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Astronomía de clase mundial, ruido en el barrio

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Por: Rodrigo Medina


Señor Director: 

Resulta profundamente paradójico que instituciones dedicadas a observar el universo,  como el Observatorio Europeo Austral (ESO), que operan parte importante de sus equipos  desde la comuna de Vitacura, sean incapaces de mirar, con la misma rigurosidad, a quienes  convivimos a escasos metros de sus instalaciones. 

Desde hace más de nueve meses, los vecinos de calle O’Brien enfrentamos un problema  grave: dos motores ubicados junto a nuestro muro medianero generan un ruido  persistente, intermitente y profundamente invasivo. No es una molestia menor. Es un  zumbido constante que irrumpe toda la noche, fragmenta el sueño y deteriora la salud y  calidad de vida de quienes vivimos en el edificio. 

Hemos actuado de buena fe. Nos reunimos con representantes de ESO, expusimos la  situación y se comprometieron a realizar un estudio de ruido y solucionar este problema.  A la fecha, sus resultados no han sido informados. Las gestiones posteriores han sido  igualmente frustrantes: respuestas dilatadas, explicaciones vagas y, en la práctica, ninguna  solución concreta. 

Incluso he escalado esta situación a la propia representante de ESO en Chile, la astrónoma  Itziar de Gregorio-Monsalvo, sin que hasta ahora exista una respuesta efectiva que permita  resolver este problema que afecta nuestra vida cotidiana. 

Es legítimo valorar el aporte científico de instituciones como ESO, que sitúan a Chile en la  vanguardia de la astronomía mundial. Pero ese valor no puede construirse a costa del  bienestar de sus vecinos. No puede haber excelencia científica desconectada de la  responsabilidad territorial más básica: respetar el derecho al descanso y a una vida digna. 

Mientras se estudian galaxias lejanas, aquí, sus vecinos, seguimos sin poder dormir. 

Atentamente, 

Rodrigo Medina

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