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Los profesores de Chile han salido a las calles para enseñar a los “porros” de la élite

por 21 junio, 2019

Los profesores de Chile han salido a las calles para enseñar a los “porros” de la élite
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La huelga de los profesores, cuyo gremio tiene un 70% de mujeres, han salido a las calles para dar una clase de ética a una élite “porra” que viene hace años destruyendo la educación pública. Desde el comienzo de la transición la totalidad del cartel político ha usado al estado para asestar golpes cada vez más mortales a la que fuera una educación pública de calidad antes de la dictadura. Esto por negociados de la educación público-privada, pero también sencillamente por incompetencia, desidia, y la idiotez  generalizada de una élite que no se preocupa por el futuro del país, sino que por su sobrevivencia partidaria. Según los antiguos sabios griegos, se llamaban “idiotas” a todos aquellos que no se interesaban por la cuestión pública.

Mario Aguilar el actual presidente del Magisterio de Chile encabeza una huelga de nuevo tipo fundamentalmente  por tres razones: a) hace un llamado a recuperar la cordura nacional, b) señala la centralidad insustituible de la educación para el desarrollo del país, y c) declara a la institucionalidad vigente como incompetente en materias de educación.

Cabe recordar que los carteles partidarios insistían en su experticia técnica durante décadas despreciando el conocimiento de más de 50.000 profesores a  lo largo del país. Era tanta su arrogancia y menosprecio por el saber docente que de los 19 ministros de educación postdictadura, sólo dos eran profesoras (pero respondían al duopolio, no a la educación pública) y uno era un pedagogo internacional. Todos los demás eran ingenieros, economistas, médicos, asistentes sociales o abogados. En este cuadro no sorprende la total falta de empatía de estos personajes en relación a la estafa histórica cometida contra los profesores al no pagar las contribuciones en los fondos de pensiones. Según Aguilar,  desde 1989 ya han muerto más de 14.000 de ellos esperando una solución y condenados en vida a vivir en la pobreza por la sóla acción de esta élite inepta y canalla. Pinochetistas en todas sus variaciones y grados (RN, UDI , Evópolis y ultraderecha), socialistas, PPD, demócrata cristianos, y ahora también comunistas, todos unidos y , con pocas excepciones, en la indiferencia y desidia ante la crisis de la educación pública.

Aguilar habló con razón de un “sistema maldito” porque llevan décadas perjudicando la educación pública:  desorden administrativo, flojera, nepotismo, negociados, abusos salariales, represión escolar y estigmatización de los profesores. Pero no bastó con ésto y el Consejo Nacional de Educación puso recientemente la guinda a la torta con la “reforma curricular” que busca sacar de la obligatoriedad a Educación Física, Historia y Artes, luego de sistemáticas intentonas de eliminar también la materia de filosofía. Para seguir con el teatro del absurdo, la burocracia no escatima oportunidad de amenazar con el cierre a las escuelas públicas  que no cumplen con las formalidades inútiles impuestas por la fallida institucionalidad educacional de Chile. Se amenaza descaradamente con cerrar los colegios públicos lo que significaría dejar a la deriva a la población más pobre de nuestro país. Es el círculo de la maldad, pero de aquella maldad moderna que según Bauman es líquida, anónima y mutante.

Lo sorprendete de esa verdadera catástrofe educacional es que a pesar de ello, en nuestro país los profesores persisten a su deseo de mejorar la educación a costa de sus propias vidas. Acosados por las burocracias de la máquina estandarizadora puesta en marcha por el sistema político y administrativo, deben rellenar inmensos  formularios, pasar por la doble evaluación docente y someterse a continuas “mediciones” de rendimiento terciarizadas a empresas de “amigos”. Se les quita así el precioso tiempo a los profesores de Chile para atender con prestancia los problemas de sus alumnos. Adicionalmente se les recarga con tanto trabajo fuera de los horarios, que ni siquiera pueden disfrutar libremente el tiempo libre con sus familias. Tampoco se les reconoce la titularidad de las horas de trabajo extra, lanzándolos al mundo de la incertidumbre salarial, mientras la élite se llena los bolsillos con sueldos millonarios y aumentos de sueldos fijados por ellos mismos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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