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En Chile se aísla a los privados de libertad de sus familias

por 23 febrero, 2018

En Chile se aísla a los privados de libertad de sus familias
Es de suma relevancia visibilizar que el panorama presentado por las Fiscalías judiciales sobre el estado de nuestras cárceles, muestra la falta de condiciones para que las personas privadas de libertad mantengan contacto con sus familiares. El problema de tener recintos penitenciarios con estos niveles de hacinamiento y falta de infraestructura, es que se hace imposible pensar en contar con espacios dignos para el encuentro familiar y no podemos olvidar que los vínculos familiares son factores fundamentales para lograr la reinserción social tras el cumplimiento de la condena.
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Informe entregado por las Fiscalías Judiciales, señala que durante el año 2017 se detectaron graves problemas de hacinamiento, higiene, alimentación, malas condiciones de infraestructura y largas horas de encierro, en los centros penitenciarios de nuestro país.

El informe menciona que “la finalidad asignada a la pena privativa de libertad de la persona que ha cometido un delito es, además del castigo, evitar la reincidencia y darle oportunidades de reinserción social”, pero el escenario presentado dista bastante de este objetivo, haciendo evidente que las condiciones en las que viven los internos transgreden derechos básicos y acuerdos internacionales en materia penitenciaria firmados por nuestro país.

Lo que más se destaca en el documento, es la preocupante condición de hacinamiento que se vive en las principales cárceles.

De los 53 recintos analizados durante el año pasado, en 20 existe una sobrepoblación que bordea el doble de la capacidad de los recintos. Otro de los puntos abordados son los horarios de encierro. De acuerdo a la normativa vigente establecida en el Reglamento de Establecimientos Penitenciarios N° 518, cada privado de libertad tiene derecho al menos a ocho horas de descanso y "en el resto del horario deberán atenderse las necesidades espirituales y físicas, las actividades de tratamiento, formativas y culturales de los internos", sin embargo, se constató que normalmente se mantienen encierros de entre 14 y 16 horas diarias, pudiendo pasar incluso una persona hasta 16 horas sin recibir alimentos por parte de la administración penitenciaria.

El documento de la Fiscalía no viene más que a confirmar lo que ya sabemos: las condiciones de los centros penitenciarios en nuestro país, y lamentablemente al igual que en toda América Latina y el Caribe, son preocupantes, ya que impiden cualquier opción de reinserción.

Los centros penales aíslan a los privados de libertad de sus familias, y pensar en la reinserción o inclusión social tras el cumplimiento de una condena se vuelve cada vez más lejano. Para hablar de reinserción social hay que regularizar de manera urgente los temas intrapenitenciarios y, con esto, la regulación de los derechos de los privados de libertad y el contacto con sus familias mientras están cumpliendo la condena.

Resulta importante visibilizar que este panorama muestra la falta de condiciones para que las personas privadas de libertad mantengan contacto con sus familiares. El problema de tener cárceles con estos niveles de hacinamiento y falta de infraestructura, es que se hace imposible pensar en contar con espacios dignos para el encuentro familiar y no podemos olvidar que los vínculos familiares son factores fundamentales para lograr la reinserción social tras el cumplimiento de la condena.

Estas condiciones evidencian la dificultad existente para que niños y niñas puedan ingresar a los centros penales, a espacios que resguarden su integridad, poniendo una traba más para el cumplimiento de su derecho a mantener  contacto con sus padres o madres.

La Convención de los Derechos de la Niñez establece, en su artículo 9, que niños y niñas tienen derecho a mantener contacto directo con sus familias y que el Estado debe garantizarlo, pero las condiciones en los centros penitenciarios, señaladas en el informe de la Fiscalía, evidencian las barreras para el cumplimiento de este derecho.

Los centros penales aíslan a los privados de libertad de sus familias, y pensar en la reinserción o inclusión social tras el cumplimiento de una condena se vuelve cada vez más lejano. Para hablar de reinserción social hay que regularizar de manera urgente los temas intrapenitenciarios y, con esto, la regulación de los derechos de los privados de libertad y el contacto con sus familias mientras están cumpliendo la condena.

Por eso se considera relevante que en los próximos informes se incorpore una dimensión familiar, visualizando los espacios existentes para los contactos entre los privados de libertad y sus familias, para avanzar como país en el reconocimiento de los derechos de niños y niñas por todas las instituciones públicas.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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