GAM y el derecho a la cultura en la ciudad
El edificio posee, además, un valor histórico único al resignificar una infraestructura atravesada por distintas etapas políticas del país. La recuperación del inmueble representa, en ese sentido, una relevante operación de resignificación arquitectónica y urbana.
Personalmente, este proyecto tiene un significado especial: participé en su obra gruesa durante el primer gobierno de Michelle Bachelet, tras el incendio del entonces edificio Diego Portales. Ese momento fue una apuesta relevante por fortalecer la infraestructura cultural pública y su acceso ciudadano, visión que tuvo continuidad en los gobiernos posteriores de Sebastián Piñera y Gabriel Boric, consolidando al GAM como un proyecto de Estado y no solo de un gobierno determinado.
Por lo mismo, preocupa la paralización de las obras de su segunda etapa, no solo por detener un avance estratégico para la ciudad, sino también por el alto costo fiscal asociado, superior a los $6.200 millones.
Más allá de las cifras, el fondo es qué tipo de ciudad y de acceso a la cultura queremos construir. El GAM ha demostrado que la infraestructura cultural puede cumplir un rol activo como espacio público, integración urbana y vida colectiva, por lo que su paralización es una señal preocupante respecto al lugar que ocupa la cultura en el proyecto de ciudad y de país.