Punta Arenas y las Falklands/Malvinas
Señor Director:
La iniciativa del alcalde de Punta Arenas de restablecer una conexión marítima con las islas Falklands/Malvinas merece ser considerada con pragmatismo y atendiendo a los intereses de Magallanes.
Chile ha respaldado políticamente la posición argentina en la controversia de soberanía. Pero ese respaldo diplomático no equivale a una obligación jurídica de aislar comercialmente a las islas ni de impedir que Punta Arenas mantenga vínculos logísticos con ellas.
La Resolución 31/49 de la Asamblea General de Naciones Unidas exhorta a las dos partes de la controversia —Argentina y el Reino Unido— a abstenerse de introducir modificaciones unilaterales mientras se procura una solución negociada. No establece para Chile un deber de bloqueo comercial o marítimo. Del mismo modo, la Declaración del Mercosur de Potrero de los Funes, de 1996, y la Declaración Especial de los Presidentes de los Estados Partes del Mercosur y Estados Asociados sobre la Cuestión de las Islas Malvinas, de 2026, suscritas o respaldadas por nuestro país, reiteran el apoyo a los derechos argentinos y a una solución pacífica, pero tampoco obligan a Chile a cerrar sus puertos o impedir conexiones con las islas.
Por el contrario, el Tratado de Paz y Amistad de 1984 reafirma la libre navegación por el Estrecho de Magallanes y establece un marco de cooperación e integración en la zona austral.
Respaldar diplomáticamente a Argentina en su reclamación de soberanía es perfectamente compatible con que Chile ejerza sus propios derechos y atienda los intereses económicos y estratégicos de Magallanes.
Este es, precisamente, el momento en que todo Chile debe apoyar a Magallanes. Su importancia excede con mucho el ámbito regional: su posición sobre el Estrecho, su acceso al Atlántico Sur y su condición de plataforma natural hacia la Antártica le confieren una relevancia geoestratégica y política fundamental para Chile. Fortalecer la conectividad y el protagonismo de Punta Arenas significa también fortalecer la presencia, los intereses y la proyección de nuestro país en uno de los espacios de mayor importancia estratégica del extremo austral.
Punta Arenas no tiene por qué renunciar a su histórica vocación de puerto y puerta de entrada al Atlántico Sur. Por el contrario, Chile debiera fortalecerla.
Gabriel Alemparte Mery
Francisco Orrego Bauzá
Abogados