Contra la evidencia
Señor director:
La violencia escolar es un fenómeno que la academia y las políticas públicas llevan largo tiempo abordando. Amenazas e intentos de ataques en distintos establecimientos han vuelto a instalar el tema con urgencia en la agenda nacional, y las cifras lo confirman: más de 22.500 denuncias de violencia escolar registradas solo en el último año en nuestro país.
Por lo mismo, llama profundamente la atención que, existiendo centenares de estudios que demuestran empíricamente el nulo efecto preventivo de los detectores de metales y, en general, del enfoque punitivo, esta sea una de las primeras respuestas del gobierno actual. Estas medidas no sólo son ineficaces para dicho propósito, sino que han demostrado tener un impacto negativo en la percepción de seguridad de los propios estudiantes dentro de sus recintos escolares.
La academia, por su parte, ha identificado con claridad qué mecanismos sí funcionan para prevenir la violencia escolar. La evidencia apunta de manera consistente hacia programas que involucran activamente a docentes, estudiantes, familias y directivos: los llamados programas de escuela completa (whole-school approach).
¿Hasta cuándo permitiremos que se tomen decisiones que involucran a nuestros niños, niñas y adolescentes sin base en la evidencia? Si disponemos de información que indica qué podría funcionar, ¿por qué insistimos en ir en dirección contraria? Es hora de dejar de hacer oídos sordos a lo que la evidencia hoy nos señala con fuerza.
Valentina Ilic Vigil
Directora Centro de Políticas Públicas
Universidad Finis Terrae