Publicidad

Ceuta y Colchane

Publicidad
Por: Lorenzo Agar Corbinos


El Mostrador Fuente Preferida

Señor director: 

Hace un mes, Europa fue sacudida por el súbito ingreso de alrededor de 70.000 personas desde Marruecos al enclave español de Ceuta, en África. La magnitud exacta puede variar según la fuente; sin embargo, la tragedia humana está a la vista: al menos 82 personas han fallecido en el intento. Aunque la mayoría regresó a Marruecos, miles permanecen todavía en una ciudad de poco más de 80.000 habitantes. La magnitud del episodio ha generado una crisis humanitaria, económica, sanitaria y de seguridad, y ha puesto nuevamente en el centro el problema del control fronterizo.

La frontera europea comienza, paradójicamente, en África. Lo ocurrido en Ceuta muestra la enorme dificultad de controlar una frontera que enfrenta una presión migratoria masiva, protagonizada principalmente por jóvenes, incluidos menores, que buscan un futuro mejor en Europa.

Chile no ha estado ajeno a situaciones semejantes. En 2021, Colchane, pequeña localidad de Tarapacá, fue escenario de uno de los episodios más extremos de ingreso migratorio irregular. Miles de personas, principalmente venezolanas, ingresaron por pasos no habilitados, lo que desbordó la capacidad de una localidad que, en ese año, contaba con unos 1.500 habitantes.

Ambos casos deberían hacernos reflexionar sobre un debate que estuvo presente en la propuesta constitucional rechazada en 2022. Su artículo 61 establecía que toda persona tenía derecho a migrar “desde y hacia Chile”. No obstante, el derecho internacional reconoce el derecho a salir de un país y a regresar al propio, pero no establece una norma general e irrestricta para ingresar y residir en cualquier Estado. Cada país conserva, dentro del marco de sus obligaciones internacionales, la facultad de regular el ingreso a su territorio.

No nos engañemos: cuando los Estados desatienden el control de sus fronteras, las consecuencias sociales y políticas pueden ser profundas. Ceuta y Colchane, aunque distintas en su magnitud y contexto, son señales que España y Chile deberían tomar en serio.

 

Lorenzo Agar Corbinos

Sociólogo, PhD.

Publicidad