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La “empresa moderna” de Larraín Matte

por 30 diciembre, 2017

La “empresa moderna” de Larraín Matte
Marcos Kremerman, con la seriedad que lo caracteriza, rebatió hace pocos días el “Chile moderno” que defiende Larraín Matte. Pero, el nuevo Presidente de la Sofofa persevera. Despliega todo tipo de argumentos, en columna publicada en El Mostrador, para tratar de convencernos sobre las bondades de sus empresas, a las que denomina modernas.
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Según Larraín Matte, las empresas extractivistas y el rentismo empresarial serían una ficción en nuestro país. Señala que las empresas chilenas compiten ventajosamente en el mercado internacional y lo hacen gracias al desarrollo tecnológico y a la innovación que las caracteriza.

Contra su argumento está la realidad. La inversión en ciencia y tecnología en Chile no supera el 0,40 puntos del PIB. Y de éste sólo una tercera parte le corresponde a la empresa privada. Ello confirma que las ganancias de la gran empresa chilena radicada en los recursos naturales se explican por razones distintas a la inversión en ciencia y tecnología.

Hay dos argumentos más poderosos que explican la acumulación de ganancias y la competitividad de las empresas. El primero ya lo dijo Kremerman: el  50% de los trabajadores en Chile gana menos de $350 mil; las personas que trabajan en las grandes empresas del sector privado, tiene una mediana salarial solo llega a $480 mil; y, el salario mínimo es de $270 mil, valor que ni siquiera permite a un trabajador sacar a su familia de la “extrema pobreza”. En consecuencia, la explotación del trabajo es muy elevada en nuestro país y ello explica que el 1% de la población se quede con el 33% del PIB.

El segundo argumento es que el Estado ha favorecido a las empresas productoras de recursos naturales con generosos subsidios. Ello naturalmente potencia la competitividad y captura de rentas de esas empresas.

En efecto, la extracción de cobre recién comienza a pagar royalty a partir del año 2000 con la legislación promovida por el Presidente Lagos. Y, un royalty muy modesto. Este es un subsidio que todos los chilenos (que somos dueños del subsuelo)  hemos entregado a los productores de cobre. La industria de la madera, celulosa y papel se ha beneficiado desde 1974 con el DF  701 de Fomento Forestal. Por su parte, el cultivo del salmón fue un invento de la Fundación Chile entregado al sector privado; y, por otra parte, los elevados beneficios de la pesca en el mar territorial son el vergonzoso resultado de las coimas que las siete familias han pagado a políticos inescrupulosos para instalar una ley que los favorece.

Por otra parte, a las empresas del retail, también inversoras en el exterior, se les ha permitido acumular ganancias permitiéndoles que expolien a sus clientes con tasas usureras de interés por los créditos.  Y, ésta es su fuente principal de beneficios. En este plano su capacidad de innovación ha sido notable.

Olvidándose de estas realidades ineludibles, el Presidente de la Sofofa sostiene, en cambio, que las políticas públicas horizontales son las que aseguran el buen emprendimiento. Y, defiende con convicción la matriz productiva existente en nuestro país, con el cobre sin refinar, la pesca extractiva y la industria forestal y, por cierto el retail y sus tarjetas de crédito fácil. En realidad, esos subsidios estatales no tienen nada de políticas horizontales y han servido para que se multiplique el rentismo.

Ricardo Hausmann, economista liberal de Harvard rebate a Larraín Matte. Sostiene que las empresas chilenas que explotan recursos naturales revelan escasa modernidad y baja productividad. Ello limita las oportunidades para innovar y cierra las puertas al desarrollo. (CIPER, 20.10.2015)

No es como dice el Presidente de la Sofofa. Efectivamente una gran cantidad de empresas chilenas se han posicionado en el mercado internacional, en especial en los países de América Latina. Pero lo hacen porque el mercado chileno les queda estrecho considerando la alta acumulación de capitales que ya han obtenido. Otras lo hacen  porque la economía chilena no ofrece oportunidades.

Por su parte, el economista Ha-Joon Chang, de la Universidad Cambridge, destaca que no da lo mismo lo que producen los países. Aunque una industria de pescado puede ser tan rentable como una industria electrónica, la primera requiere y promueve menos habilidades productivas y organizativas que la última. Según Chang, la evidencia internacional muestra que la mayoría de los países mejoran sus habilidades a través de la industrialización y, especialmente, a través del desarrollo del sector manufacturero, el verdadero centro de “aprendizaje del capitalismo” (CIPER, 30.05.2016).

El mismo Felipe Larraín, junto a Sachs y Warner sostiene una tesis similar en “A structural analysis of Chile´s long term growth: history, prospects and policy implications”, mimeo, Min. de Hacienda, Chile, Septiembre, 1999).

“Chile tiene que ir más allá de la explotación de recurso naturales (RN) y diversificar significativamente su canasta exportadora. La explotación persistente de RN genera un rezago en la incorporación de las modernas tecnologías de la información las cuales son fundamentales para favorecer un incremento de competitividad internacional en los sectores no vinculados a RN.”

En segundo lugar, Larraín Matte reclama contra aquellos que sostienen que la cultura empresarial chilena es cerrada y elitista. Sostiene, en cambio, que se caracterizaría por la meritocracia, la diversidad e innovación. El mismo Hausmann lo rebate, porque los empresarios “vienen de los mismos tres o cuatro colegios, de dos universidades y de los mismos apellidos” y tienen dificultades para relacionarse con los que no pertenecen a su mundo.  Con esa cultura empresarial se cierran las puertas a la innovación y los chilenos talentosos con otro origen son excluidos.

Así las cosas, Chile es un país que “no da oportunidad de movilidad a su propia gente y no se beneficia del talento que existe en el resto de los países” (CIPER, 20.10.2015). El Presidente de la SOFOFA se había olvidado que estudió en el colegio Tabancura, del Opus Dei, para luego pasar a la Universidad Católica y terminar con un posgrado en Londres.

Finalmente, según Larraín Matte, la empresa chilena de hoy compite exitosamente en el mercado internacional. Y ello no obedecería únicamente a la abundancia de recursos naturales. Tiene más bien relación con la estabilidad institucional y el proceso de modernización de organizaciones empresariales que invirtieron, desarrollaron tecnología e innovaron.

No es como dice el Presidente de la Sofofa. Efectivamente una gran cantidad de empresas chilenas se han posicionado en el mercado internacional, en especial en los países de América Latina. Pero lo hacen porque el mercado chileno les queda estrecho considerando la alta acumulación de capitales que ya han obtenido. Otras lo hacen  porque la economía chilena no ofrece oportunidades diversificadas para invertir y los recursos naturales se encuentran sobreexplotados.

En suma, el crecimiento, sin dirección, con un Estado maniatado, ha conformado en Chile una economía rentista, depredadora de los recursos naturales, con empresarios sin interés por generar nuevas tecnologías. Una verdadera estrategia de desarrollo debe proponerse construir una economía diversificada, que termine con los rentistas e incorpore conocimiento a los bienes y servicios; debe también ofrecer oportunidades a los pequeños empresarios y empleos de calidad a los trabajadores, con relaciones equilibradas entre el capital y el trabajo.

Por otra parte, la empresa moderna no es aquella que da sólo satisfacción a sus accionistas. Debe ganarse la confianza de su entorno: de los trabajadores, vecinos, proveedores, financistas y clientes. Y eso no se logra con la colusión que engaña al cliente con el precio de los pañales; tampoco utilizando el FUT para construir empresas zombies, ni pagando salarios que impiden a los trabajadores mejorar sus condiciones de vida. A diferencia de lo que piensa Larraín Matte, a la empresa chilena le falta mucho camino por recorrer.

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