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De “canutos” y “otros canutos”: respuesta a Germán Silva Cuadra

por 23 septiembre, 2018

De “canutos” y “otros canutos”: respuesta a Germán Silva Cuadra
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El día 20 de Septiembre fue publicada por El Mostrador una columna de opinión de Germán Silva Cuadra titulada “El adiós simbólico de los Tedeums: un rito que dejó de ser relevante para Chile”. Columna en que describe su apreciación sobre los últimos tedeums realizados en nuestro país.

Si bien coincido en sus principales planteamientos sobre la irrelevancia actual que debiesen tener los tedeums en un país en que desde 1925 existe separación entre el Estado y la Iglesia. Y los importantes cuestionamientos que debe tener en particular el Te Deum evangélico por razones similares a las señaladas como expresé en la carta al director “Sobre el Te Deum evangélico”, publicada por este medio el día 13 de septiembre.

Explicitado esto, mi respuesta se dirige a la generalización apresurada que emite Germán Silva Cuadra sobre quienes popularmente somos denominados como “canutos”. Generalización apresurada porque desconoce la realidad de los “canutos” nuestra historia en este país, nuestro arraigo social quedándose con la caricaturización popular dada por personajes como los Durán-Durán, el pastor Soto, Marcela Aranda, entre otros. Caricaturización que ve a los “canutos” como personas ignorantes, fanáticos religiosos y que llevan a conclusiones como que “la iglesia evangélica” está en crisis y hasta que ella no solucione su crisis debemos dejar el resto a la “ciudadanía” cómo si nosotros no fuésemos parte de ella.

Con esto quiero destacar que no todos los evangélicos entran en la caricaturización que se hace de “canutos” existimos “otros canutos” que por un lado Dios nos ha abierto la posibilidad de acceder a una mejor educación que la de nuestros padres y abuelos. Que también reivindicamos y vivenciamos esta espiritualidad popular, “canuta” y pentecostal, de la cual soy un feliz heredero. Dispuestos con humildad a aprender de los avances científicos y sociales, repensando nuestra fe y práctica social para ser defensores de los derechos civiles y sociales en nuestra nación. Siendo respetuosos de la inmensa diversidad que existen en la sociedad chilena y en las Iglesias Evangélicas, en particular, ya que no somos un grupo homogéneo y como protestantes reconocemos que nuestra única “cabeza” es Jesucristo y no otro ser humano, por más título de obispo que porte

Por ello lo primero es señalar parte de la historia de las iglesias evangélicas chilenas cuyo origen en nuestro país se remonta al siglo XIX con la presencia de protestantes europeos y estadounidenses, como por ejemplo Lord Thomas Cochrane destacado marino que participó en las guerras de independencia de Perú, Chile y Brasil o Diego Thomson traído por O`Higgins para formar docentes y alfabetizar el país a través del método lancasteriano. Dicho periodo se caracterizó por no realizar de forma abierta actividades proselitistas, es decir, predicar el protestantismo a católicos. Uno de los primeros en cambiar esta actitud fue el pastor David Trumbull fundador de la primera iglesia protestante del país, quien participó activamente en la discusión sobre las leyes laicas de 1883 y además fue parte de la masonería. Junto a él vale la pena destacar a Juan Canut de Bon sacerdote jesuita que se volvió protestante que a través de la predicación en las calles y las polémicas en los periódicos de su tiempo adquirió notoriedad, a él también debemos el apodo de “canutos”.

El siglo XX es cuando el número de “canutos” en el país aumenta a raíz de lo que nosotros llamamos “avivamiento de 1909” en que surge el movimiento pentecostal chileno. Movimiento inicialmente caracterizado por su origen popular y marginal, los primeros “canutos” entre los que se encontraba mi tatarabuelo eran campesinos, payasos de circo, alcohólicos, prostitutas y gente de poblaciones callampas que habían migrado del campo a la ciudad.

El movimiento evangélico pentecostal chileno es la expresión espiritual de los marginados y excluidos por el sistema social chileno, con sus virtudes y excesos, que en sus momentos iniciales encontraron en esta fe un refugio para sus problemas y una esperanza de que aunque en esta vida fáltenme riquezas...y sea un alma tan perdida entre las pobrezas, de mí Jesucristo tuvo compasión. Y de que ¡Más allá del sol, yo tengo un hogar, hogar, bello hogar más allá del sol! Como cantamos aún muchos “canutos” en nuestras reuniones.

Por eso nuestra historia siempre ha estado ligada a los pobres, aunque a muchos les gustaría renegar de ello, o han utilizado la fe para enriquecerse como los casos señalados en la columna. Pero así mismo hay muchos evangélicas y evangélicos, pastoras y pastores honorables que día a día dan ejemplo en las poblaciones trabajando con drogadictos, alcohólicos, niños, mujeres víctimas de violencia de género, migrantes, derechos humanos, diversidad sexual, por ejemplo.

Si bien como usted señala el discurso evangélico hoy en día ha sido monopolizado por un segmento más bien representado por grupos de derecha o ultraderecha, bastante cercanos a José Antonio Kast, que desde la utilización política que hizo Pinochet para legitimarse a través de las iglesias evangélicas, luego del rechazo por parte importante de la Iglesia Católica por las violaciones a los Derechos Humanos han ido tomando mayor notoriedad. Es importante también reconocer que contrario a lo que se piensa buena parte de nuestra historia ha estado ligada políticamente a segmentos “progresista” o “de izquierda” desde la cercanía a liberales y radicales de Trumbull; Graciela Contreras Barrenechea metodista, primera alcaldesa de Santiago, parte del movimiento pro-emancipación de las mujeres en Chile y también fundadora del Partido Socialista chileno (PS); Víctor Manuel Mora pastor, sindicalista del carbón y fundador del PS en Lota; Raúl Ampuero metodista y Secretario General del PS. Situación que aún sigue ocurriendo en la actualidad en muchos partidos “de izquierda” o “progresistas” en mi caso particular siendo militante socialista en que he tenido la oportunidad de conocer a otros hermanos y compañeros.

Con esto quiero destacar que no todos los evangélicos entran en la caricaturización que se hace de “canutos” existimos “otros canutos” que por un lado Dios nos ha abierto la posibilidad de acceder a una mejor educación que la de nuestros padres y abuelos. Que también reivindicamos y vivenciamos esta espiritualidad popular, “canuta” y pentecostal, de la cual soy un feliz heredero. Dispuestos con humildad a aprender de los avances científicos y sociales, repensando nuestra fe y práctica social para ser defensores de los derechos civiles y sociales en nuestra nación. Siendo respetuosos de la inmensa diversidad que existen en la sociedad chilena y en las Iglesias Evangélicas, en particular, ya que no somos un grupo homogéneo y como protestantes reconocemos que nuestra única “cabeza” es Jesucristo y no otro ser humano, por más título de obispo que porte.

Por eso oro a Jesucristo para que estos “otros canutos” que piensan y viven su fe de una manera respetuosa y dialogante con la sociedad. Se puedan tomar los espacios internos de las iglesias y la sociedad civil ejerciendo ciudadanía, aportando desde distintas áreas y colores políticos a la defensa de los derechos humanos y desarrollo social. Como lo hicieron algunos hermanos como Martin Luther King en la defensa a los derechos civiles de los afroamericanos, Coretta Scott King con los derechos civiles de las minorías sexuales o Samuel Fielden pastor metodista uno de los “mártires de Chicago” que luchó por los derechos laborales. Amén

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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