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Minuta y teorema

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Por: Pierre Romagnoli


Señor Director:

La ciencia considera válida una afirmación solo cuando es consistente y demostrable a partir de supuestos iniciales rigurosos. Una minuta política o una ideología operan bajo una lógica inversa: el objetivo no es descubrir la verdad, sino validar un dogma preestablecido. En este escenario, se dispara primero y se pinta la diana después, distorsionando cualquier argumento o evidencia para forzar la conclusión deseada.

A diferencia de la ciencia, que evoluciona y se corrige a sí misma a medida que genera nuevo conocimiento, la ideología tiende a la inmutabilidad. El peligro radical surge cuando se instrumentaliza la ciencia con fines políticos, vaciándola de su valor esencial. Si bien toda interpretación humana convive con ciertos sesgos, la honestidad intelectual exige un límite infranqueable: la validez del dato científico no es negociable.

Hoy asistimos a una peligrosa degradación del debate público, impulsada por el consumo de información fragmentada y de lectura rápida. Esta cultura de la inmediatez anula el interés por cualquier análisis profundo, alimentando únicamente el sesgo de confirmación de quienes buscan respuestas en un solo párrafo.

Frente a este escenario, la academia debe alzar la voz. Reivindicar la ciencia no es solo defender una disciplina; es exigir la reflexión, la paciencia, el estudio y la honestidad intelectual que nuestra sociedad necesita urgentemente para no perder el rumbo.

Pierre Romagnoli

Decano Facultad de Ciencias Exactas UNAB

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