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El proyecto, la guerra y los brujos de Blair

por 8 julio, 2016

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No, Tony Blair, la guerra que usted, Bush, Aznar y Berlusconi declararon a Irak en el año 2003, no ha hecho al mundo más seguro. Una aventura siniestra –como una historia de terror– cargada de consecuencias para la estabilidad de ese país, cuna de la civilización, para esa zona del mundo, y para el mundo en su conjunto.

No era necesario esperar el informe Chilcot para sacar conclusiones de que esa cruzada, como todo el mundo sabe, fue basada en justificaciones erróneas por supuestas armas de destrucción masivas. Usted, como Primer Ministro del Reino Unido, en ese entonces perteneciente a la Unión Europea, podría haber optado por la mejor opción: la paz. Francia (Jacques Chirac) y Alemania (Gerhard Schröder) o Chile (Ricardo Lagos) –entonces miembro no permanente del Consejo de Seguridad– habían hecho esfuerzos sumamente importantes para evitar un conflicto bélico.

Las disculpas tardías que Blair expresa al mundo son innecesarias. La guerra en Irak no fue un error, fue una decisión calculada, un verdadero proyecto entre cuatro jefes de Estado.

El Estado Islámico o Daech se conformó como una reacción a la invasión propiciada por las fuerzas encabezabas por los cuatro aprendices de brujo. Hoy la tragedia afecta al mundo, fruto de la irresponsabilidad de generar conflictos respecto de los cuales no se saben las consecuencias futuras, y se gatillan solo en virtud del interés pequeño.

En nuestros días enfrentamos una fuerza desatada y difícil de controlar. La ceguera y el desconocimiento de las sociedades y culturas que se afectaba, permitieron el escalamiento de un conflicto que en la actualidad alcanza un carácter global.

Una parte de Occidente tiene una gran responsabilidad en un futuro viable y en la pacificación de esa zona del mundo. Las potencias occidentales se articularon como parte del problema, esto demanda de las mismas potencias que contribuyan hoy a la constitución de soluciones, las cuales no pueden ser solo bélicas sino que necesariamente deben ser políticas. Aquello implica promover una mayor comprensión, y mayor apoyo a las culturas y sociedades de Medio-Oriente. Occidente debe entender que el problema generado es un problema de todos. Los atentados, los migrantes forzados, el terror generado, la rutinizacion y banalización de la violencia es un problema común, a cuya solución debemos contribuir todos.

Las disculpas tardías que Blair expresa al mundo son innecesarias. La guerra en Irak no fue un error, fue una decisión calculada, un verdadero proyecto entre cuatro jefes de Estado.

La comunidad internacional debe comprender que las negociaciones de paz, para el territorio en conflicto, no pueden solamente incluir a las principales potencias del mundo. Las sociedades que son víctimas de ese conflicto deben ser incorporadas a la discusión de su futuro. El intelectual de origen sirio, Adonis, señala que “Occidente se aprovecha del clima de guerras y de conflictos que padece el mundo árabe a fin de enriquecerse, intentando de esta suerte escaparse de su crisis económica y social. Trata a los árabes como si fuesen muñecos o marionetas, y no como dueños de sí mismos”.

Solo gracias a una mayor comprensión, a impulsar procesos de desarrollo, a la conformación de sistemas políticos que progresivamente adquieran una mayor convicción democrática, será posible –sobre la base del respeto por la cultura y la tradición de esas mismas sociedades– construir caminos de encuentro y de reconciliación. Un mundo de paz, reflexión, un camino común es el que debemos buscar, una cierta unidad sin borrar lo que somos.

Desde la proclamación por el estado islámico de un "califato" en las fronteras de Siria e Irak, en junio de 2014, y la lealtad de la secta Boko Haram, en 2015, el diario galo Le Monde ha identificado 169 actos terroristas cometidos por la organización o "filiales" en 23 países, que mataron a más de 2.800 personas. Ojala en el futuro, haya líderes suficientemente inteligentes para no aventurarse en la brujería sin saber cómo controlar las consecuencias de sus propios actos. Blair y compañía no lo fueron.

La columna vertebral de la acción internacional debe estar basada en la búsqueda permanente de soluciones por la paz, la seguridad, el desarrollo inclusivo y sostenible global, la solidaridad hacia cada pueblo y el respeto de las culturas que son riqueza de la humanidad.

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