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No todo lo que brilla en el Rhin es oro

por 23 junio, 2018

No todo lo que brilla en el Rhin es oro
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Hoy la cultura, las Artes y los distintos gremios que la componen están en la coyuntura como nunca antes lo han estado, fuera de la zona de confort que les significa para los medios masivos de comunicación  el hacer reseñas y/o críticas de espectáculos, creando muchas veces este falso imaginario de que la oferta no es solo variada sino que plural también, sino que creando un artificioso y mañoso enfrentamiento entre quienes somos siempre el final de la cadena de producción, (sí, estamos así de empapados de neoliberalismo en el arte también) las y los trabajadores de la cultura.

La pauta noticiosa hoy está marcada por la condición en que se encuentra la ley para el fomento de las Artes escénicas (Nº de boletín 11408-24 por si la quiere buscar en camara.cl) en este momento en 2º trámite legislativo que luego de abandonar la cámara de diputados con una amplia aprobación está en la comisión de educación y cultura del Senado donde recientemente fue rechazada una indicación en la ley, emanada desde el gobierno, que incluía la incorporación de la ópera en el articulado de la misma.

No es mi objetivo hoy volver a hacer una cronología paso a paso de cómo se gestó la iniciativa de la creación de la ley sectorial, mas no podemos dejar de mencionar que son más de cuatro años de trabajo de lo que hoy conocemos como la Red de Artes escénicas integrada por sindicatos de teatro, danza y técnicos, cooperativas, red de salas de teatro y la asamblea de titiriteros, gran ejemplo para llegar a entender el nivel de organización que se necesita para legislar en estas materias en nuestro país.

No debemos organizarnos como músicos perpetuando este modelo que solo ha logrado precarizarnos y dividirnos, poniendo en una escala de valores solo las formas estéticas y no los roles que potencialmente pueden llegar a tener nuestras disciplinas y sus puestas en escenas, debemos desarrollar la capacidad de ver y diferenciar quienes son nuestros aliados de quienes se han ocupado de perpetuar el estado de la cultura en nuestro país, no podemos comenzar una carrera argumentativa alrededor de quien o quienes están más precarizados en el medio, porque la verdad es que es una realidad que afecta de manera transversal a los y las trabajadoras culturales y en resumidas cuentas al mundo del trabajo en general.

Es por todo lo anterior que llama profundamente la atención que solo una vez alcanzado el senado y luego de una carta publicada en el Mercurio escrita por Andrés Rodríguez, ex director por más de treinta años del Teatro municipal de Santiago designado por la dictadura, la nueva institucionalidad ministerial se alzara con la peculiar indicación de la inclusión de la ópera.

El gobierno a través del sub-secretario se desdijo, la indicación fue rechazada y hasta ahí todo bien ¿no?. La verdad es que para quienes nos asomamos desde la perspectiva de las y los trabajadores de la música el problema recién comienza, las y los cantantes líricos se sienten hoy excluidos de una ley que creen debiera incluirles, pero creo hay varias razones de porque debemos tener más altura de mira y analizar el amplio espectro político que ha cruzado toda esta polémica.

La primera razón y la más sencilla desde el punto de vista técnico de entender es que la ópera ya está contenida en el fondo de la música, insuficiente y sujeto a los deleznables criterios de concursabilidad pero existe, por tanto la ópera podría haber llegado a quedar como doble beneficiara de fondos estatales, entendemos que la ley de fomento a las Artes escénicas es más completa que un fondo superando la concursabilidad de estos y buscando la dignificación del trabajo de cultores escénicos pero la interpretación de la ley eventualmente también puede llegar a dejar dentro a los y las cantantes con un real, significativo y democrático aumento presupuestario a la  a si consideramos los siguientes artículos:

 Efectos de esta ley

a)Artes escénicas: Conjunto de manifestaciones de carácter artístico que se desarrollan en un tiempo y espacio limitado, en el cual un artista o un grupo de artistas, usando su cuerpo como instrumento esencial , transforman la creación de uno o más autores en un espectáculo que se representa.

Pertenecen a las artes escénicas el teatro, la danza, el circo, los títeres y la narración oral, y todas las combinaciones artísticas posibles entre estas disciplinas. Las actividades de investigación, crítica especializada, formación y docencia en estos ámbitos se entenderán parte integrante de las artes escénicas.

Artículo 8.- El Fondo, dentro de las condiciones que se establecen en la presente ley y su reglamento, se destinará a:

  1. j) Apoyar a compañías, agrupaciones y elencos estables con destacada trayectoria en las artes escénicas, para que desarrollen sus programas de investigación, escritura de texto dramático, guiones y MÚSICA, actividades de preproducción y producción y montaje de obras, circulación y difusión de obras escénicas, así como a proyectos de naturaleza experimental, conforme a lo dispuesto en el Reglamento.

De aquí en adelante dejando ya de lado las tecnicidades de su inclusión o no en la ley es importante desgranar todos los otros factores a considerar que cruzan la política y la ideología, porque sí, el arte y por sobre todo la cultura es ideológica.

Cerca del 90% de la producción operística en Chile está concentrada en el teatro municipal de Santiago, sabemos que hay producciones en regiones y producciones independientes pero los costos de estas superan con creces lo que esta iniciativa puede contener, solo el presupuesto del municipal de Santiago supera en un 25% el total del presupuesto de la ley de Artes escénicas, esto para ejemplificar que aun así quisiéramos redistribuir regionalmente el presupuesto para apoyar otras iniciativas que no sea la institucionalidad del municipal de Santiago el presupuesto quedaría corto, por tanto es absolutamente demagógico hacer políticas públicas, por un lado jugando con la participación de un gremio que si está organizado en una plataforma participativa y por otro con dineros públicos que simplemente son insuficientes para satisfacer la demanda de quienes hoy se sienten excluidos.

Lo que creo más importante dilucidar es que debemos entender desde donde y como se genera el revuelo, El Mercurio y Andrés Rodríguez son representantes de una forma de entender y hacer cultura en nuestro país que más allá de que hoy no esté a la cabeza del TMS si sigue hegemonizando la escena desde otros espacios como lo es el teatro de Las Condes, elitizando y capturando la escena de la ópera para unos pocos, donde de pasada también alimenta la generalizada sensación de que la música, que le llamaremos clásica, es la reproducción de una clase y de una ideario estético que sigue reservada para unos pocos y pocas, reafirmando a través de una experiencia estética su poder y su permanencia en el, agudizando en las subjetividades de las personas el sentir de pertenecer o no a la alta cultura, créanme, no basta con rebajar las entradas ni hacer espectáculos gratuitos en la vía pública, tiene que ver con que hace ya décadas se llevaron la cultura para la casa, le pusieron el traje de la elite y nos despojaron a las y los músicos del rol social que solo los que trabajamos en ella podemos dotarle, a la vez que  revertir esto nos significará años de organización efectiva y mancomunada.

Por tanto llamo a desconfiar de las intenciones de quienes levantaron esta iniciativa, personas que lideraron instituciones que sistemáticamente se ocuparon de cometer prácticas anti sindicales y abusos contra sus trabajadores y trabajadoras, que hoy con solo una carta al diario más conservador de Chile se arrojó la representación de todo un gremio que hoy busca movilizarse.

Estamos ahora en la parte que veo es lo neurálgico de la discusión de aquí en adelante, la organización de cantantes líricos y su necesidad de dialogar tanto con la institucionalidad ministerial como con la Red de Artes escénicas que con justa razón después de años trabajando ven su asociatividad pasada a llevar por la prensa y Rodríguez como representante de una forma de hacer y financiar el Arte en Chile que ha perpetuado el decimonónico modelo de alto y bajo arte.

No debemos organizarnos como músicos perpetuando este modelo que solo ha logrado precarizarnos y dividirnos, poniendo en una escala de valores solo las formas estéticas y no los roles que potencialmente pueden llegar a tener nuestras disciplinas y sus puestas en escenas, debemos desarrollar la capacidad de ver y diferenciar quienes son nuestros aliados de quienes se han ocupado de perpetuar el estado de la cultura en nuestro país, no podemos comenzar una carrera argumentativa alrededor de quien o quienes están más precarizados en el medio, porque la verdad es que es una realidad que afecta de manera transversal a los y las trabajadoras culturales y en resumidas cuentas al mundo del trabajo en general.

Si queremos construir debemos dialogar, pero no sin antes tener una sentida autocrítica de haber llegado tarde, en los últimos minutos del alargue, habiendo trasnochado, sin llegar a los entrenamientos, pidiendo la titularidad y la pelota, a la vez que tenemos que asumir las consecuencias de todo lo anterior que efectivamente hoy está dejando fuera de forma parcial a los y las cantantes líricos de la ley.

En el mejor de los casos este será el primer empujón para formar un trabajo sindical duradero en el mundo de la música, donde por sobre todo busquemos y valoremos la experiencia de otras disciplinas y su organización, yo creo que nadie quiere volver a ver como se quedaron solas las y los colegas de la Filarmónica el año 2006 cuando despidieron injustificadamente a más de la mitad de la orquesta firmando un triste precedente de que la música castiga la organización sindical y nos convierte en islas que no dialogan con nadie más que no sea su compañero de atril.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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