezón a la serie de sinsabores con que se cierra su cuarto ciclo en el gobierno nacional, el más prolongado, no el más trágico, pero contra lo que la mayoría de ellos preveía, tampoco claramente el más exitoso y memorable".
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¿El nuevo ciclo será realmente diferente del que se cierra? Depende para empezar que la alegría de unos no sea a costa de otros, para que el faccionalismo de paso a la convivencia. Segundo, de que el regreso del pluralismo no quede asociado a la escasez y al gobierno débil.

Como es obvio, ambas condiciones se entrelazan. Una política que quiso ser “todo para todos”, monopolizando soluciones y con ellas la obediencia, que horadó las bases de la democracia abusando de sus instrumentos, llega a su fin. Da paso a otra que deberá esmerarse en usar bien los pocos recursos que aquella dejó, más los que esta pueda conseguir, para tejer relaciones más sanas y equilibradas con la sociedad y atender prioridades.

Pluralismo y escasez, es bueno tenerlo presente, no son fáciles de conciliar. De allí que en el pasado muchos ciudadanos, ricos y pobres, hayan deseado una hegemonía, un amo que proveyera lo necesario. Ahora tenemos que volver a aprender a vivir en una república, y descubriremos pronto que hacerlo tiene sus costos, por los frenos y la constante exigencia de acuerdos. ¿Seguiremos siendo tan optimistas como hoy cuando choquemos con esos problemas?

El nuevo gobierno ha prometido desarrollo y modernización de un lado, democracia y república del otro. Pero los acentos y prioridades todavía están por verse. Tampoco sabemos cómo se plantarán frente a él los demás actores: ¿quiénes se sumarán o colaborarán y quiénes se destacarán en la oposición? Y esto también está entrelazado, porque según con quiénes se choque terminará también de definirse la identidad y orientación del gobierno.

Y aún hay otra incertidumbre: ¿Cuánto pesarán en todo esto las preferencias y decisiones de Macri y sus aliados, cuánto los avatares de la coyuntura y lo que interpreten de ella los demás? Exploremos algunas posibilidades.

El peronismo sumó un nuevo tropezón a la serie de sinsabores con que se cierra su cuarto ciclo en el gobierno nacional, el más prolongado, no el más trágico, pero contra lo que la mayoría de ellos preveía, tampoco claramente el más exitoso y memorable.

Con el fracaso de Scioli han quedado definidas tres facciones en competencia en esta fuerza, los kirchneristas, los pejotistas y los renovadores, cada una con sus recursos, pero ¿cuál se volverá el contradictor de Macri, cuáles los eventuales socios? Y sobre todo, ¿cuánto habrá que esperar para que diriman su disputa por el partido?

En principio parece que los que se van aspiran a encabezar la oposición desde el Congreso. Y puede que eso sea bienvenido por el propio Macri: sería para él un alivio tener enfrente “al pasado”, gente con abundantes cuentas con la Justicia y detestada por el resto de los peronistas. La envidia de Alfonsín, quien por más que intentó no logró que Isabel abandonara su cómoda residencia madrileña. Hasta puede que a más de oposición, los kirchneristas quieran hacer a nivel nacional lo que han hecho estos años sus delegados porteños, ser ellos los que acuerden las leyes que el Ejecutivo necesite, dejando fuera a sus competidores internos. Ello permitiría a Macri superar a Frondizi, quien aunque intentó de mil maneras nunca pudo hacer con legitimidad y abiertamente ese juego con Perón.

El principal obstáculo para que esto funcione es la poca sobrevida que le queda al kirchnerismo. En parte por la derrota que le propinó el propio Macri. Y sobre todo por los abusos y errores acumulados por Cristina, que la debilitan como líder.

Podrá decir que la culpa del resultado es de Scioli, pero éste se mimetizó tanto con ella que invalidó ese argumento. ¿Qué dirigente peronista de peso moverá un dedo ahora ante sus problemas judiciales? ¿Quién en los sindicatos estará dispuesto a defender a sus miles de nuevos y viejos conchabados en todas las oficinas y empresas públicas? La suerte de Cristina y sus seguidores está sellada, si sobreviven como actores mínimamente relevantes será para que quienes los han derrotado ilustren sobre lo que no hay que volver a hacer.

*Publicado en Clarín.com

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