Reducir la ciencia
Señor director:
Las modificaciones incorporadas en las Bases del Concurso Fondecyt de Posdoctorado 2027 de ANID han definido 10 áreas prioritarias para la investigación, hecho que incide en los criterios de adjudicación de los proyectos. Con ello, se restringe la ciencia a un conjunto delimitado de áreas consideradas como “prioritarias”, excluyendo de facto a múltiples líneas de investigación que no se ajustan a esa definición.
Esta decisión no solo empobrece el horizonte de la investigación científica, sino que instala una jerarquización arbitraria del conocimiento, en la que unas áreas reciben legitimidad y respaldo institucional mientras otras quedan relegadas a una posición secundaria o directamente invisibilizadas. Por ejemplo, el concurso dejó fuera de sus prioridades aquella tradición humanista que permite preguntarse para quién, con qué fines y bajo qué criterios se produce hoy el conocimiento científico, así como enfoques que contribuyen a las ciencias de la salud a comprender los comportamientos humanos en sus dimensiones sociales, culturales e históricas.
Han sido las humanidades y las ciencias sociales, en su diversidad, las que han entregado la orientación ética para debatir sobre el uso de las nuevas tecnologías, y las herramientas para comprender los contextos históricos, de salud y socioculturales que configuran las necesidades humanas. Son las humanidades y las ciencias sociales las que han subrayado la importancia de estudiar las experiencias y perspectivas de los sujetos y comunidades, y las que han enseñado los fundamentos teóricos y metodológicos que permiten reflexionar críticamente sobre significados, alcances e implicancias del progreso científico.
Dejar áreas del conocimiento fuera de las prioridades es un error grave, porque la ciencia no avanza de manera lineal ni exclusivamente desde campos previamente identificados como estratégicos. Muchas de las innovaciones, preguntas relevantes y transformaciones sociales más significativas surgen precisamente de disciplinas y enfoques que hoy podrían parecer no prioritarios. Excluirlas debilita la interdisciplinariedad, limita la capacidad crítica de la investigación y reduce la posibilidad de responder de manera integral a problemas complejos que exigen miradas diversas. En vez de fortalecer el ecosistema científico, esta política lo estrecha, lo segmenta y lo vuelve menos capaz de producir conocimiento verdaderamente relevante para el país.
Además, las modificaciones incorporadas han cerrado el círculo de formación postdoctoral, reduciéndolo a aquellas investigadoras e investigadores que cuentan con residencia definitiva en Chile, lo que profundiza aún más una lógica de exclusión. Como directoras de doctorado, formamos parte de una comunidad académica diversa que aporta a la excelencia de la investigación y a la presencia de nuestro país en el debate internacional; marginar trayectorias, disciplinas y perspectivas no fortalece la ciencia, la debilita.
Alejandra Araya Gutiérrez
Doctora en Nursing Science, University of Illinois
Doctorado en Ciencia de Enfermería, UNAB
María José Correa Gómez
Doctora en Historia, University College London
Doctorado en Humanidades Aplicadas, UNAB