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Una propuesta para finalizar la presidencia de la COP con la frente en alto Opinión Crédito: Archivo

Una propuesta para finalizar la presidencia de la COP con la frente en alto

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Pedro Glatz y Consuelo Veloso
Por : Pedro Glatz y Consuelo Veloso Pedro Glatz es coordinador de contenidos en Nuestra América Verde. Licenciado en Historia y Mg en Ecología Humana, Lund University | Consuelo Veloso es feminista, activista medioambiental
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Tenemos la certeza de que nuestro país debe hacerse cargo del supuesto liderazgo climático que una y otra vez nuestros gobernantes han ostentado en los foros internacionales. Frente al fiasco de Escazú y una presidencia de la COP con resultados insatisfactorios, proponemos que Chile se ponga al frente de la demanda por un tratado de no proliferación de combustibles fósiles. La oportunidad de sumarse al BOGA es el primer paso en esa dirección. ¿Estaremos a la altura de dar ese paso y poder entregar la presidencia de la COP con la frente en alto?


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Se ha repetido hasta el cansancio: la crisis climática que actualmente experimenta el planeta (y por añadidura, nuestro país) tiene el potencial de desestabilizar completamente nuestra organización social en múltiples dimensiones. El reciente informe del Panel Intergubernamental (IPCC) sobre el cambio climático solo vino a ratificar esta conclusión, tan certera como atemorizante. Frente a este escenario, solo queda comenzar a implementar medidas a la altura del desafío, acciones que hace solo algunos años parecían imposibles. Aprovechando el pronto término del periodo en que nuestro país ha ejercido la presidencia de la COP, queremos proponer una línea de acción ambiciosa y que, después de los débiles resultados alcanzados durante la última cumbre climática, nos permita dar el puntapié inicial a un proceso tan complejo como necesario: la no proliferación de combustibles fósiles.

La desestabilización del clima tiene por causa directa el aumento de la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera, la cual ocurre principalmente por la quema de combustibles fósiles en todas sus variedades. Como bien sabemos, el uso de ellos se encuentra presente en todas las dimensiones de nuestra vida, ya sea alimentación, transporte, generación de electricidad o producción de bienes. Precisamente, debido al carácter universal de su uso, detener la crisis climática depende de medidas sistémicas y transformadoras, las cuales deben crecer y acelerarse en todos los sectores y regiones del mundo. Dicha transición es lo que nuestros liderazgos políticos deberían haber estado haciendo durante las últimas décadas, sin embargo, los resultados de los procesos de negociación internacionales han sido decepcionantes.

Como país organizador de la COP25, Chile tuvo la oportunidad de ejercer la presidencia de la última cumbre y dirigir el proceso de negociaciones. Lamentablemente, el desempeño de esta función no tuvo los resultados esperados, siendo imposible finalizar el llamado “libro de reglas” del Acuerdo de París. Esta tarea deberá continuar durante la próxima cumbre y esperamos que se alcance prontamente un acuerdo en la materia.

No obstante lo anterior, la comunidad científica y la sociedad civil tienen claro que no basta con esperar de brazos cruzados el cumplimiento de las metas climáticas. Las obligaciones asumidas por los países en el marco del Acuerdo de París no son vinculantes y la disminución de emisiones se hace cada vez más urgente. Por ello, en cada cumbre suelen levantarse distintas iniciativas y alianzas entre Estados, con el objeto de empujar las metas mediante nuevos instrumentos.

En ese marco, durante los últimos meses, se han observado movimientos de países como Costa Rica o Dinamarca, que buscarían la creación de una nueva iniciativa: la llamada “Alianza más allá del Petróleo y el Gas” (Beyond Oil and Gas Alliance, BOGA). Según reportes informales, dicho grupo apuntaría a detener la exploración y producción de estos dos combustibles fósiles, medida que los países miembros deberían adoptar para ingresar a la alianza. Hasta ahora, no tenemos información de que nuestro país esté considerando unirse a esta coalición, pero consideramos fundamental que así sea. La pertinencia de esta decisión se sostiene en varias razones que pasamos a analizar.

[cita tipo=»destaque»]Como país organizador de la COP25, Chile tuvo la oportunidad de ejercer la presidencia de la última cumbre y dirigir el proceso de negociaciones. Lamentablemente, el desempeño de esta función no tuvo los resultados esperados, siendo imposible finalizar el llamado “libro de reglas” del Acuerdo de París. Esta tarea deberá continuar durante la próxima cumbre y esperamos que se alcance prontamente un acuerdo en la materia.[/cita]

En primer lugar, creemos que la medida propuesta por BOGA es exactamente el tipo de políticas que la ciencia y las comunidades afectadas por la crisis climática vienen demandando hace años: iniciativas revolucionarias y ambiciosas, que cambien los paradigmas de desarrollo vigentes. Lo que hace algunos años parecía imposible, hoy es una verdadera necesidad, ya que numerosos informes emitidos por prestigiosas instituciones, como el “Net Zero by 2050” de la IEA o el “Production Report” del PNUMA y otras organizaciones, han recogido este objetivo y las conclusiones son claras. Por una parte, no necesitamos continuar con la exploración y creación de nuevos proyectos de producción de combustibles fósiles para transitar a una matriz energética 100% renovable. Por otro lado, hay certeza de que si quemamos todas las reservas de combustibles fósiles conocidas, excedemos con creces las metas de emisiones de gases requeridas para contener la crisis climática. Esta meta se ha popularizado en el movimiento ambiental global a través de la frase “Keep it in the ground” («Mantenlo en el suelo»).

En segundo lugar, debemos iniciar rápidamente el camino hacia la diversificación de las matrices productivas de los países productores de combustibles fósiles. Así lo planteó recientemente incluso el ministro de Hacienda iraquí, uno de los países fundadores de la OPEP. El mundo se irá lentamente alejando de estas fuentes de energía; si no se inicia ese urgente proceso, pronto será demasiado tarde para las sociedades que dependen de ellos. Es fundamental que la comunidad internacional trabaje de forma conjunta en permitir una transición justa de estas economías, con la mirada en el centro en la protección de los ecosistemas y los trabajadores cuyo sustento depende de la industria fósil.

Finalmente, tenemos la certeza de que nuestro país debe hacerse cargo del supuesto liderazgo climático que una y otra vez nuestros gobernantes han ostentado en los foros internacionales. Frente al fiasco de Escazú y una presidencia de la COP con resultados insatisfactorios, proponemos que Chile se ponga al frente de la demanda por un tratado de no proliferación de combustibles fósiles. La oportunidad de sumarse al BOGA es el primer paso en esa dirección. ¿Estaremos a la altura de dar ese paso y poder entregar la presidencia de la COP con la frente en alto?

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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