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Connelly y Connolly: dos policiales frente a frente CULTURA|OPINIÓN Crédito: Universidad de Granada

Connelly y Connolly: dos policiales frente a frente

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Agustín Squella
Por : Agustín Squella Filósofo, abogado y Premio Nacional de Ciencias Sociales. Ex miembro de la Convención Constituyente.
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En el curso de esta semana tendremos en Santiago a John Connolly. El personaje central y repetido de sus obras se llama Charlie Parker. Siempre está en problemas que trata de entender y resolver, y en su carácter hay algún grado importante de desconcierto, impaciencia y malestar.


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Un autor de novelas lleva a otro, se datean entre sí y, en general, aquellos que uno celebra no se equivocan cuando aparecen recomendando a otro que venimos descubriendo recién. Así, por ejemplo, Graham Greene me hizo pasar a Evelyn Waugh, a “Decadencia y caída” y a otras obras del segundo de los nombrados.

En ocasiones la conexión entre un autor y otro de similar o superior jerarquía se hace por azar, o por mera casualidad, y a menudo ocurre también que si buscas un libro de un autor que te gusta te topas simplemente con otro, y esto no por indicación expresa de alguno de ellos, sino por encontrarlos en una misma librería. Haber pasado hace varios años de Michael Connelly a John Connolly solo por ese casi alcance de apellidos, puede ser ya como mucho, pero así no más fue lo que me ocurrió con ellos.

Michael es norteamericano y John irlandés, y la lectura de ambos me gustó y sigue gustando mucho. Cuando un autor lleva a otro no es que desechemos al primero para quedarnos con el segundo. Lo que pasa es que se suman, si bien tratándose de John Connolly y la lectura de sus novelas se transformó para mí en una especie de culto: fui sencillamente una tras otra a medida que iban apareciendo.

Expresándome otra vez en términos generales, Michael y John son autores de policiales, aunque este género es más complejo que el de las novelas de detectives. En estas últimas, como es frecuentemente el caso de P.D. James, también británica, un elegante detective es capaz de sumar pistas de un crimen y de pronto resolver el enigma mientras está sentado cómodamente bebiendo whisky, sin agitarse mayormente. Sé que con esa descripción no hago plena justicia a la espléndida autora inglesa, ni tampoco a su jefe de policía, Dalgliesh, ni menos al entrañable libro de memorias que ella escribió. Hay también la novela negra, el thriller, amén de otros subgéneros que en realidad son cada uno de ellos otros tantos géneros.

Disfruto ese tipo de literatura. Me entretiene. Me divierte. Y me hace tener una percepción muy lograda de los ambientes policiales y del mundo del crimen. Un ambiente a menudo algo sórdido, pero que me producen una gran atracción. No podría ser detective ni tampoco, creo, un delincuente, pero esos ambientes pueden llegar a cautivarme sin tener el más mínimo gusto y nunca la intención de vivirlos por mí mismo.

En la adolescencia partí con novelitas policiales más bien débiles y llegué luego a los dos grades que fueron los norteamericanos Raymond Chandler y Dashiel Hammett. Nada muy novedoso, como se ve, aunque siempre estoy echando un vistazo en las librerías en que se encuentra el estante donde se lee “Policiales”. Allí se confunden los géneros y subgéneros antes aludidos.

También pongo atención a los datos de los propios libreros y, desde luego, a los críticos literarios, especialmente en tiempos que, como los actuales, los o las “policiales” se han ido diferenciando incluso por países, zonas o regiones del planeta. Sin embargo, antes de hacer alguna compra tengo que leer atentamente la primera página del libro que recién he tomado en las manos, a fin de comprobar si lo que estoy leyendo pasa o no la prueba.

Una novela, de cualquier género, subgénero o híbrida, tiene que estar ante todo bien escrita. Una buena prosa, desde el inicio, es lo primero que busco y, si tengo suerte, ya en la segunda página estoy atrapado. No es solo el argumento, la historia, ni tampoco los personajes que viven en una novela, sino también el tono y la atmósfera dominantes.

En el curso de esta semana tendremos en Santiago a John Connolly. Se hará presente en la Universidad Diego Portales y en la Católica de Chile, y, en el más reciente número de Artes y Letras de El Mercurio, Roberto Careaga hizo un muy buen reportaje sobre la VI versión de Santiago Negro y el escritor irlandés avecindado en Estados Unidos, formulando también algunas preguntas al autor.

Las respuestas que recibió, breves y esclarecedoras, me hicieron pensar en la especificidad de lo que comúnmente se llaman “novelas policiales” y de cada uno de los géneros y subgéneros que se cuentan en dicha categoría. Lo que John Connolly escribe y publica –dijo él- son de novelas “góticas”, o sea, enrevesadas, o cuando menos abigarradas., con calados asimétricos parecidos a las llamas, tan seductoras como inexplicables, con momentos de terror incluso, un terror que no se sabe bien de donde viene ni en qué consiste realmente, un terror que puede llegar a ser muy oscuro y casi sobrenatural

El personaje central y repetido de las obras de John Connolly se llama Charlie Parker. Siempre está en problemas que trata de entender y resolver, y en su carácter hay algún grado importante de desconcierto, impaciencia y malestar.

Insto a que conozcan a ese personaje.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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