Astronomía de clase mundial, ruido en el barrio
Señor Director:
Resulta profundamente paradójico que instituciones dedicadas a observar el universo, como el Observatorio Europeo Austral (ESO), que operan parte importante de sus equipos desde la comuna de Vitacura, sean incapaces de mirar, con la misma rigurosidad, a quienes convivimos a escasos metros de sus instalaciones.
Desde hace más de nueve meses, los vecinos de calle O’Brien enfrentamos un problema grave: dos motores ubicados junto a nuestro muro medianero generan un ruido persistente, intermitente y profundamente invasivo. No es una molestia menor. Es un zumbido constante que irrumpe toda la noche, fragmenta el sueño y deteriora la salud y calidad de vida de quienes vivimos en el edificio.
Hemos actuado de buena fe. Nos reunimos con representantes de ESO, expusimos la situación y se comprometieron a realizar un estudio de ruido y solucionar este problema. A la fecha, sus resultados no han sido informados. Las gestiones posteriores han sido igualmente frustrantes: respuestas dilatadas, explicaciones vagas y, en la práctica, ninguna solución concreta.
Incluso he escalado esta situación a la propia representante de ESO en Chile, la astrónoma Itziar de Gregorio-Monsalvo, sin que hasta ahora exista una respuesta efectiva que permita resolver este problema que afecta nuestra vida cotidiana.
Es legítimo valorar el aporte científico de instituciones como ESO, que sitúan a Chile en la vanguardia de la astronomía mundial. Pero ese valor no puede construirse a costa del bienestar de sus vecinos. No puede haber excelencia científica desconectada de la responsabilidad territorial más básica: respetar el derecho al descanso y a una vida digna.
Mientras se estudian galaxias lejanas, aquí, sus vecinos, seguimos sin poder dormir.
Atentamente,
Rodrigo Medina