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Poner a la humanidad al centro del quehacer empresarial

por 9 abril, 2020

Poner a la humanidad al centro del quehacer empresarial
Para los que creemos en el libre mercado y abogamos por un Estado más bien pequeño, no podemos pedir ahora que todo lo haga ese Estado. También es responsabilidad de las propias empresas que ayudemos a mantener una demanda más estable, para hacer girar la rueda del mercado.
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No es mi objetivo analizar las medidas económicas ni de políticas públicas que se están implementando. Más bien, busco analizar el rol de las personas y de las empresas para responder a las exigencias de la pandemia y de la crisis económica, la cual se verá agravada, creo, no solo por las actuales circunstancias sino que por situaciones estructurales del país como su poca diversificación y dependencia al precio de los commodities.

Sabemos que el principal patrimonio de una empresa son sus clientes. Las empresas no quiebran porque no tienen bienes o equipos, edificios, materias primas, productos, etc., quiebran porque no tienen clientes y, por tanto, no tienen flujos o capital de trabajo.

Esta pérdida de clientes, generalmente es porque no es capaz de ofrecer/mantener en el tiempo su oferta de valor; porque el contexto ambiental donde está inserta, por alguna razón, permite que otra empresa, incluso viniendo de otra industria, ofrece una nueva oferta, de mayor valor.; o, en este caso, porque una pandemia hace disminuir fuertemente la demanda y, aunque la empresa tenga clientes potenciales, ellos no compran porque la pérdida de recursos o el miedo a perderlos, los paraliza.

Durante estas semanas de pandemia muchos hablan de que esta situación es una gran oportunidad para ser mejores personas, que tendremos tiempo para pensar, valorar la familia, a los amigos, más lo espiritual que lo material –que pareciera no valer nada ante el peligro de enfermarse y morir–. Dejaremos el individualismo y tenderemos más hacia lo comunitario.

Sin duda que estas intenciones son fundamentales, tanto para poner límites a la pandemia como también para mantener viva la economía y evitar que se produzca una catástrofe en los mercados. Para minimizar ambos riesgos, se requiere actuar con solidaridad, con generosidad, con objetivo social y cooperando con el y la otra para evitar la catástrofe.

Es necesario colocar en el centro a la humanidad. En el caso de la pandemia, debemos tener una actitud responsable –para eso la distancia social o la cuarentena–.

Lamentablemente, una parte no menor de la población tiene un comportamiento irresponsable que favorece el contagio y, cuando este se produce, conlleva una estigmatización que las aísla y que ha significado que algunos países no quieran recibir barcos con enfermos o, incluso, países no quieren recibir a sus connacionales.

Las empresas, independientemente de su tamaño, suelen moverse en clusters. Esto considera a sus clientes, competidores, canales de distribución y de proveedores, colaboradores que facilitan el financiamiento y la logística, y un contexto ambiental, en el cual se genera la sana competencia (sin colusiones)

Hoy, esperamos que ese espíritu de sana competencia se convierta en cooperación entre las mismas empresas.

Para que la rueda del mercado siga girando, es necesario que exista demanda y la clave es que no se pierda el poder de compra ni de las personas ni de las empresas.

Hoy, el riesgo es que muchos pierdan sus empleos y queden sin recursos, produciendo una paralización en los mercados de consumo.

Para que la demanda no caiga, es necesario asegurar cierto nivel de ingreso a las personas y, por supuesto el Estado debe cumplir un importante rol.

Los que creemos en el libre mercado y abogamos por un Estado más bien pequeño, no podemos pedir ahora que todo lo haga ese Estado. También es responsabilidad de las propias empresas que ayudemos a mantener una demanda más estable, para hacer girar la rueda del mercado.

Se debe mantener la estabilidad en el trabajo lo más posible y responsablemente,  y no pensar en disminuir costos despidiendo a sus trabajadores. Asimismo, pagar a los proveedores lo antes posible. No subir los precios y, por tanto, los costos de la cadena de valor. Generar medios de financiamiento adecuados, no especulativos, para asegurar el capital de trabajo necesario para el funcionamiento de las compañías. Sin duda, así como se apela a la solidaridad de las personas, se necesita también gran solidaridad empresarial.

Lamentablemente hay un grupo de empresas, las más pequeñas, que seguramente tendrán que cerrar. Peluquerías, librerías y similares, así como otros comisionistas y emprendedores quedarán sin ingresos y requerirán ayuda del Estado para su sobrevivencia.

Por eso mi llamado es a ser socialmente responsables como ciudadanos, como políticos, como empresas, públicas y privadas, colocando a la humanidad como foco de nuestro accionar. Solo así podremos salir delante de esta crisis, con la esperanza de un mejor futuro donde cada uno de nosotros cuente.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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