Plebiscito y Colombia
Señor Director:
El reciente triunfo del “No” sobre el acuerdo de paz en Colombia, ha llevado a muchos analistas y gente vinculada con la discusión pública al lamento por las decisión que toma el pueblo; en este sentido, y de acuerdo a la experiencia que entrego Brexit, ellos(as) nos dice: “la “democracia ha fallado”, “estos son los riesgos de la democracia directa”, “el pueblo se equivoca”, “el pueblo eligió la guerra y la muerte”. Contra tales conclusiones apresuradas, es posible sostener la vigencia y fuerza de la democracia, asimismo, de la importancia que el pueblo decida asuntos importantes, sin perder, por supuesto, la capacidad crítica o ser ciegos ante los hechos.
Primero, que en el plebiscito haya ganado la opción del “No”, no sólo debe hacernos reflexionar sobre el fondo de lo debatido, sino también de la forma o la herramienta utilizada para que el pueblo decida. En este sentido, dicho instrumento “democrático” nos ofrece de modo único dos opciones posibles, a saber: “Sí” “y “No”. Lo problemático es, entonces, que temas tan delicados no pueden ser reducidos tan fácilmente a éstas dos alternativas. Así, es de esperar que muchos ciudadanos tengan matices, discrepancias, observaciones y opiniones distintas y diferentes a las dos alternativas poco atractivas del plebiscito.
Segundo, calificar el triunfo del “No” y la alta abstención ciudadana como una derrota de la democracia, nos dice mucho de los modos que estamos pensando la democracia. Dicho de otra manera, entender la democracia como un momento o un asunto que ocurre cada cierta cantidad de años (elecciones, plebiscito y consultas) y no como un ejercicio permanente, la sorpresa no puede ser una reacción que nos pueda embargar. De este modo, materias tan cruciales como los enunciados deben estar precedidos por fuertes y constantes procesos de debates ciudadanos, diálogos de las diferentes posiciones y perspectiva, antes de la consulta popular.
Finalmente, las sentencias sobre la capacidad de decisión del pueblo y las falencias de los mecanismos de participación directa son conclusión superficiales y aceleradas sobre la importancia de la democracia. Lo anterior, nos debe hacer pensar sobre los modos y herramientas deficitarias que tenemos para que el pueblo decida, puesto que, aún, es posible argumentar la fuerza de la democracia.
Benjamín Gajardo
Profesor de Derecho de la Universidad Andrés Bello