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¿Por qué vuelven los ochenta? La demasiado simple hipótesis de un regreso

por 27 enero, 2020

¿Por qué vuelven los ochenta? La demasiado simple hipótesis de un regreso
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Los autores de la columna ¿Por qué vuelven los ochenta? Hipótesis de un regreso  ,  señalan que Canal 13, la estación del empresario Andrónico Luksic, pretende reeditar esta exitosa serie en el marco de las movilizaciones del 18 de octubre, como un bálsamo para: “volcar la mirada hacia lo íntimo que representa la familia y no a lo político que implica el modelo y la institucionalidad, dándole un respiro a quienes defienden el Status Quo: el gobierno”. A continuación, señalan como parte de su hipótesis que: “Si el televidente crítico advierte estas decisiones editoriales, es probable que la serie no tenga el éxito que tuvo hace 11 años”, para finalizar afirmando: “La familia Herrera, no encaja en el Chile de vísperas del año 2020, pues son estereotipos que van en retirada. Ya no hay nostalgia por aquel pasado sumiso, pues, el chileno quiere labrar un mejor futuro”.

Hay algunos elementos que me gustaría discutir de la hipótesis de los autores. Respecto de cuál es la intensión detrás de la decisión editorial que pone nuevamente en pantalla la serie, es probable que alguien con capacidad de decisión piense -al igual que lo hacen los autores de la columna- que los Herrera nos pueden retrotraer a la tranquilidad del seno familiar y con ello traer un poco de calma a este convulsionado “nuevo Chile”. La premisa de los autores es arriesgada y carece de fundamento en torno a la recepción de producciones culturales, pues esta asume que el espectador, en este caso de televisión abierta, es un sujeto totalmente pasivo sin capacidad de recodificar los mensajes de un medio masivo. Sin embargo, como no es posible -o por lo menos es muy difícil- saber lo que piensan quienes toman las decisiones de programación, no me atrevería a refutar esta hipótesis.

Lo que sí me gustaría señalar es que el éxito de Los 80’ va más allá de, como señalan los autores de la columna ya mencionada, la presentación de: “una estereotipada familia, de la esforzada clase trabajadora de los años ochenta, llena de lugares comunes, [que] inundó de nostalgia al televidente …”. Pienso que el éxito de la serie fue eso, pero también algo más. Esta ficción permitió a los chilenos mirarnos al espejo, pensarnos e imaginarnos, y con ello proyectar lo que fuimos, somos y queremos ser. Y aquello, en estos días, no hay que olvidarlo.

A través de la ficción y con personajes más o menos entrañables, la serie puso en el espacio público temas que la televisión no había tocado hasta ese entonces o no con ese nivel de cercanía con el público. Solo cabe recordar alguno de los momentos que quedaron en la retina del televidente y fueron comentario en más de alguna conversación cotidiana. Como por ejemplo cuando el tradicional Juan Herrera, “jefe de familia” y sustento económico del hogar, se quiebra frente a su esposa luego que la empresa donde trabajaba cerrara sus puertas sin entregarle ninguna explicación a sus trabajadores y cuyo telón de fondo es la crisis económica del año 82 en el país. El llanto de Juan Herrera es más gráfico que cualquier cifra de desempleo que se pueda enarbolar, mostrándonos que detrás de los números existen personas, familias y proyectos de vida. O la discusión política entre Claudia y Martín, los hijos mayores de la familia, la cual es zanjada violetamente por Juan Herrera en una reacción furibunda que expresa más temor que rabia, temor que la división que separa a los chilenos dividiera también a su familia.

Para qué decir de la decisión de Anita, la madre de la familia, de salir al mundo laboral debido a la contingencia económica luego de una vida dedicada al cuidado de sus hijos y del hogar, así como su posterior negativa de regresar a las labores domésticas una vez que la situación hubo mejorado, pues el trabajo le había entregado un nivel de autonomía y realización personal hasta ese minuto desconocido.  Decisión que en ese contexto es tanto o más valiente que la que toman muchas mujeres al realizar “un violador en tu camino” en un espacio público.  Por último, Los 80’ fue uno de los primeros programas en mostrar gráficamente actos de tortura, el poder de la imagen nos enrostró las mayores miserias del ser humano y cómo estas han sido parte de la historia de Chile.

Concuerdo con los autores de la columna que es probable que Los 80’ no tendrá la audiencia que tuvo en su primera emisión, no solo porque “Chile cambió” sino también porque la televisión no es la misma de aquellos años, la masividad de los servicios de streaming hacen poco probable que una producción de televisión abierta obtenga los ratings de antaño. Independiente de aquello, espero que quienes vean esta serie por primera vez o la revisiten puedan discutir sus contenidos, criticar sus temáticas o simplemente genere una que otra conversación, pues esta ficción también nos puede ayudar a comprender por qué no son 30 pesos sino que 30 años o más.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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