La inteligencia artificial y el canto de las sirenas
Señor Director:
El éxito de La Odisea ha devuelto a las sirenas de Homero a la conversación. En salud, ese canto adopta otra forma: la respuesta inmediata y convincente de la inteligencia artificial.
Los pacientes ya no le piden solo que traduzca un informe médico: le preguntan si un síntoma es grave o si deben consultar. Frente a la enfermedad, buscan certeza en un sistema que da respuestas, pero nunca responde por ellas.
Las sirenas no eran peligrosas porque mintieran, sino porque quien las oía dejaba de gobernar su nave. Odiseo quiso escucharlas: tapó con cera los oídos de sus remeros y se hizo atar al mástil. No apostó a su fuerza de voluntad: se hizo atar para que el canto no gobernara sus actos.
Hoy escuchamos sin cera, sin amarras y, a ratos, con el timón en manos de quien canta.
La inteligencia artificial goza de un privilegio que no le concederíamos a ningún profesional de la salud: puede inclinar decisiones sin examinar al paciente ni cargar con sus consecuencias. Aconseja el rumbo, pero no naufraga.
Atarse al mástil no es renunciar a ella, sino decidir qué no delegar. Puede ayudar a comprender información, pero no debe sustituir la evaluación ni la orientación de profesionales de la salud que responden por su atención.
Sebastián Zamorano Vidal
Centro de Políticas Públicas en Salud
Universidad Finis Terrae