¿Acaso hemos vuelto al «ojo por ojo «?
Señor Director:
Asistimos a una verdadera teleserie de controversias, impugnaciones y disputas interminables sobre otra interminable lista de materias diversas acerca de cómo salir del embrollo, de la maraña en que se encuentra envuelto nuestro querido país. Alguien ha propuesto «Intentar amar a nuestros enemigos», loable propósito que se acerca amigablemente a lo que la misma historia expone con total claridad cuando señala que «Antes que Jesucristo viviera en la Tierra, la gente vivía por la regla del «ojo por ojo».
Esto significa que si la gente era mala o poco amigable con ustedes, ustedes podían ser malos o poco amigables con ellos.
Las palabras de las Escrituras «unos a otros» y «unos con otros» nos invitan a entender la manera correcta en que debemos relacionarnos, «soportándoos unos con otros», perdonándoos unos con otros», exhortaos los unos a otros», «instruirse unos a otros» y la lista es larga, sin dejar de mencionar, por supuesto, el «amaos los unos a los otros». O por lo menos… intentarlo!
Como ha dicho Eugenio Tironi, refiriéndose a la Convención: «Debe asumir que llegó el tiempo de la política, obtener a partir de una multitud, una unidad, a partir de una serie de recriminaciones, una voluntad unificada, de tomar decisiones que sean aceptadas por los mismos que reclamaban contra ellas, de generar la unidad entre fuerzas en conflicto».
Todo aquello hablaría bien, muy bien de un país que está superando graves dificultades, ganándole a la «macro-crisis», aprendiendo a soportarse unos a otros, a perdonarse, a instruirse y en fin a por lo menos «intentar amar a nuestros enemigos» ¿Será posible? Chile ha superado desastres, se ha levantado de terremotos, maremotos y tsunamis con la indiscutible fuerza y pujanza de su gente, con la buena voluntad que emerge de dificultades mayores, sí, mucho mayores que el tsunami que estaríamos sufriendo, que ha hecho sonar las alarmas y desalojar las proximidades del peligro, pero que, gracias al Cielo, ¡Tsunami no fue!
Aníbal Wilson P