Publicidad

¿Años dorados?

Publicidad
Por: Alejandra Ríos Urzúa


El Mostrador Fuente Preferida

Señor director: 

El incendio del hogar El Edén de Pitrufquén, que dejó 16 víctimas fatales, no puede entenderse únicamente como una tragedia debido a falta de autorización, fiscalización o condiciones precarias de seguridad. Nos obliga a mirar una realidad ignorada y desatendida durante demasiado tiempo: la soledad y el abandono que enfrentan muchas personas mayores.
Que la demografía ha sufrido cambios dramáticos, es innegable. Chile envejece aceleradamente; hoy, una de cada cinco personas tiene 60 años o más y, en menos de 25 años, será una de cada tres. A pesar de ello, seguimos organizando la sociedad en silos etarios, siendo las personas de manera individual-o en su defecto sus familias- quienes lidian con las externalidades del envejecimiento. La respuesta suele ser la segregación de las personas mayores, separándolas de la comunidad precisamente cuando más necesitan vínculos, protección y pertenencia. La consecuencia: redes debilitadas y cuidados difíciles de sostener.
Cierto es que los espacios orientados al cuidado pueden ser una solución, pero necesariamente deben estar regidos por una fiscalización rigurosa, contar con profesionales preparados y cumplir estrictamente las exigencias. Ahora bien, como sociedad debemos avanzar hacia soluciones que no descansen únicamente en la institucionalización. Pensar en viviendas colaborativas, centros comunitarios y otros espacios intergeneracionales, pueden favorecer la convivencia entre jóvenes y personas mayores, permitiendo el intercambio de experiencias, conocimientos y apoyo cotidiano.
El cuidado entre generaciones es bidireccional. Las personas mayores aportan saberes, memoria, experiencia, criterio y sentido de pertenencia; las generaciones más jóvenes pueden entregar apoyo frente a nuevas tecnologías, compañía y conexión con la comunidad. Todos tenemos algo que aprender y algo que aportar. Todos necesitamos cuidar y ser cuidados en distintos momentos de la vida.
Llegar a una edad de menor productividad no puede implicar la pérdida de valor social. Segregar a quienes envejecen debilita el futuro de la sociedad. La tragedia de Pitrufquén plantea un llamado que debe responderse con sentido de urgencia para que las personas mayores dejen de contar años y logren que cada año cuente.
Alejandra Ríos Urzúa
Directora Observatorio para la Inclusión U. Andrés Bello
Publicidad