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Unidad sin la gente… No

por 10 diciembre, 2016

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Durante los últimos meses hemos visto como los llamados partidos emergentes se mueven en dirección de la creación de un frente amplio de izquierdas que sea capaz de superar la dispersión de las nuevas fuerzas políticas del sector y así lograr disputar las elecciones del 2017. Por cierto que, desde Poder Ciudadano compartimos la necesidad  hacia una convergencia que sea capaz de superar al duopolio y, si es a través de la unidad, estamos disponibles. Es más, siempre estaremos dispuestos a construir fuerzas unitarias para derrotar a la casta política que por 30 años han regido los destinos de las ciudadanas y ciudadanos.

Pero este desafío de cambio político que Chile necesita, va más allá del sentido unidad. Estamos frente a la oportunidad de generar un nuevo ciclo político que cambie el eje tradicional de la política nacional. Sin embargo, este elemento no depende exclusivamente de la bien ponderada “unidad”, más bien, tiene que ver con la transversalidad social que tiene Chile, con las diversas identidades que tienen las y los chilenos, más que con las etiquetas viejas de izquierda y derecha como si 17 millones fuéramos un binomio propio del Siglo XX.

De la misma forma que ratificamos nuestro compromiso de unidad, señalamos con fuerza que no estamos dispuestos ser parte de más de lo mismo, no nos interesa ser parte de un Frente de Izquierdas que le haga sentido exclusivamente a un tipo de identidad, que intenta una y otra vez rememorar los mal llamados “tres tercios”, desconociendo las múltiples identidades que están dispuestas a transformar nuestro país. Tampoco estamos disponibles a ser parte de un espacio que niegue el espacio electoral y político a la ciudadanía que se articula desde organizaciones sociales y movimientos para entrar a los espacios de representación a través de candidaturas o incluso a esa ciudadanía, que aún no se organiza o participa de los espacios sociales, más cuando estamos convencidos que es precisamente a esa ciudadanía a la que debemos hablarles e invitarlas a un proyecto transformador.

Es tiempo de construir un frente ciudadano, popular, nacional, democrático y transversal. Evidentemente, que apunte a erradicar el desastre que ha dejado el modelo neoliberal en la vida de millones de chilenos y chilenas con el lucro en la salud, en las pensiones, en la educación. Es decir, una alternativa que proponga una democracia radical, una asamblea constituyente, el fin de la afp y las isapres. Es decir, una alternativa para un nuevo Chile.

Porque es prioridad entender que hoy nos enfrentamos a la disputa entre avanzar en democratizar de manera radical a Chile o seguir gobernados por los partidos del orden, es decir, entre sí el poder está en la gente o está en unos pocos.  Ahí está la esencia de la disputa política actual. Y ese debe ser el primer objetivo en el proceso de confluencia que los grupos emergentes desarrollen.

Por eso, necesitamos con urgencia construir un bloque político dispuesto hacer todos los esfuerzos por ganar, no sólo por competir. Ya no se requieren esfuerzos testimoniales para dejar, exclusivamente, la conciencia tranquila. Debemos construir una alternativa política dispuesta realmente a presentarse con vocación de gobernar, pero desde la gente, defendiendo a esa sociedad transversal, y no desde las élites tradicionales de las izquierdas, comprendiendo que hoy los partidos políticos somos articuladores de las transformaciones que la ciudadanía está exigiendo y no una estructura vertical desde donde bajan las ideas y propuestas, Las propuestas del siglo XXI están en la gente y por tanto, debemos comprender que estas emanan de abajo.

Debemos entonces centrar el debate de un Frente Amplio desde los espacios locales y territoriales, comprendiendo particularidades propias de cada territorio, debemos estar dispuestos a una nueva manera de construir alianzas y políticas convergentes, renunciando a la manera tradicional de hacer política, que tanto daño nos ha generado. Si la política de alianza la hacemos poniéndonos de acuerdo los partidos políticos emergentes, por muy emergentes que seamos, terminaremos construyendo desde la elite y la partidocracia que tanto decimos rechazar. Que cada región construya su propia alianza bajo los marcos democráticos acordados colectivamente, que definan sus candidatos y su política de apoyos, comprendiendo los límites de la ética y responsabilidad, pero teniendo libertad para definir y decidir, independientes de “sus mal llamados líderes y voceros”. Los invitamos a perder el miedo, a construir con radicalidad una democracia comunitaria y participativa. Cuando desde Poder Ciudadano, decimos que el poder debe estar en la gente, lo decimos asumiendo en plenitud lo que esto significa.

Es tiempo de construir un frente ciudadano, popular, nacional, democrático y transversal. Evidentemente, que apunte a erradicar el desastre que ha dejado el modelo neoliberal en la vida de millones de chilenos y chilenas con el lucro en la salud, en las pensiones, en la educación. Es decir, una alternativa que proponga una democracia radical, una asamblea constituyente, el fin de la afp y las isapres. Es decir, una alternativa para un nuevo Chile.

Desde este principio trabajaremos por  levantar una alternativa popular, democrática, ecologista y feminista de carácter nacional y pluricultural, que se parezca a la gente y sus pueblos. Sólo desde ahí, será posible transformar Chile.

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