Ocurrencias imperiales
Señor director:
La probabilidad se resuelve cuando ocurre la ocurrencia. Hay ocurrencias que son imperiales. Cada día aparece una nueva. Puestos a pensar sobre la probabilidad de la ocurrencia, hubo que recordar que no hemos sido los primeros en hacerlo. Hablando de un imperio, lo hizo Paul Kennedy por allá por fines de los años 1980. Para él la ocurrencia se producía cuando se estiraba mucho la probabilidad; o se estiraba mucho el Imperio, da lo mismo; ambos términos son intercambiables. También lo pensó más recientemente Emmanuel Todd, recién en 2024. Discurrió sobre cuanta fuerza tiene la economía interna de ese imperio; y cuán cohesionado es, en términos de la salud de sus bebés y la confianza en sus instituciones, como para que él sea derrotado: músculo y pegamento. Lo elegante de Paul y Emmanuel es que permiten mostrar el caso como una ecuación muy sencilla, al estilo de Ockham, que la llamaremos el Índice de Colapso Imperial (ICi). Y que se expresa más o menos que así:
Expliquémosla, entonces. Todo lo que el Imperio gasta en su estiramiento hacia fuera para verse poderoso, en la forma de guerras y chapuzas, es el peso E que carga la estructura. Véase lo bello de la ecuación, con un obeso que aplasta la base, a los bebés (B), a las instituciones (C). Si el estiramiento va muy lejos (E sube), mientras sus músculos se cansan (B baja), y su sociedad se agrieta, (C baja). Es decir, al dividir entre un número cercano a cero, el índice de colapso
imperial (ICi) se dispara al infinito. Esto se traduce en la desaparición o desintegración repentina del Imperio, por accidente. El obeso, por probabilidad, cae por ocurrencia sobre su base. En esos casos, la prudencia del sentido común aconseja no estar cerca, ni menos debajo, porque son ocurrencias imperiales.
Carlos Hernández Salas