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La trampa política

por Julio Alejandro Macari 23 octubre, 2016

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Señor Director:

Creo que a los ciudadanos comunes nos parece correcto votar en el distrito electoral de la comuna en que vivimos y no donde no vivimos. También nos parece correcto y razonable que , en un país serio, al solicitar o renovar un documento público como el carnet de identidad se oficialice y actualice la dirección de residencia en forma automática y, de la misma forma, se actualice el distrito electoral que corresponde a cada ciudadano , tanto para votar (electores) , como para ser votado ( candidatos).

Pero la ley dice que el Registro Civil no puede actuar unilateralmente y cambiar la dirección electoral de un ciudadano, sin su consentimiento a menos que así lo solicite. Es más, la dirección electoral se puede modificar “a piacere “ donde más convenga a los intereses políticos de quienes aprueban las leyes, es decir, de la elite política, y esto se está viendo todos los días, lo que constituye una verdadera trampa política para el ejercicio de la democracia.

Con este juego, la clase política se asegura de poder presentar sus candidaturas donde se les da la gana, en pro de sus carreras políticas siempre ascendentes y de los intereses personales o de sus partidos, importándole muy poco los intereses de la ciudadanía.

Esta distorsión ya se ha visto repetidas veces, principalmente en las regiones, donde se presentan candidatos que poco tienen que ver con ellas hasta el momento en que son elegidos. Creo que los casos son tan numerosos y evidentes que no vale la pena mencionarlos.

Es lo que está permitiendo también el ya conocido “acarreo electoral”, como producto del haber permitido la libre e injustificada re-inscripción electoral en los municipios (sin pedir ni la más mínima demostración o certificación de domicilio), distorsionando las tendencias históricas y propias del electorado, principalmente en las elecciones municipales y parlamentarias.

Y esto también ha permitido que aparezcan en algunas comunas, sobre todo entre las pequeñas, un número de electores mayor que el número de residentes y que hasta algunos antiguos residentes en el extranjero viajen a Chile a votar para influir desde afuera en las decisiones regionales en beneficio de sus propiedades, sus negocios, sus amigos o parientes.

Y las distorsiones se siguen produciendo frente a cada elección, colocando a la ciudadanía en un verdadero zapato chino, principalmente en ciertas regiones que han sido invadidas por candidaturas desde la capital y por las consabidas y a veces dudosas candidaturas “ no deseadas”.

¿Cómo poder evitar que aparezcan en cada elección los mismos candidatos de siempre en su carrera itinerante por las regiones del país? ¿Habrá alguna manera de congelarles la dirección electoral en la zona Antártica para no escuchar sus voces delirantes culpando al gobierno de desprolijidad?

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