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¿Quién escucha a los niños cuando hablamos de salud mental?

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Por: María Cecilia Besser


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Señor Director:

La salud mental de niños, niñas y adolescentes suele ocupar un lugar en la discusión pública cuando aparecen cifras preocupantes o situaciones que evidencian su sufrimiento. Sin embargo, más allá de las alertas y los diagnósticos, hay una pregunta que seguimos sin responder suficientemente: ¿estamos realmente escuchándolos o continuamos hablando y decidiendo por ellos?

Con frecuencia, el malestar infantil y adolescente se aborda cuando ya se manifiesta en ansiedad, tristeza, irritabilidad, dificultades escolares, aislamiento o problemas de conducta. Entonces, la atención se centra en el niño o adolescente que “tiene el problema”, como si su sufrimiento pudiera comprenderse de manera aislada, sin considerar las relaciones y los contextos en los que vive.

La familia, la escuela, los espacios digitales, el barrio y las condiciones sociales influyen directamente en su bienestar. Por eso, cuidar su salud mental no puede limitarse a ofrecer atención psicológica cuando el malestar ya está presente. También exige construir entornos seguros, fortalecer vínculos significativos y promover espacios donde niños, niñas y adolescentes se sientan reconocidos, protegidos y escuchados.

En este desafío, tenemos una tarea pendiente: pasar de hablar sobre la infancia a dialogar con ella. No basta con preguntarles qué les ocurre si sus opiniones no son consideradas en las decisiones que afectan sus vidas. Escucharlos genuinamente implica reconocerlos como sujetos de derechos, capaces de expresar sus necesidades, preocupaciones y propuestas, de acuerdo con su edad y desarrollo.

El Día Mundial de la Salud Mental, conmemorado el pasado 10 de octubre, nos recordó la importancia de abordar estos desafíos. Sin embargo, la salud mental infantil y adolescente no debiera ser una preocupación que resurja solo ante una crisis o una fecha conmemorativa. Debe ser una responsabilidad cotidiana y compartida. Porque la pregunta no es solamente cuántos niños, niñas y adolescentes están sufriendo, sino qué estamos haciendo como sociedad para que tengan menos razones para hacerlo.

María Cecilia Besser,

directora de la Clínica Psicológica UDP y coordinadora nacional de la Red de Universidades por la Infancia (RUPI).

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