Opinión
Formación y acompañamiento en el posgrado de Medicina
El objetivo del especialista en formación será que pueda alcanzar la capacidad profesional de actuar de manera competente, segura, ética y autónoma, en beneficio de los pacientes y de la sociedad.
Desde la Academia de Medicina se ha analizado el incremento en número, la calidad y la formación que imparten las Escuelas de Medicina. La calidad de la docencia, la formación de los profesores de ciencias básicas y clínicas, junto a la presencia de adecuados campos clínicos son aspectos fundamentales en la formación médica. Sin duda que la formación del pregrado y el aprendizaje de los médicos generales es clave, como también la formación de especialistas y su distribución de manera homogénea en todas las regiones del país. La realidad hoy es que la formación de posgrado en medicina tiene diferencias significativas y la distribución en el país tiene una presencia muy desigual.
En la actualidad, un número relevante de universidades tienen formación médica de posgrado, y las dos principales universidades reúnen más de la mitad de la formación de especialidades y subespecialidades del país. Los residentes son financiados en su mayoría por el Ministerio de Salud a través de diferentes programas, con el compromiso de volver a las regiones de los servicios de salud que se han comprometido.
Es importante reflexionar respecto de lo que se espera de la formación médica de posgrado, también qué se espera de un docente clínico y de un médico en formación, en su derrotero de alcanzar la especialidad para poder desarrollarla en nuestro país. A veces esto se realiza en situaciones adversas y en un entorno en que se deben iniciar diagnósticos y terapias que previamente no se conocían, fortaleciendo la medicina en sus futuros centros hospitalarios. En este sentido, es importante hacerse la pregunta ¿Que se espera de un docente clínico? Un buen docente de posgrado combina su rol asistencial con al menos cuatro funciones muy relevantes: ser supervisor clínico, facilitador del aprendizaje, evaluador y un modelo profesional para el médico en formación.
Se han publicado diferentes marcos de competencias para educadores, los que identifican conocimiento disciplinar, enseñanza centrada en el estudiante, comunicación interpersonal, profesionalismo o role modeling, reflexión sobre la propia práctica y comprensión del sistema, entre otros. Para quienes lideran programas se suman el diseño curricular, evaluación, mentoría, liderazgo y producción académica.
En Reino Unido se han realizado estudios de supervisión clínica cercana y dirigida, con esfuerzos en desarrollar una mayor comunicación, retroalimentación y reflexión frecuente que han demostrado beneficios importantes en la formación de especialistas (Patel P y cols, 2016). Los docentes requieren de una educación formal en docencia, identificando las competencias a conocer. Entre estas, se destaca, el conocimiento médico, las destrezas comunicacionales, el profesionalismo, la reflexión basada en la práctica, experiencia en mentoría y capacidad de liderazgo, entre otras (Srinivasan M. 2011).
Es relevante considerar en esta docencia la simulación clínica, que también se aplica e integra a varias carreras de la salud. Así también, como en otros ámbitos, la inteligencia artificial y sus aplicaciones ha permitido avanzar en la programación y preparación de la docencia tutorial, evaluando su impacto en el largo plazo. En este sentido, hay desafíos y proyecciones a futuro en esta docencia tutorial, lo que va a incluir la incorporación de nuevas tecnologías y la colaboración interdisciplinaria entre varias instituciones.
Así, un buen docente clínico a cargo de la formación de especialistas médicos debe combinar competencias variadas, dentro de las que se cuentan las asistenciales, pedagógicas, comunicacionales y éticas. Por esto, no sólo se requiere ser un buen especialista, sino es clave saber enseñar, supervisar y formar profesionales que al graduarse sean capaces de tomar decisiones seguras y autónomas.
En suma, las características principales del docente clínico incluyen conocimientos clínicos; experiencia clínica práctica; modelo docente, profesional y ético; habilidades de comunicación; manejo progresivo de la autonomía; entrega de retroalimentación; experiencia en evaluación; fomento del razonamiento clínico; promoción del aprendizaje autónomo; trabajo en equipo y colaboración interdisciplinaria. Junto con ser un muy buen especialista, se espera que sea un supervisor, evaluador, mentor y un modelo en su rol profesional. El objetivo del especialista en formación será que pueda alcanzar la capacidad profesional de actuar de manera competente, segura, ética y autónoma, en beneficio de los pacientes y de la sociedad.
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