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Iván Fuentes: nuestro diputado House of Cards

por 15 julio, 2016

Iván Fuentes: nuestro diputado House of Cards
No hay que ser muy instruido para darse cuenta de que, tras los antecedentes entregados a 'Informe Especial', hay también una compleja operación política que busca empatar situaciones en los extendidos problemas del financiamiento de la política. Pareciera que el ideólogo del pendrive entregado en la portería de TVN quisiera instalar que, si la opinión pública considera inocente y víctima a Fuentes, ¿por qué no a todos los otros?
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En un acierto tuitero, el senador Alejandro Navarro, calificó al ex dirigente gremial de los pescadores y líder de las revueltas de Aysén, Iván Fuentes, como el Peter Russo chileno.

Los parecidos son montones con el personaje de la primera temporada de la serie House of Cards. En aquella, Russo era un novel diputado, con redes en el movimiento sindical de los astilleros, lleno de pecados e inocencia, que cae en manos de un manipulador como Frank Underwood, que primero lo alza, después lo utiliza para una compleja operación política y lo deja caer como un residuo sólido.

Iván Fuentes, a quien unen con Russo sus redes en un movimiento local y sindical y cierta inocencia para ver la política, volvió a estar en las primeras planas. Pero esta vez ligado a un nuevo frente en los problemas de financiamiento de la política.

Un reciente reportaje de 'Informe Especial' –hecho con toda la espectacularidad que implica liquidar en horario prime a uno de los pocos diputados queridos que hay en la Cámara– mostró datos sobre financiamiento a Fuentes en la época en que era dirigente sindical y luego en su campaña parlamentaria, dando a entender que hubo triangulación de dineros gestionada por Patricio Walker.

No hay que ser muy instruido para darse cuenta de que, tras los antecedentes entregados a 'Informe Especial', hay también una compleja operación política que busca empatar situaciones en los extendidos problemas del financiamiento de la política. Pareciera que el ideólogo del pendrive entregado en la portería de TVN quisiera instalar que, si la opinión pública considera inocente y víctima a Fuentes, ¿por qué no a todos los otros?

Iván Fuentes, en una reacción que solo nos recuerda a otro Iván (Moreira), reconoció haber recibido dicho financiamiento y, con una expresión que refleja que no ha perdido nada de los tiempos en que movía como manada y cardumen a los aiseninos, se despachó una verdad enorme: “Las campañas las financian los ricos, no tapemos el sol con un dedo”.

Pero, a diferencia de Peter Russo, en esta historia real  Fuentes no muere, aunque también se ha convertido en un peligro público para ciertos padrinos de la política. ¿Qué le pidieron a cambio? ¿Qué pecado personal pueden tenerle guardado para que no siga hablando? ¿Si para un tercero se recaudan 15 millones, cuánto se recauda para sí mismo? La lista de preguntas resulta interminable. Además del dilema de la sociedad que buscaba instalar el filtrador: ¿por qué perdonamos a Iván Fuentes, si cometió el mismo pecado que el resto, a quienes la opinión pública ya ha condenado como culpables de todo tipo de pecados de financiamiento?

Un segundo punto es que para los Fuentes-Russo es muy difícil acceder al poder por sí mismos y, por tanto, sus ideales de cambio y transformación del mundo y también sus ambiciones, dependen, para ser concretadas, de padrinos ya instalados en la selva política, que saquen cuentas alegres con su potencial como figuras prístinas y procedan a adoptarlos. Como se dice en los cafés elegantes detrás del Ministerio de Hacienda: “Hay que comprar acciones ahora antes que suban”.

Tras esta historia hay dos asuntos hipócritas de los que no se ha hablado lo suficiente.

El primero es que la política requiere dinero, y las maneras en que se han obtenido no han sido siempre las más prístinas. Y más aún, como dijo en su momento el diputado UDI Ernesto Silva, no es un asunto solo de la UDI, sino de toda la clase política. Que los empresarios tengan una simpatía natural por los herederos de Jaime Guzmán no significa que sean los únicos receptores de su cariño.

La razón es muy sencilla: las campañas son caras y los empresarios siempre querrán, de manera natural, estar cerca de quienes toman decisiones. Esto ocurre en todas las democracias y es un síntoma de una enfermedad que ocurre en todo el mundo. Pueden leer con detalles las críticas a Hillary Clinton sobre la cercanía de Wall Street con su campaña y cuán generoso han sido este para financiarla.

Por otro lado, a medida que aumenta el descrédito y la apatía electoral, se hace más difícil y más caro financiar una campaña. Ya son muy pocas las que podrán contar con voluntarios para hacer puerta a puerta o flamear banderas, pues el desprestigio se ha instalado, por lo que se depende más del marketing, las estrategias territoriales y la nueva estrella: los medios digitales. También, siguiendo la tendencia de los países desarrollados, se ha profesionalizado la gestión de campaña.

Los cambios legislativos buscan evitar el vínculo entre empresarios y candidatos simplemente prohibiéndolo, en vez de transparentarlo y regularlo. Pero, como no se pueden hacer cargo de las curvas de oferta y demanda que se dan en el mercado político, aparecen nuevas maneras de hacer llegar dinero a las campañas.

Un segundo punto es que para los Fuentes-Russo es muy difícil acceder al poder por sí mismos y, por tanto, sus ideales de cambio y transformación del mundo y también sus ambiciones, dependen, para ser concretadas, de padrinos ya instalados en la selva política, que saquen cuentas alegres con su potencial como figuras prístinas y procedan a adoptarlos. Como se dice en los cafés elegantes detrás del Ministerio de Hacienda: “Hay que comprar acciones ahora antes que suban”. Existen muy pocos self made men en política en Chile, Gabriel Boric debe ser uno de los pocos que está en el Congreso sin deberle nada a nadie.

Y, por cierto, pese a todo el entusiasmo y las frases de autorreferencia, tampoco en los que llegaron por sí mismos se puede incluir a Revolución Democrática: no habrían tenido diputado si no se hubiese omitido la Nueva Mayoría en el distrito de Santiago y, probablemente, tampoco tendrían estructura si el Gobierno no hubiese sido generoso en la provisión de empleos fiscales a sus militantes y condescendiente con su espíritu de “colaboración crítica”.

La verdadera razón de fondo de la mala onda que reciben de sus antiguos protectores es que, como respuesta a tanta generosidad, simplemente hicieron “perro muerto” y no pagaron la cuenta, como si lo está haciendo hoy Iván Fuentes.

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