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Salar de Atacama y la quimera del litio

por Marcelo D. Miranda 18 agosto, 2017

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Señor Director:

En los últimos días ha sido noticia el potencial de producción de litio que posee nuestro país. Esto, producto de los últimos anuncios realizados en Inglaterra, Francia y Alemania en relación al giro en la industria de automóviles, donde se espera que al año 2040 solo se produzcan vehículos híbridos o completamente eléctricos.

La producción de litio, con un potencial base de crecimiento de 8 a 10% anual, podría aportar a nuestro país al año 2035 un ingreso aproximado de U$ 1.500 millones por año, los que pueden aumentar si logramos el desarrollo de una industria que no solo venda la materia prima, sino que también tecnología relacionada a ella.

Pero, ¿cuál podría ser el problema frente a tanto beneficio? El problema de esta industria extractiva es que está fundada sobre un grupo de paisajes y ecosistemas cuya peculiaridad es única a nivel nacional y mundial. Esto es, el Salar de Atacama y la red de salares que conforman principalmente el altiplano de la región de Antofagasta.

Hoy existe poca información sobre la composición de los componentes bióticos y procesos ecosistémicos que ocurren en los salares, de forma especial aquellos asociados a micro organismos que se han adaptado por millones de años a condiciones extremas de sustratos, temperatura, humedad y radiación solar.

Los salares por su configuración marina y endorreica poseen además una historia asociada a la geología y ecología de nuestro planeta, la cual podría darnos respuesta a preguntas sobre futuras adaptaciones al cambio climático, relación con los ciclos y configuración de la atmósfera o respuestas frente a potenciales enfermedades emergentes.

El estudio detallado de los salares de Chile para su uso y conservación, de forma especial el de Atacama, es imperativo frente a una eventual actividad extractiva y no reversible de ecosistemas como es la extracción del litio. Esto requiere necesariamente niveles de inversión en ciencia que sean comparables a los niveles de inversión en tiempo y dinero que se asocian a las exploraciones y desarrollo de la industria minera.

Nuestra experiencia histórica de desarrollo en base a la extracción minera de materias primas ha tenido como consecuencia el deterioro sostenido de los ecosistemas de nuestro país. Como ejemplo, es posible nombrar la desaparición masiva de extensas poblaciones de tamarugo y otros ecosistemas producto de la extracción del salitre en Tarapacá, la contaminación marina por relaves en las costas de Chañaral, la contaminación de tierras producto de la instalación de industrias de fundición en Ventanas y otras y la pérdida de ecosistemas de glaciares producto de la extracción de cobre en la cordillera Andina, por nombrar solo algunos.

Aprender de las malas y buenas experiencias en el uso de nuestros recursos naturales es fundamental para generar un desarrollo sostenible. Para esto, es imperativo que nuestras autoridades y nosotros los científicos tengamos una visión de futuro innovadora que sea capaz de pensar el desarrollo de Chile como un equilibrio entre nuestra sociedad y los ecosistemas que nos sostienen.

 

Dr. Marcelo D. Miranda
Departamento de Ecosistemas y Medio Ambiente
Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad (CAPES)
Pontificia Universidad Católica de Chile

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