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Mejor exagerar que ser negligentes

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Por: Alejandro Fernández S.


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Señor Director:

Hace algunos días el Vaticano decidió publicar una nueva encíclica y advertirnos sobre la importancia de que la tecnología esté al servicio de la humanidad, y sirva como vehículo de progreso y desarrollo.

Para quien ha seguido la carrera de la IA, el avance es vertiginoso. Los computadores no solo hablan sino que escriben literatura compleja, programan por sí solos y ahora son capaces de desnudar infraestructura crítica a nivel de software.

En las redes sociales, el contenido generado por IA se está volviendo indistinguible del contenido humano, y en la academia ya no se sabe con certeza quién escribe los papers.

IAs mucho más rudimentarias que las actuales han sido capaces de volvernos adictos a los teléfonos móviles y revolucionar por completo la biología. De a poco vemos como está redefiniendo la matemática al resolver problemas que arrastramos por décadas.

Si aún parece poco, hay que considerar que estamos hablando de la apuesta económica más ambiciosa de la historia humana, y que solo generará el retorno esperado si reemplaza gran parte del trabajo global. La IA general, objetivo explícito de los grandes desarrolladores, es literalmente el reemplazo cognitivo del trabajo humano. Todo sin considerar como la IA coopera en su propio desarrollo y acelera también la robótica y la ciencia en general.

Sería ingenuo desestimar el impacto geopolítico, económico y social que tendrá la IA porque, incluso si desconfiamos de su probable mejora exponencial, solo basta con dimensionar lo que ya está haciendo.

En este escenario me pregunto, ¿tiene algún plan el gobierno? Se habla mucho de recortes, pero ¿hay algún plan serio para afrontar las implicancias que podría tener la IA en el país?

Exagerar no es tan problemático como ser negligente.

Alejandro Fernández S.
Psicólogo clínico y doctorando en filosofía

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