jueves, 21 de octubre de 2021 Actualizado a las 16:00

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No más Rodeos

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El senador Girardi ha presentado un proyecto de ley que pretende prohibir el Rodeo, lo que ha generado molestia entre sus cultores. Ellos se han opuesto a esta moción señalando que el Rodeo es una tradición nacional que merece ser respetada.

En efecto, el Rodeo es una actividad que se realiza en Chile desde la Colonia. Sin embargo, sus partidarios deben desechar esta defensa. La pura apelación acrítica a la tradición no es un buen argumento. Las tradiciones deben ser analizadas en su mérito. Por cierto, ellas dan contexto y sentido a las comunidades de las cuales participamos, pero deben ser puestas en revisión crítica permanentemente porque hay algunas que no son buenas y debieran ser discontinuadas.

También es posible que los partidarios del Rodeo se estén viendo tentados a recurrir a otro argumento que -vaya paradoja-, es comúnmente utilizado por el senador Girardi en relación con el aborto. Ese argumento sostiene que en materias donde existe controversia ética no se debe imponer una moral particular. Sus apologistas podrían, en efecto, señalar que la actual legislación no obliga a nadie a practicar el Rodeo, sino que únicamente entrega la posibilidad de elegir según las propias convicciones: al que le guste, que lo practique, y al que no le guste, que no lo haga. Que cada uno haga con su novillo lo que mejor le parezca. Más tentador aún se hace este argumento porque podría encontrar aliados entre aquellos que personalmente aborrecen este deporte, pero que están dispuestos a tolerar socialmente su práctica. En efecto, éstos dirían que como amantes de los animales están en contra del Rodeo, pero que como ciudadanos de Chile no apoyan su prohibición.

Lo importante en una democracia es debatir sobre lo que realmente está en juego. Así bien, materias como el aborto o el rodeo no pueden abordarse apelando acríticamente a la tradición ni reduciendo todo a la libertad de elegir. Esta forma de argumentar enfurece al adversario, llena a las partes de resentimiento, y no permite entrar en un diálogo fructífero.

Pero, por tentador que pueda parecer, este argumento también debe ser desechado. Tampoco puede resolverse adecuadamente este asunto apelando a la incapacidad de alcanzar un acuerdo moral completo sobre él. Por el contrario, las leyes de la sociedad son, en gran medida, ejemplificación de la prevalencia de algunas concepciones morales sobre otras, incluso enormemente disputadas entre ellas. Eso ocurrió, por ejemplo, cuando en Estados Unidos se prohibió la esclavitud.

¿Cuál es la salida?

Lo importante en una democracia es debatir sobre lo que realmente está en juego. Así bien, materias como el aborto o el rodeo no pueden abordarse apelando acríticamente a la tradición ni reduciendo todo a la libertad de elegir. Esta forma de argumentar enfurece al adversario, llena a las partes de resentimiento, y no permite entrar en un diálogo fructífero.

Y es que estas y otras materias sólo pueden ser resueltas correctamente deliberando acerca de la naturaleza y el valor de los bienes en juego. En efecto, no podemos resolver sobre el aborto sin antes hablar sobre eso que está en el vientre materno y su valor, aun cuando discutamos excepciones excepcionalísimas. Y no podemos resolver tampoco sobre el Rodeo sin preguntarnos lo mismo sobre los animales que participan en él. Y el senador Girardi tendría que estar dispuesto a entrar, sin más rodeos, en esta discusión de fondo, porque de otra manera uno podría pensar que en estos asuntos está en contra de imponer una moral particular, a menos, claro está, que se trate de la suya.

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