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Vitacura la vieja: testimonio de una vecina

por 12 octubre, 2016

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Hace 22 años que llegué a vivir en Vitacura. En este período se ha construido una autopista, y un parque al lado del río, así como muchos, muchos edificios. Se ha construido también un edificio para la municipalidad. Básicamente se ha usado, para el progreso de la comuna, cemento, cemento, cemento. El progreso concebido como la acumulación de cemento, la densidad poblacional inorgánicamente. Al mismo tiempo la municipalidad ha desarrollado actividades para sus vecinos, de todo tipo, todo el tiempo. Esas dos cosas marcan la evolución de la comuna.

Vitacura y la gente que vive ahí, tiene el bolsillo de un lugar desarrollado, pero la demanda de comuna que corresponde a una sociedad tradicional. Hay una profunda contradicción, atraso, en la puesta al día del bien común que produce la comuna de Vitacura, que se comporta como si tuviera la mitad del ingreso per cápita que tiene.

Me tocó vivir casi una década en un pueblo chico en un barrio emergente donde vivían principalmente trabajadores de fábricas (clase obrera), empleados no calificados y gente que vivía del subsidio, en un país del primer mundo. Eran unos edificios similares a los que hay en Vitacura a la orilla del río en la costanera sur, que aquí se venden como vivienda exclusiva de lujo, pero así y todo no tienen todo lo que tenían aquellos, por ejemplo, un centro comunitario con piscina temperada, canchas deportivas, un centro de eventos (para ese barrio). El barrio permitía que los niños se fueran al colegio sin pasar por una calle con autos, con un camino seguro. Nadie organizaba nada desde el municipio, pero los espacios estaban abiertos para que los vecinos organizaran lo que ellos querían. Había siempre actividades convocadas por distintos tipos de grupos.

Cuando la élite no sabe cuál es el desarrollo al que queremos llegar, y Vitacura es la imagen del desarrollo, entonces los problemas que tenemos es que necesitamos una elite que tenga una imagen del desarrollo que nos permita crecer considerando al “otro”, no ignorándolo.

No existe en todo Santiago ningún desarrollo urbano que se le acerque, y eso que allá estaba pensado para un grupo social socioeconómicamente parte de la clase trabajadora.

A ello se le agrega que en su conjunto esta pequeña cuidad en que vivíamos tenía definidas claramente las zonas industrial, comercial y residencial.

Vitacura en estos 22 años no tiene un concepto a largo plazo de sus espacios y los fines de esos espacios. La avenida Vitacura es un basural de fines donde se mezcla lo comercial con lo habitacional y lo industrial (la venta de autos que, en la mayor parte de las ciudades en que me ha tocado vivir, no están en medio de lo habitacional), esa avenida está dejada a la buena de Dios, lo que a cada cual se le pueda ocurrir, eso es lo que sucede. O más bien la regulación comunal permite lo humano y lo divino en la avenida Vitacura. La estética de la comuna queda definida en la Avenida Vitacura, una comuna que ha vendido su alma al dinero fácil que pagan las empresas a la municipalidad por ocupar la avenida Vitacura. Un botón de muestra de su subdesarrollo.

Luego, para qué decir, la circulación es fatal en los nudos de la comuna, con casi nula preocupación por la calidad de vida de los ciudadanos. Lugares donde, desde que llegué a la comuna, se sabe que son lugares de tacos, ahí están, siguen siendo tacos. Lugares donde se deja construir un número alto de viviendas en altura, sabiendo que causarán más tacos, pero no se construyen primero las vías para circular. Es definitivamente poco inteligente que se deje que eso suceda durante décadas, sin hacer nada. Habla mal de la comunidad, de sus habitantes, de sus autoridades. La gente que tiene un ingreso per cápita de un país desarrollado, tiene una calidad de vida de un país subdesarrollado. Es decir, su ingreso per cápita no es suficiente para superar el subdesarrollo. Hay un serio problema de la vida comunitaria. No hay comunidad, no hay demos, comuna, como dice su nombre.

Los habitantes de Vitacura suelen declarar que la comuna es “fantástica”, “la mejor”, “muy buena”. El ejemplo comparativo, incluso en la campaña del incumbente, es que es “la comuna con la mejor calidad de vida”. Vaya que no fuera, con el ingreso que tiene, podría ser 10 veces mejor.

Sin duda, comparada con comunas más pobres, como La Pintana, donde viví en los años 70, Vitacura es un avión a chorro. Pero si comparamos el grado de desarrollo con el bolsillo per cápita de los habitantes de ambas comunas, Vitacura y La Pintana, es posible que por cada peso de ingreso, en la Pintana se logre más que en Vitacura. La Pintana se ha aperado de cemento, mientras Vitacura no ha sido capaz de salir de la etapa de desarrollo del cemento, sigue creyendo que el desarrollo es puro cemento.

En materia de propuestas, no he conocido otro alcalde que el actual, suceden elecciones tras elecciones, no se presenta una verdadera elección, ni propuestas innovadoras, sino más bien la ratificación de lo ya existente. Es el mundo estático, donde no hay progreso, propuestas, innovación, más que la idea de más cemento.

El edificio de la municipalidad es la imagen de este tipo de progreso que implica rodearse de más cemento. Con el clima que tenemos ese edificio no tiene sino lugares donde el sol se refracta para hacer incómodo estar afuera. Es un edificio falsamente “moderno”, porque parece moderno, pero no es funcional, eficiente, ni cómodo. Es la imagen misma de lo que la comuna cree que es, rimbombante desde lejos, pero no amigable desde cerca y con mala calidad de vida para los que se acercan a ella. Un edificio nuevo en que a poco andar ya no son suficientes los estacionamientos.

Es una comuna que no piensa en el futuro y la evolución. Construye un edificio que ya no cumple bien todas sus funciones. Pienso en los edificios de las cientos de ciudades que hay en Europa que siguen siendo los edificios comunales siglo tras siglo. Esa era gente que tenía sentido del tiempo. Aquí no, al construir miramos el presente, no el futuro.

Esta es la comuna donde se concentra más elite que en cualquier otra en todo el país y eligen a la misma persona, sin innovación alguna en el desarrollo comunal, sin alternancia, sin tiraje de la chimenea.

Por cierto que es sintomático de lo que pasa en el país, el que la propia élite no tenga interés en la innovación, el desarrollo. Mantiene lo que hay. Me pregunto cuál es el motivo de no elegir a una persona joven con ideas nuevas. ¿comodidad? El progreso nunca es comodidad, sino solo desafíos. Vitacura no tiene progreso, tiene cemento. El progreso es algo armónico, sustentable, amigable, racional, compartido y bueno para la mayoría, no para unos pocos. El progreso no tiene solo cemento.

Vitacura es una comuna de gente rica con un desarrollo pobre. No piensa en sus ciudadanos, sino más bien se desarrolla por las oportunidades de ingreso y negocio que se le ofrecen. Es el desarrollo sin plan futuro, donde primero sucede un herido en un cruce y luego se pone el semáforo. El borde del río es quizá su mejor ejemplo. En él hay iniciativas privadas, comerciales, pero no un diseño de la comuna. No es un borde del río con un parque donde hay restaurantes, sino un mall de restaurantes sin parque, donde no hay una costanera pública. Imposible caminar a ninguna orilla del río sin toparse con los desarrollos inmobiliarios. Podría perfectamente haber sido una linda costanera con restaurantes y lugares de esparcimiento intercalados, que no le quitaran la condición de público. Pero no, el bien común no es lo común en Vitacura, lo que es común es el bien privado. La comuna está definida por el bien privado que define también a la elite que la habita. Es la maximización del bien privado por sobre los intereses del bien común.

Es como si el mensaje de la elite que la habita fuera la radicalización del bien privado, donde el bien común casi no tiene lugar. Existen en Vitacura los “negritos” de Harvard, como es el nuevo parque, la excepción que hace la regla. Basta con ver cómo se llena para saber que la demanda de calidad de vida no está bien representada, ni en Vitacura ni en la Región Metropolitana. El pasado domingo, haciendo campaña por una amiga, encontré habitantes de Huechuraba, Renca, Quilicura, Las Condes, Providencia y casi nadie de Vitacura.

Al mismo tiempo y de manera contradictoria con esa radicalización del bien privado, la municipalidad tiene la mentalidad de que es el Estado el que tiene que proporcionar las actividades. Como me mencionaba una vecina, lo fantástico que eran las ofertas para la tercera edad, todas las actividades que había. Así como la “gran cantidad” de actividades culturales que ofrece la municipalidad, todas comerciales, la cultura como exclusivamente un bien privado, no colectivo. Exactamente. Precisamente. El Estado no es el que debe estar a cargo de lo que hacen los vecinos. Son los vecinos los que deben estar haciendo actividades en un lugar con un concepto avanzado del desarrollo. Esta elite radical para el bien privado, sustituye todo lo que no es privado con el Estado. ¿Los habitantes de Vitacura necesitan el subsidio del Estado para organizar actividades para la tercera edad? ¿Deja la elite abandonados a sus viejos, y le pide al Estado que haga el trabajo? ¿Qué tipo de sociedad queremos ser? ¿Esa?

El bien común, los bienes colectivos, el asociarse, el interactuar, el intercambiar, el vivir en comunidad, son parte sustancial del desarrollo y la calidad de vida. Abordar los problemas del crimen, la salud desde un punto de vista solamente individual, de la relación uno a uno del ciudadano con el Estado, no es posible en la vida moderna, son los grupos humanos los que deben hacerse cargo de sí mismos con el apoyo, pero ellos mismos. Tenemos en Vitacura un sentido atrasado del desarrollo, creyendo que hay solo dos tipos de bienes, los privados que se maximizan tan bien y los públicos que los hace la alcaldía. Pero el bien común, que es la construcción del todo, no sé dónde cabe en esa concepción. El patrimonio, la solidaridad, la estética, los bienes colectivos no tienen expresión, están por ahí subsumidos en el olvido y la falta de interés en una ética del desarrollo que refleja una comuna que prefiere más de lo mismo. Es cómodo no cambiar.

No tiene un desarrollo inmobiliario moderno, donde a la par con la construcción viene la infraestructura. No, en Vitacura prima la iniciativa de las inmobiliarias, que como empresas están dedicadas a la innovación y desarrollo, la comuna hace lo que las inmobiliarias proponen, no lo que la comuna demanda. Somos el resultado de las inmobiliarias. Algunas cosas acertadas, otras monstruosas.

Mientras tanto creemos que esto es el desarrollo, o nos hacen creer que esto es el desarrollo. Vitacura no preserva el patrimonio.

A Vitacura no le interesa la transparencia y la probidad. Como comuna elite que es, no ha desarrollado mecanismos de transparencia para informar a los vecinos a tiempo para que opinen y participen en los nuevos desarrollos. Los permisos de construcción se hacen entre gallos y medianoche muchas veces, y los vecinos tienen que esperar 20 días legales para tener la información, cuando ya el permiso esta oleado y sacramentado.

La experiencia de la suscrita es públicamente conocida a este respecto. Es como si informar al vecino fuera en contra de los intereses de la comuna. Los que presentan el proyecto, y la municipalidad prefiere proteger el proyecto, y no le interesa que el vecino opine. Desde luego que el bien común no tiene quién lo defienda en esas circunstancias. Es una actitud incorrecta en el mundo moderno, donde las decisiones deben tomarse de acuerdo a la paridad de información, no a la disparidad de información. Es la disparidad de información la que hace la desconfianza. De esta manera, Vitacura contribuye a la desconfianza.

Sin duda que la municipalidad actúa de acuerdo a la ley. Pero en este país se han cometido enormes injusticias y aberraciones blandiendo la legalidad. El esconderse en la legalidad no ha probado tener aplauso de parte de la ciudadanía. Desde luego que la elite tiene que ser más papista que el Papa y tener estándares intachables mucho más allá de las exigencias legales.

Me dijeron en Twitter que el alcalde es de “lujo”. O sea, no hay demanda de nada mejor. Eso es muy deprimente, el conformismo con lo que hay, como si no fuera posible algo mejor.

Dicen que es la comuna con más áreas verdes, como si fuera un logro, en un país donde en cualquier encuesta la queja por lugares de tiempo libre es a gritos y vociferando. Un país que triplica su PGB en 20 años y construye un 15% más de áreas verdes, en ese contexto: ¿tenemos más y eso es fantástico? Qué mediocridad.

Qué hay de las canchas de fútbol por doquier, las piscinas temperadas por barrio, centro de eventos gratuitos para organizar actividades de vecinos por barrio, que hay del patrimonio cultural que no sean eventos comerciales, que hay de las actividades solidarias de Vitacura con otras comunas, que hay del compartir la abundancia, en un país donde hay escasez.

Vitacura podría tener unas dos comunas hermanas en la Región Metropolitana, podría haber eventos para compartir bienes desde Vitacura hacia las comunas. Una bolsa de ropa para los niños, una bolsa de muebles que uno ya no usa, una bolsa de juguetes y equipos de deporte, donde hay muchos sistemas bien implementados en otras partes del mundo. Podríamos ser la comuna más solidaria de Chile, tener una imagen amigable, solidaria. No nos hace falta más que la iniciativa para ello. No estamos hablando de caridad para los pobres, estamos hablando del compartir de una sociedad moderna desarrollada, donde los que tienen más solidarizan con los que tienen menos. Una condición civilizatoria mínima.

En fin, son muchas las cosas que en Vitacura no se han hecho, no se hacen, no se proponen. La comuna no es de lujo, el lujo lo tienen en sus casas los ciudadanos, pero no la municipalidad, ni la alcaldía, y con todo respeto sobre todo no su alcalde, que tiene su tiempo ya más que cumplido.

Aspiro a la alternancia en el poder en Vitacura, a que una nueva autoridad pueda mirar el trabajo comunal como la construcción de un “demos”, que le dé ejemplo al país como corresponde en una comuna de elite.

Sin duda que es políticamente incorrecto hablar del desarrollo de la comuna más rica de Chile, cuando hay tanta desigualdad, discriminación y el país no ha podido desmantelar la pobreza, pero ese es precisamente el punto. Cuando la élite no sabe cuál es el desarrollo al que queremos llegar, y Vitacura es la imagen del desarrollo, entonces los problemas que tenemos es que necesitamos una elite que tenga una imagen del desarrollo que nos permita crecer considerando al “otro”, no ignorándolo.

Finalmente, respecto del voto, solo queda decir que no es interesante ir a votar cuando la elección no es una elección. Para votar se necesita saber que el voto de uno cuenta, que es posible cambiar las cosas con el voto. Y uno de los mayores detractores del voto hoy, en estas elecciones, es que con el voto no podemos cambiar casi nada. Vitacura es el reflejo de lo que es el país.

Ni hablar de la innovación en la manera de hacer campaña, cero iniciativa ni innovación, los mismos carteles que en los años 60. La comuna podría haber puesto unos grandes pizarrones, bien diseñados para que todos los candidatos pudieran poner sus informaciones, en puntos neurálgicos, abordando la campaña racionalmente, de acuerdo al electorado que ahí existe. Pero no, la campaña es como si fuéramos todos analfabetos y necesitáramos fotos gigantes de los candidatos para enterarnos de quién vota. Lo peor es creer que el que no vota le gustará la contaminación visual que implica ese despliegue y puede, por arte de magia o del espíritu santo, llegar a votar.

El domingo pasado fuimos un grupo de amigos a hacer campaña por una amiga, y ante la sorpresa de muchos que nos preguntaban cuánto nos pagaban, todos los otros “activistas” eran pagados. El marketing no puede sustituir la integridad de la política que consiste en creer en alguien, creer que es capaz y que lo puede hacer mejor que el otro. Descansar en la difusión a través del marketing es como descansar en externalizar el cariño del padre y la madre, imposible. El marketing es muy bueno como complemento de una creencia, idea, persona, pero no puede sustituirlo completamente como ha sucedido en la política chilena. Sin convicción no hay política y la fuerza de la convicción es la que hay que transmitir en una campaña. Si no, se transforma en un mero instrumento de empleo por la vía de una convocatoria de marketing.

La política pierde la convicción si solo se transmite con marketing y mercenarios. La falta de convicción llega al punto de que los partidos ya no valen como comunicadores. Sin convicción, la política no tiene integridad. Hay una profunda y directa relación entre la voluntad de construir bien común y la convicción que se transmite, que conlleva la legitimidad de la racionalidad y de la legalidad. Cuando la política se privatiza en el marketing contratado, se diluye la oferta de “bien común” que debería transmitir, y se identifica solo el bien privado, perdiendo legitimidad. Nadie vota solo por los bienes privados que puede obtener. Los datos muestran que Chile quiere bienes políticos, es decir, los que son “bien común”. Esta campaña profundiza la obtención de bienes privados, no comunes, en su comunicación y, por lo tanto, profundiza la crisis de legitimidad de la política.

No olvidemos, además, que más de 200 de los 345 alcaldes que se eligen, postulan a la reelección, con lo cual queda todo dicho respecto de la renovación de la política. Ello, sumado a todo lo que ya sabemos, nos llevará a tener la participación electoral más baja de la historia desde 1990 y casi equiparable a la que había antes del voto femenino en la primera mitad del siglo XX.

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