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Todos contra Guillier

por 30 marzo, 2017

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El gobierno nos ha notificado a través de El Mostrador que se cambia de caballo. Luego de meses de bregar con buenas y malas artes para levantar la candidatura de Ricardo Lagos, ahora la corte de Palacio comienza a trabajar por Carolina Goic. Yo no sabría si alegrarme o compadecerme por la presidenta de mi partido. Nadie sabe si quiere un apoyo con tal nivel de incompetencia. El nombramiento del ex ministro Pablo Badenier (ex jefe territorial de la campaña de Bachelet) viene a dar el broche a la confluencia de los operadores de La Moneda hacia la candidatura DC.

Al parecer, estos reubicados “estrategas” gubernamentales han salido a la cancha con especial energía a marcar al mejor jugador del equipo propio, el senador Alejandro Guillier, todo a propósito de un acto de campaña y un discurso que La Segunda tituló como “Andanada de Guillier contra el Gobierno”

En este contexto, creo que bien vale la pena constatar dos situaciones que influirán en la campaña presidencial de este año: Primero, la extrema impericia política ya a estas alturas endémica del actual Gobierno. Segundo, la incapacidad que ha tenido la política tradicional -y en cierta medida los medios de comunicación- de decodificar adecuadamente el fenómeno Guillier.

Sobre lo primero, la impericia del gobierno, parece majadería insistir. Sólo habrá que recordar ciertos hechos para que el lector juzgue. La incapacidad de generar ciertos vínculos y complicidades con el precandidato presidencial por lejos mejor evaluado de la coalición. El ninguneo al senador de los principales ministros. El temprano alineamiento de personeros relevantes del gobierno con la precandidatura del ex presidente Lagos, desarrollando incluso operaciones comunicacionales para respaldarlo. Pareciera como que el gobierno ha hecho esfuerzos relevantes para no tener vasos comunicantes con el candidato más relevante del sector. Como guinda de la torta, una seguidilla de cambios de gabinete parciales e intrascendentes que sólo han sido utilizados para favorecer a los competidores que salen al ruedo a disputar el liderazgo de Guillier.

Aparece un tanto sobreactuado en consecuencia el resentimiento palaciego cuando Guillier formula una crítica.

Lo segundo, la dificultad para leer al candidato Guillier y lo que este está haciendo. Un análisis en detalle excede con mucho el espacio disponible, pero desde el punto de vista de las comunicaciones vale la pena revisar un par de conceptos.

Guillier está hablando con las audiencias, no con las clases dirigentes ni con los medios. Usa los medios, las plataformas digitales, las actividades, los viajes, incluso la calle en sus trayectos, buscando llegar directamente a los ciudadanos, agrupándolos como públicos, saltándose lo más posible plataformas tradicionales. El senador está utilizando técnicas que le permiten establecer diálogos transversales para no depender exclusivamente de interlocutores tradicionales, como medios, parlamentarios, dirigentes, funcionarios de gobierno, etc. Guillier, por más de una década el comunicador más creíble del país, un atributo poco frecuente en la política actual, sabe que el diálogo y sobre todo que las personas se sientan escuchadas resultará clave a la hora de mover a la gente a votar. Y los políticos no están entendiendo eso.

Un ejemplo; la intervención de Guillier en Valparaíso que le valió una capotera de la Nueva Mayoría con La Moneda de guaripola. A diferencia de lo cree el ministro del Interior que responde “declaraciones” del senador, no se trataba de una exposición para la prensa, sino de un encuentro con adherentes cuyo efecto multiplicador principal es que se transmitía por “Facebook Live”. Hasta ahora lo han visto más de 5 mil personas y la cuenta sigue subiendo. Dato interesante: sólo 3 internautas marcaron “me enoja”, que es la categoría que ofrece Facebook para oponerse a algo como esto.

Esta exposición de Guillier dura 25 minutos. Lejos de ser “declaraciones” sobre el gobierno, se trata de un análisis más bien sociológico breve sobre cómo a su juicio ha cambiado Chile y cómo se requiere desde el gobierno cambiar las formas de hacer las cosas. Para ello el periodista recurre a ejemplos en educación, salud, inversión, crecimiento, etc. Reiterando ideas que ya había expresado en su proclamación y en entrevistas de prensa, por ejemplo, que una reforma educacional verdadera debe hacer que ocurran cosas en la sala de clases y no sólo tratar el financiamiento de los colegios. O que las soluciones que ofrece el Estado deben ser construidas desde la ciudadanía y la realidad de las personas y no desde la tecnocracia. Mientras los ministros se enojan porque Guillier cree que la Presidenta mira el país “desde arriba”, el senador habla con la gente de Valparaíso sobre el 75% de jóvenes de la Región que no encuentra trabajo en lo que estudió y cómo hacemos que esos “chiquillos” puedan desarrollar su vocación.

¿Dónde están los votos de Guillier? ¿Entre los que leyeron las réplicas de los ministros en La Segunda o entre los 5 mil que están “favoriteando” y difundiendo la charla en Facebook? Lo que sabemos de sobra es que la generalidad de las personas cree más en sus amigos de la red social que a lo que lee en el diario. Desde la vieja práctica de hacer política enviando recados por los diarios, al intentar dialogar directamente con las audiencias, existe más de medio siglo de diferencia en la forma de hacer política, desde que el los ’60 Kennedy comenzó a usar la TV para saltarse la interlocución política de los congresistas con los electores.

Claro, un periodista que vio el video tituló su nota con la “andanada” de Guillier contra el Gobierno. Pero un dirigente social de Valparaíso me comentó que lo más importante para él fue la idea de construir el futuro de Valparaíso a partir de lo que sueñan los porteños y no del presupuesto hecho por un grupo de sabios en Santiago.

¿Dónde están los votos de Guillier? ¿Entre los que leyeron las réplicas de los ministros en La Segunda o entre los 5 mil que están “favoriteando” y difundiendo la charla en Facebook? Lo que sabemos de sobra es que la generalidad de las personas cree más en sus amigos de la red social que a lo que lee en el diario. Desde la vieja práctica de hacer política enviando recados por los diarios, al intentar dialogar directamente con las audiencias, existe más de medio siglo de diferencia en la forma de hacer política, desde que el los ’60 Kennedy comenzó a usar la TV para saltarse la interlocución política de los congresistas con los electores.

Mientras el Gobierno y parte de la nueva mayoría invierten su tiempo en torpedear al senador, Guillier aparece condicionando su “aventura” electoral a la “gobernabilidad” que pueda ofrecer la centro izquierda, al acuerdo de primarias, a la unidad frente a Piñera. En el fondo, llamando al sector a derrotar a la derecha en la próxima elección. De nuevo, Guillier no necesita decir que él se sitúa en la centro izquierda. Sus actos y sus conceptos lo ponen allí, remando por la unidad del sector, liderando la posibilidad de ser alternativa real de gobierno.

De nuevo, ¿qué será más creíble para un posible elector de cualquier candidato de la Nueva Mayoría? ¿Ver a los dirigentes defendiendo a la Presidenta cuando les conviene? ¿O rescatar el sentido de unión contra el poder del dinero y los empresarios que representa la oposición actual?

La guinda de la torta es ver Guillier pidiendo a sus partidarios que se abran al diálogo con electores más afines al Frente Amplio. ¡Escandalo entre los dirigentes! Pero no leyeron bien, Guillier no pidió el respaldo de Boric, Jakcson o de Javiera Parada. Le pidió a sus partidarios que salieran a buscar esos votos. Y si el llamado tiene repercusión puede hacer alguna diferencia.

Hace más de un año sostuve en un grupo de análisis que Guiller podría ganar la presidencial cuando lograra que Lagos, Insulza y los otros presidenciables se vieran obligados a comentar su actividad, es decir, a tomarlo en serio. Sinceramente nunca pensé que tempranamente llegaría el día en que no sólo se vieran obligados a comentarle, aunque lo que comenten carezca de toda trascendencia para un grueso de la población.

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