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Latinoamericanos y caribeños: Yes We Can!

por 10 febrero, 2017

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América latina y el Caribe con Estados Unidos, han atravesado tiempos de tensión y alejamiento a través del tiempo. Desde la Alianza por el Progreso de los años sesenta, pasando por el intervencionismo político descarado, que podría ser resumido en esta frase de Michelle Bachelet ante el Council on Foreign Relations en Estados Unidos el 2008: “¿Cuál es la razón de que en Estados Unidos nunca ha habido un golpe de estado?... ¡porque no hay embajada de Estados Unidos, en Estados Unidos!”. Los años pasaban y la ideología neoliberal del consenso de Washington logró imponer su versión de la economía, la democracia, el orden y la justicia, sin reflexionar las consecuencias que tendrían que pagar muchos pueblos del Sur.

Nadie se imaginaba hace meses atrás la victoria de Trump, menos el presidente Peña Nieto al aceptar la visita en plena campaña electoral del ahora presidente de los Estados Unidos en la capital mexicana. Hoy, es una realidad abrumadora que los países de la región deben asumir con inteligencia, unión y prudencia. Latinoamericanos y caribeños deben tomar este nuevo contexto como una oportunidad. Hoy, no existe ningún patio trasero, no existen alianzas, y en definitiva para Donald Trump no existe el mundo. Frontera y muros, un aislamiento internacional que no debe ser mirado a la ligera.

Parece que el eje del mal del cual hablaba Georges W. Bush tras el 11-09-2001, cambió su domicilio geográfico para instalarse en la Casa Blanca. Trump representa un retroceso de magnitud, provocando rechazo y revuelo en gran parte de la comunidad internacional, pero también en el corazón mismo de las sociedades que defienden los valores de paz, democracia, derechos, dignidad y multiculturalidad.

Respecto de América Latina y el Caribe, Donald Trump será un hombre impulsivo, de poco conocimiento y muchas generalidades, un real cambio en comparación a su antecesor Barack Obama. Efectivamente, durante los ocho años de su presidencia el ex mandatario intentó lograr un acercamiento más horizontal con la región, desde su discurso en la Ciudad de Panamá en la Cumbre de las Américas, hasta su visita a Cuba, sellando el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países después de 60 años. Pero hoy, sabemos que el proteccionismo económico defendido por Trump tendrá consecuencias directas en los países que han abrazado el libre mercado, los cuales dependen en su gran mayoría de la exportación de commodities.

 La voluntad explícita de un presidente recién electo de querer imponer a la justicia una visión anti migraciones, o la de iniciar una guerra comercial con México o la de construir un muro en la frontera del país azteca, es realpolitik? No! Es una simple locura que escapa de toda racionalidad en esta segunda década del siglo XXI.

Por otro lado, el rechazo a la migración por parte del mandatario estadounidense generará dificultades para una región aun en vías de desarrollo. Por ejemplo, en materia de recepción de remesas que en muchos casos representan un soporte importante para las familias y las economías de varios países centroamericanos. Para El Salvador, Honduras o Guatemala, dichos ingresos representan entre 10% y 15% de su Producto Interno Bruto.

La voluntad explícita de un presidente recién electo de querer imponer a la justicia una visión anti migraciones, o la de iniciar una guerra comercial con México o la de construir un muro en la frontera del país azteca, es realpolitik? No! Es una simple locura que escapa de toda racionalidad en esta segunda década del siglo XXI.

Por otro lado, la amenaza de Estados Unidos de retroceder sobre los acuerdos logrados para luchar contra el cambio climático nos exige una mayor coordinación como región. Hoy, no podemos negar el impacto del ser humano en la naturaleza. Trump lo hace, e ira en el sentido contrario de los compromisos internacionales que tanto han costado en las últimas dos décadas, favoreciendo a las empresas extractivas de recursos fósiles.

La ofensiva trumpista, lejos de lograr unanimidad en su propio país, debe tener una reacción rápida de parte de una región aun dominada por grandes diferencias ideológicas. La última cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) celebrada en enero pasado en República Dominicana careció de un número importante de mandatarios, y en el actual escenario, la región no puede darse el lujo de tal ausentismo. A pesar de los futuros procesos electorales, los líderes políticos de América latina y el Caribe deben esforzarse en ir más allá del dialogo político declarativo y hacer lo posible para que las grandes potencias regionales apoyen a México en una reconversión económica con vista al Sur. Se debe intentar reforzar los vínculos extra regionales con la Unión Europea, África, o Asia mediante la Alianza del Pacifico, la cual consiste una verdadera plataforma para los países de la región.

Quizás, en este, uno de los peores momentos, encontremos un buen momento para reforzar los lazos entre América latina y el Caribe con los Estados Unidos. El país del Norte tiene una gran oportunidad hoy de fortalecer sus relaciones culturales, políticas y sociales con el Sur. Hoy, de Estados Unidos no debe importarnos un presidente irracional y narcisista, pero si sus intelectuales, sus artistas, o esos funcionarios y diplomáticos que están renunciando en masa a la nueva administración. Podemos escribir la historia con los que creen sinceramente en esa idea que la posibilidad de un mundo mejor no puede esperar, y menos retroceder.

Las estrategias solitarias solo llevarán a Latinoamérica y el Caribe a perder voz en la escena global en un contexto de reestructuración de un nuevo orden internacional. La mayor amenaza seria la ausencia de una concertación regional para enfrentar los próximos cuatro años. En palabras acertadas del canciller de Chile Heraldo Muñoz: “Ante el proteccionismo, mas integración; ante los muros, puentes”. Desde la diversidad, seamos inteligentes y no débiles. Parafraseando a Mario Benedetti: “…y así entre todos logran, lo que era un imposible, que todo el mundo sepa, que el Sur también existe”.

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