El futuro de la construcción requiere un debate más amplio
Señor Director:
La carta del presidente de la Asociación de Constructores Civiles UC plantea una reflexión necesaria sobre la calidad de la construcción en Chile, un aspecto fundamental para mantener la confianza de la sociedad en la ingeniería y la construcción de nuestras obras. Sin embargo, concluir que la seguridad y calidad de estas dependen de que la carrera de Construcción Civil sea impartida exclusivamente por universidades no encuentra sustento ni en la realidad del ejercicio profesional ni en el sistema de educación superior chileno.
La ética profesional, el compromiso con la seguridad de las personas y la responsabilidad sobre las obras no son patrimonio exclusivo de un tipo de institución. Son principios que deben formar parte de toda formación de calidad y del actuar de cualquier profesional, independientemente del lugar donde obtuvo su título.
También es necesario reconocer que la educación superior ofrece perfiles de egreso diversos, tanto en universidades como en Institutos Profesionales. Existen instituciones con mayor énfasis en el diseño y la gestión de proyectos, mientras otras privilegian la administración, la supervisión y la ejecución de obras. Esa diversidad responde a las múltiples competencias que demanda una industria compleja y constituye una fortaleza, no una debilidad.
Los casos que han desprestigiado a nuestro rubro —aquellos que han afectado la seguridad de las personas, comprometido la calidad de las obras o dado origen a investigaciones por corrupción y conflictos de interés— no han tenido como causa el tipo de institución donde se formaron los profesionales involucrados. Han evidenciado, más bien, faltas a la ética profesional, decisiones individuales cuestionables y debilidades en los sistemas de control y fiscalización.
La prioridad no consiste en limitar qué instituciones pueden impartir una carrera, sino en fortalecer integralmente el aseguramiento de la calidad de las obras. Ello implica mantener procesos formativos de excelencia, pero también reforzar la fiscalización durante todo el ciclo de vida de los proyectos, fortaleciendo las atribuciones y capacidades de revisores, calculistas, inspectores técnicos, Direcciones de Obras Municipales y demás actores responsables del control normativo. El foco debe estar en prevenir y corregir oportunamente las desviaciones durante el diseño y la ejecución de las obras, y no solo al momento de su recepción.
Los Institutos Profesionales forman parte de este esfuerzo, aportando programas estrechamente vinculados con la industria, permanentemente actualizados, con cuerpos docentes de experiencia vigente en el sector y preparados para responder a los cambios tecnológicos, normativos y productivos que exige la construcción moderna.
La construcción chilena enfrenta transformaciones cada vez más profundas: cambio climático, resiliencia frente a desastres, industrialización, transformación digital, productividad, entre otros. Este escenario exige aprovechar las fortalezas de todo el sistema de educación superior y orientar el debate hacia cómo formar mejores profesionales, fortalecer la ética, perfeccionar la fiscalización y robustecer los mecanismos de aseguramiento de la calidad. Por tanto, la pregunta no debería ser qué institución puede impartir una carrera, sino qué sistema necesita Chile para seguir construyendo obras más seguras, confiables y preparadas para el futuro.
Juan Molina Ramírez
Constructor Civil