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Agenda Pro Pyme: que nadie se queda atrás

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Por:  Karina Gómez


Señor director: 

Hace poco coincidieron dos fechas que tienen más en común de lo que pensamos: la Semana de la Pyme y el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza. Porque cuando hablamos de emprendimiento solemos pensar en innovación, crecimiento y generación de empleo. Sin embargo, para miles de personas que enfrentan condiciones de vulnerabilidad, emprender no es necesariamente una elección ni una oportunidad de negocio. En un contexto de bajo crecimiento y dificultades de acceso al empleo, el autoempleo se convierte muchas veces en la única alternativa para generar ingresos y sostener a sus familias.

La última EME muestra que casi la mitad de quienes emprenden lo hacen por necesidad, cifra que alcanza el 60,8% entre las mujeres. La mediana de ganancias mensuales alcanza apenas los $400.000 y el 54,2% desarrolla su actividad en la informalidad. Detrás de esta última cifra hay una realidad que no podemos desconocer: muchas veces la informalidad no es una elección, sino una expresión más de vulnerabilidad. Son negocios de subsistencia que todavía no generan ingresos suficientes para asumir las exigencias de la formalidad, lo que también limita sus posibilidades de acceder a protección social, financiamiento y nuevas oportunidades de desarrollo. Así también muestran una alta fragilidad: una enfermedad, una caída en las ventas, el aumento de los costos o una emergencia familiar pueden comprometer la economía completa del hogar.

En un contexto de incertidumbre económica, todos debemos ponernos las pilas para contribuir a que estas actividades sean más estables y menos vulnerables. En esa línea, los anuncios del Gobierno en el marco de la Agenda Pro Pyme, orientados a simplificar la formalización, reducir barreras administrativas y facilitar el crecimiento de las empresas de menor tamaño, abren una oportunidad importante que esperamos avancen con la incorporación de las realidades de quienes emprenden desde la subsistencia.

Apoyar estos emprendimientos no reemplaza la creación de empleos formales ni resuelve por sí solo los problemas del mercado laboral. Tampoco basta con celebrar que las personas encuentren maneras de generar ingresos, también debemos asegurarnos de que puedan hacerlo con mayor estabilidad, dignidad y posibilidades de progreso. Porque cuando emprender es una elección, puede ser una oportunidad. Cuando surge de la necesidad, debe contar con apoyo suficiente para no convertirse en una nueva forma de precariedad. Para ello, necesitamos que las políticas de fomento productivo, inclusión financiera y cuidados avancen de manera complementaria, reconociendo las distintas realidades de quienes emprenden.

 Karina Gómez,

gerente general de Fondo Esperanza

 

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