Salud y ciudad
Señor Director:
En pleno marzo, con la vuelta al trabajo, a clases y a todas las actividades cotidianas, en resumen, al retorno de la vida en la ciudad -proceso al que ahora último se sumó el debate por al cambio de horario que desde mayo se aplicaría en el país-, se levanta un tema que cada vez adquiere más relevancia entre los expertos del mundo: nuestra salud y los efectos que sobre ella tiene el lugar donde vivimos. Es evidente que vivir en la ciudad es beneficioso en la mayoría de los casos. De acuerdo a la OMS, mejoras en el acceso a agua potable o alcantarillado, sumadas a la provisión de servicios básicos de salud, pueden hasta duplicar la esperanza de vida en países desarrollados. Sin embargo, según cómo esté diseñada, la ciudad también tiene la capacidad de deteriorar el estado físico y mental de las personas. Basta subirse a un bus atestado de pasajeros por más de dos horas al día, como la mayoría de los santiaguinos lo hace, para entender por qué es necesario atender a la salud urbana.
En este contexto, y para graficar la importancia que tiene el tema a nivel internacional, la semana pasada tuvo lugar en Chile (en la sede de la CEPAL) el segundo encuentro de la Red Latinoamericana de Ciudad y Salud que convocó a especialistas en salud pública y planificadores urbanos de la región, así como de la Universidad de Drexel, Philadelphia, y de la Universidad de Naciones Unidas. Representantes de Chile, Argentina, México, Colombia, Perú, Venezuela, Brasil, México, Honduras y Guatemala debatieron en torno a temas que debieran interesar a todos quienes vivimos en ciudades, que para el caso nacional son nueve de cada diez personas. La discusión se centró en buscar maneras de abordar los problemas de salud que enfrentan nuestras ciudades desde una mirada más amplia, de forma de incorporar a los encargados de planificarla: los planificadores urbanos.
Aunque totalmente novedosos en el contexto nacional, este tipo de encuentros vienen realizándose desde hace unos diez años en países como Estados Unidos, Inglaterra o Australia, probablemente los más avanzados en el área. Son los que han comprendido que buena parte de los problemas de salud pública que enfrentan las sociedades (como el desarrollo de enfermedades no transmisibles, ENT, entre las cuales se encuentran la obesidad, o los derivados por la contaminación del aire), deben ser enfrentados en forma multidisciplinaria, esto es, haciendo converger las agendas de salud, urbanismo y transporte, ya sea facilitando infraestructura para realizar actividad física -como ciclovías o sistemas de arriendo de bicicleta para toda la población-, proveyendo más áreas verdes para ayudar a la salud mental de las personas, de mercados o ferias libres donde se puedan adquirir alimentos sanos y frescos, o facilitando la accesibilidad de atención primaria a los grupos más vulnerables. Está dicho, y las sociedades con los mejores índices en calidad de vida así lo han comprobado: la mejor forma de resolver los problemas de salud ciudadana es de manera integral, que médicos y planificadores urbanos junto con los encargados del transporte y los diferentes actores de una comunidad, incluidos sus habitantes, se sienten a conversar y a planificar de mejor maneras la ciudades, con acceso transversal a infraestructura y oportunidades para mejorar los hábitos y forma de vida.
La tarea es larga, tanto o más que los problemas que deben resolverse. Sin embargo, en algún momento hay que empezar, y una buena forma de hacerlo es junto a los países reunidos en el encuentro de la CEPAL con los cuales compartimos no solo un espacio geográfico e historia, sino también realidades sociales, demográficas y urbanas. Todos tenemos en mayor o menor medida los mismos problemas, pero cada uno, tanto a nivel de políticas como de soluciones urbanas, tenemos ideas que pueden ser exportadas y mejoradas, como el programa Ciclorecreovía que nació en Colombia y que ya lleva casi una década en nuestro país.
Rodrigo Mora V., Investigador Laboratorio Ciudad y Territorio UDP, Latin American Caribean Urban Health